jueves, 13 de septiembre de 2012

Pruebas del pasado, ¿Cuándo las habremos pagado o reparado? y ¿Cuándo se detiene el sufrimiento?


Estamos más cerca de reparar nuestras faltas más rápido de lo que habíamos imaginado, descubre la respuesta en este artículo.

        Venimos al Espiritísmo sin saber que los sufrimientos que tenemos son consecuencias de nuestro mal comportamiento de nuestro pasado, ya sea esta encarnación o de encarnaciones anteriores a esta. ¿Pero como es posible eso, que es la reencarnación? Estas interrogantes son muy comunes en todos los que no conocen el mundo espiritual y sorprenden a los que son religiosos que tienen un velo que ha sido puesto a propósito, con el fin de que no miren la vida futura como la presenta el Espiritísmo.

        Pues si partimos del hecho que nuestras Almas son Inmortales, por lógica no podemos descartar la Reencarnación como instrumentos a mejorar las Almas Desencarnadas que están manchadas por nuestros errores del pasado.  Si nuestra vida es una sin consideración al Bien que debemos tener con nuestros semejantes, estaremos en cada existencia acumulando Faltas, Culpas, Efectos (Karmas) como algunos le llaman. Esas faltas cometidas ante el Mundo Espiritual, deben ser reparadas, o limpiadas o expiadas, significa lo mismo. Y ¿donde ocurre ese proceso?, sino es en el mundo físico en que vivimos, pues así lo determinó Dios Todopoderoso. La Expiación tiene lugar en el el mundo fisico. Es aquí donde se reparan los efectos (Karma) de nuestras Faltas cometidas, o en esta existencia o existencias previas.
998. La expiación ¿se cumple en el estado corporal, o en el de Espíritu?
- Se cumple durante la existencia corpórea por medio de las pruebas a que se ha sometido el Espíritu, y en la vida espiritual, por los padecimientos morales propios de su estado de inferioridad.
        Este articulo de reflexión, explica estos conceptos desde una Perspectiva de la Filosofía Espírita o El Espiritísmo.  Te invito a ver el vídeo complementario que incluyo, es más de una hora de duración, y debes saber que es la mejor manera que tengo para desarrollar un tema tan importante, que como consecuencia modificará tu comportamiento hacia el Bien Común o Moral y que ha de economizarte cientos de años, sino miles de años a tu proceso de adelantamiento espiritual.  Por lo tanto es indispensable saber cómo son las reglas espirituales, pues entendiéndolas podemos entender y contribuir voluntariamente a mejorar nuestro comportamiento Moral.



        ¿Cuánto han de durar esas penas o sufrimientos? es la base de esta reflexión.   Si al llegar a esta reflexión, aun tienes dudas de cuáles son los propósitos de la Reencarnación de acuerdo a lo expresado por los Espíritus Superiores y Puros de la Codificación Espírita, es menester entonces que limes esas asperezas entendiendo que la reencarnación tiene el propósito de mejorar el espíritu, mediante un comportamiento moral y para dar oportunidad a limpiar, reparar o reparar culpas, faltas o karmas. Si esto está bien definido y no ocasiona ningún conflicto en tu mente, pues entonces estás preparado a entender esta enseñanza sobre la reparación de Culpas o faltas y entender cuanto han de durar y cuando sabremos que vamos transitando por la carretera correcta.

        Este estudio está sustentado por el Libro de Los Espíritus en su gran mayoría de los argumentos.

CAPÍTULO II PENAS Y GOCES FUTUROS
El Libro de Los Espíritus

I.- La nada.- La vida futura

958. ¿Por qué tiene el hombre, instintivamente, horror a la nada?

- Porque la nada no existe.

959. ¿De dónde le viene al ser humano el sentimiento instintivo de la vida futura?

- Ya lo hemos dicho: antes de haber encarnado conocía el Espíritu todas esas cosas, y el alma guarda un vago recuerdo de lo que sabe y de lo que ha visto en el estado espiritual. (Ver párrafo 393).

393. ¿Cómo puede el hombre ser responsable de actos y rescatar faltas que no recuerda? ¿De qué manera podrá aprovechar la experiencia que adquirió en vidas que han caído para él en el olvido? Se concebirá que las tribulaciones de la existencia fueran una lección para é si se acordara de las causas que han podido acarrearlas. Pero, puesto que no tienen memoria de ello, cada existencia es para él como si fuese la primera, y así está siempre comenzando… ¿Cómo conciliar esto con la justicia de Dios?

- En cada nueva vida el hombre tiene más inteligencia y puede distinguir mejor el bien del mal. ¿Dónde estaría su mérito si se acordara de todo el pasado? Cuando el Espíritu retorna a su existencia primitiva (la espírita), toda su pasada vida se desarrolla ante él. Ve las faltas en que incurrió y que son causas de su sufrimiento, y ve también lo que hubiera podido impedir que las cometiera. Comprende que la situación en que se halla es justa, y busca entonces una existencia capaz de reparar los errores de aquella que acaba de transcurrir para él. Busca pruebas análogas a las que pasó antes, o las luchas que considere adecuadas para su adelanto, y pide a los Espíritus superiores a él que le ayuden en esa nueva tarea que emprende, porque sabe que el Espíritu que le será asignado por guía en esa nueva encarnación tratará de hacerle reparar sus culpas dándole una especie de intuición de las que cometió. Esa misma intuición obra con frecuencia cuando os asalta un pensamiento, un deseo criminal al que os resistís por instinto, atribuyendo casi siempre vuestra resistencia a los principios que habéis recibido de vuestros progenitores, cuando en realidad es la voz de la conciencia la que os habla, y esa voz es el recuerdo del pasado, que os advierte que no volváis a caer en las faltas en que habéis ya incurrido. El Espíritu que ha ingresado a esa nueva existencia, si sufre tales pruebas con valor y las resiste, se eleva y asciende en la jerarquía de los Espíritus, cuando vuelve a estar entre ellos.

Si no tenemos durante la vida corporal un recuerdo preciso de lo que hemos sido y de lo que hicimos de bueno o de malo en nuestras anteriores existencias, tenemos, sí, la intuición de ello, y nuestras tendencias instintivas son una reminiscencia del pasado, a las cuales la conciencia, que es el deseo que hemos concebido de no cometer más las mismas faltas, nos incita a resistir.

¿No hay acaso, en el olvido de esas existencias anteriores, sobre todo cuando han sido penosas, algo de providencial, en lo que se revela la sabiduría divina? En los mundos superiores, cuando el recuerdo de las existencias desdichadas sólo constituye un mal sueño, se presentan ellas a la memoria. En cambio, en los mundos inferiores, ¿las desventuras actuales no se verían agravadas por el recuerdo, en todos aquellos que pudieron haberlas soportado? Concluyamos, pues, que cuanto Dios hizo bien hecho está y que no nos compete criticar sus obras y manifestar cómo hubiera debido Él organizar el Universo. El recuerdo de nuestras individualidades anteriores tendría muy serios inconvenientes. En ciertos casos, podría humillarnos de una manera extraordinaria. En otros, exaltar nuestro orgullo y por eso mismo trabar nuestro libre albedrío. Dios nos ha dado, para que mejoremos, justamente lo que nos es necesario y puede bastarnos: la voz de la conciencia y nuestras tendencias instintivas. Y nos quita lo que pudiera dañarnos. Agreguemos, incluso, que si tuviéramos el recuerdo de nuestros actos personales anteriores, poseeríamos igualmente el de las acciones de los demás, y este conocimiento podría acarrear los más enojosos efectos sobre las relaciones sociales. Puesto que no podremos siempre vanagloriarnos de nuestro pasado, con frecuencia es muy conveniente que se haya echado un velo sobre él. Esto concuerda perfectamente con la doctrina de los Espíritus sobre los mundos que son superiores al nuestro. En tales mundos, donde sólo reina el bien, el recuerdo del pasado no reviste nada de penoso. He ahí por qué se acuerdan los moradores de su existencia precedente, así como nosotros rememoramos lo que hemos hecho la víspera. En cuanto a los períodos en que hayamos podido permanecer en los mundos inferiores, su recuerdo sólo constituye un mal sueño, como hemos dicho ya.

En todos los tiempos se ha preocupado el hombre por el porvenir que le aguarda más allá de la tumba, y esto es muy natural. Por mucha importancia que conceda a la vida presente no puede impedirse considerar cuán breve es ésta, y sobre todo cuán precaria, ya que en cualquier instante puede verse tronchada, y el hombre nunca está seguro del día de mañana. ¿Qué le sucede después del fatal momento de la muerte? Seria es la pregunta, pues no implica unos pocos años, sino la eternidad. Aquel que deba pasar largos años en un país extranjero se preocupa por la situación en que allí se encontrará. ¿Cómo, entonces, no preocuparnos de la situación en que estaremos al dejar este mundo, puesto que creemos que lo abandonaremos para siempre?  La idea de la nada tiene algo que repugna a la razón. El hombre que durante su vida ha sido el más despreocupado, cuando llega el instante supremo se pregunta qué será de él, involuntariamente concibe una esperanza.  Creer en Dios sin admitir la vida futura constituiría un contrasentido. El sentimiento de una existencia mejor está en el fuero íntimo de todo hombre. Dios no ha podido implantarlo en vano ahí.  La vida futura implica la conservación de nuestra indivi-dualidad después de la muerte En efecto, ¿qué nos importaría sobrevivir al cuerpo, si nuestra esencia moral debiera perderse en el océano de lo infinito? Para nosotros, las consecuencias de ello equivaldrían a las de la nada.

II.- Intuición de las penas y goces futuros

962. ¿Por qué existen incrédulos, ya que el alma da al hombre el sentimiento de las cosas espirituales?

- Hay menos de los que se piensa. Muchos presumen de descreídos durante su vida por orgullo, pero en el momento de morir dejan de ser tan fanfarrones.

La consecuencia de la vida futura es la resultante de la responsabilidad de nuestros actos. La razón y la justicia nos dicen que en el reparto de la felicidad, a que todo hombre aspira, los buenos y los malos no podrían hallarse mezclados. Dios no puede querer que algunos disfruten sin trabajo de bienes que otros alcanzan sólo a costa de esfuerzos y de perseverancia.

La idea de que Dios nos da su justicia y bondad mediante la sabiduría de sus leyes no nos permite creer que el justo y el ruin sean de igual categoría a los ojos de Él, ni dudar de que no reciban un día, aquél la recompensa, éste el castigo, por el bien y el mal que haya cada cual realizado. De ahí, pues, que el innato sentimiento que tenemos de la justicia nos dé la intuición de las penas y recompensas futuras.


 III.- Intervención de Dios en las penas y recompensas

963. ¿Se ocupa Dios personalmente de cada hombre? ¿No es Él demasiado grande, y demasiado pequeños nosotros, para que cada individuo en particular tenga alguna importancia a sus ojos?

- Dios se ocupa de todos los seres que ha creado, por muy pequeños que ellos sean. Nada es demasiado poco para su bondad.

964. ¿Tiene Dios necesidad de ocuparse de cada uno de nuestros actos, para premiarnos o castigarnos? ¿Acaso la mayor parte de tales actos no son insignificantes para Él?

- Dios posee sus leyes, que rigen todas vuestras acciones. Si las violáis, vuestra es la culpa. A no dudarlo, cuando un hombre comete un exceso Dios no pronuncia un juicio contra él para decirle, por ejemplo: “Has sido glotón y voy a castigarte”. Pero Él ha trazado un límite. Las enfermedades, y muchas veces la misma muerte, son consecuencias de los excesos cometidos. He aquí la punición. Constituye el resultado de haber infringido la ley. Así sucede en todo.

Todas nuestras acciones se hallan sometidas a las leyes de Dios. Ninguna hay, por insignificante que nos parezca, que no pueda ser una violación de tales leyes. Si sufrimos las secuelas de dicha violación, sólo a nosotros mismos debemos achacarlo, que así nos convertimos en los artesanos de nuestra dicha o de nuestra desgracia venideras.
Esta verdad se torna palpable en el siguiente apólogo:

Un padre ha dado a su hijo educación e instrucción. Vale decir, los medios para saber conducirse. Le cede un campo para cultivar y le expresa: “Esta es la normal que has de seguir, y estas las herramientas precisas para lograr que la tierra sea fértil y asegures así tu subsistencia. Te di instrucción para que comprendieses esa norma. Si la obedeces, el campo te rendirá mucho, proporcionándote descanso en tu vejez. Si no lo haces, la tierra nada producirá y morirás de inanición”. Dicho lo cual, el padre deja al hijo que obre como mejor le parezca.

¿No es cierto que ese campo rendirá en virtud de los cuidados que se concedan a los cultivos, y que toda negligencia irá en detrimento de la cosecha? El hijo, pues, será en su ancianidad dichoso o desgraciado, conforme haya seguido o descuidado la norma que su padre le trazó. Por su parte, Dios es aún más previsor, por cuanto nos advierte a cada instante si estamos haciendo bien o mal. Nos envía a los Espíritus para que nos inspiren, pero no los escuchamos. Hay, además, la diferencia de que Dios otorga siempre al hombre un recurso, en sus nuevas existencias, para que repare sus pasados errores, en tanto que el hijo a que hacemos referencia no lo tendrá, si emplea mal su tiempo.

IV.- Naturaleza de las penas y goces futuros

978. El recuerdo de las faltas que el alma ha podido cometer cuando era aún imperfecta, ¿no perturba su felicidad, incluso después que se ha depurado?

- No, por cuanto ha rescatado sus culpas y salió triunfante de las pruebas a que se había sometido con ese fin.

979. Las pruebas que le resta sufrir para completar la purificación ¿no causan al alma una aprensión penosa que perturba su dicha?

- Para el alma que está todavía mancillada, sí. Por eso no podrá gozar de una felicidad perfecta sino cuando sea del todo pura. Pero, para aquella otra que ya se ha elevado, el pensamiento de las pruebas que le quedan por pasar no tiene nada de afligente. El alma que alcanzó cierto grado de pureza goza ya de la dicha. Un sentimiento de dulce satisfacción la embarga. Es feliz con todo lo que ve y con cuanto la rodea. Ante ella se alza el velo sobre los misterios y las maravillas de la Creación, y las divinas perfecciones se le aparecen en todo su esplendor.

165. El conocimiento del Espiritísmo ¿ejerce influencia sobre la duración más o menos prolongada de la turbación?

- Una influencia muy grande, por cuanto el Espíritu comprende de antemano su situación. Pero, lo que más influye es la práctica del bien y la conciencia pura.

799. ¿Cómo puede el Espiritismo contribuir al progreso?

- Destruyendo al materialismo, que es una de las plagas de la sociedad, hace él comprender a los hombres dónde está su verdadero interés. No estando ya la vida futura velada por la duda, el hombre comprenderá mejor que puede asegurarse el porvenir mediante su presente. Al destruir los prejuicios de sectas, castas y colores, enseña a los hombres la gran solidaridad que debe unirlos como hermanos.                                  


V.- Penas temporales

983. El Espíritu que expía sus faltas en una nueva existencia ¿no experimenta sufrimientos materiales? En tal caso ¿es exacto decir que después de la muerte el alma sólo tiene padecimientos morales?

- Bien es verdad que cuando el alma ha reencarnado las adversidades de la vida constituyen para ella un sufrimiento. Pero sólo el cuerpo padece en forma material. A menudo decís, del que ha muerto, que ya no ha de sufrir más, y esto no siempre es cierto. En cuanto Espíritu, no experimenta dolores físicos; pero, según las faltas que haya cometido, puede que tenga dolores morales más amargos, y acaso en otra nueva existencia sea aún más infortunado. El que fue un mal rico pedirá entonces limosna y deberá arrostrar todas las privaciones que la miseria trae consigo, así como el que ha sido orgulloso habrá de sufrir todas las humillaciones. El que abusó de la autoridad que tenía y trataba a sus subordinados con menosprecio y dureza, se verá forzado a obedecer a un amo más duro de lo que él mismo fue. Todas las penalidades y tribulaciones de la vida son la expiación de las culpas cometidas en una existencia anterior, cuando no constituyen las consecuencias de las faltas en que se ha incurrido en la vida actual. Cuando hayáis salido de aquí lo comprenderéis. (Ver parágrafos 273, 393 y 399).

273. Un hombre que pertenezca a una raza civilizada ¿podría, por expiación, reencarnar entre salvajes?

- Sí, pero depende del género de expiación. Un amo que haya sido duro con sus esclavos podrá convertirse a su vez en esclavo y sufrir los malos tratos que haya infligido. El que daba órdenes en una época puede, en nueva existencia, obedecer a aquellos mismos que se humillaban ante su voluntad. Se trata de una expiación si abusó de su poder, y Dios puede imponérsela. Por otra parte, un Espíritu bueno podrá también escoger una existencia en la que influya sobre esos pueblos y los haga adelantar, en cuyo caso es una misión.


393. Vea esta pregunta más arriba en este articulo.

399. Visto que las vicisitudes de la vida corpórea son a la vez una expiación de pasadas faltas y también pruebas relativas a su porvenir, ¿se sigue de ello que de la índole de tales vicisitudes se pueda inducir el género de la existencia anterior?

- Muy a menudo, puesto que cada cual es castigado por donde pecó. No obstante, no habría que considerar esto como una regla absoluta. Las tendencias instintivas son un indicio más seguro, porque las pruebas que el Espíritu sufre tanto pueden guardar relación con su porvenir como con su pasado.

Llegado al término que la Providencia ha señalado para vida errante, el mismo Espíritu elige las pruebas a las cuales desea someterse a fin de apresurar su adelanto, esto es, el tipo de existencia que cree más adecuado para proveerle los medios para ello. Y tales pruebas están siempre en relación con las faltas que debe expiar. Si las supera, se eleva. Si cae vencido por ellas, tiene que comenzar una vez más.  El Espíritu goza siempre de su libre arbitrio. En virtud de esa libertad escoge, en el estado de Espíritu, las pruebas de la vida corporal, y en el estado de encarnación delibera qué hará o qué no hará, y opta entre el bien y el mal. Negar al hombre el libre albedrío, sería rebajarlo a la categoría de máquina.

Una vez reintegrado a la vida corpórea, el Espíritu pierde en forma temporaria el recuerdo de sus existencias anteriores, como si un velo se las ocultara. Con todo, a veces tiene de ellas una vaga conciencia, y en ciertas circunstancias incluso pueden serle reveladas. Pero en tales casos ello sucede por voluntad de los Espíritus superiores, que lo hacen en forma espontánea, con una finalidad útil, y nunca para satisfacer una vana curiosidad.
En lo que toca a las vidas futuras, en ningún caso pueden ser reveladas, en razón que depende de la manera como se cumple la existencia presente y de la ulterior elección del Espíritu.

El olvido de las faltas cometidas no es un obstáculo para el mejoramiento del Espíritu, porque si no guarda de ellas un recuerdo preciso, el conocimiento que de las mismas tenía cuando se encontraba en erraticidad, y el deseo que ha concebido de repararlas, lo guían por intuición y le dan el pensamiento de resistir al mal. Ese pensamiento es la voz de la conciencia, en la cual es secundado por los Espíritus, que lo asisten si escucha las buenas inspiraciones que le sugieren.
Si bien el hombre desconoce los actos específicos que cometió en sus vidas anteriores, puede en cambio saber siempre por qué clase de faltas se ha hecho culpable y cuál era entonces su carácter dominante. Le basta estudiarse a sí mismo y por allí puede deducir lo que ha sido, no por lo que es ahora, sino por las tendencias que en la actualidad manifiesta.
         
Las adversidades de la vida corpórea son a la vez una expiación por pasadas faltas y también pruebas que preparan el futuro. Nos depuran y elevan, según las toleremos con resignación y sin murmurar.

La índole de las vicisitudes y pruebas que soportamos puede también instruirnos acerca de lo que hemos sido y sobre lo que hicimos, así como en la Tierra juzgamos los actos de un culpable por la pena que la ley le inflige. Así pues, uno será castigado en su orgullo mediante la humillación que para él significa una existencia subalterna; el mal rico y el avaro, por la miseria; el que sido duro para con los demás, mediante los rigores que deberá sufrir; el tirano, por la esclavitud; el mal hijo, por la ingratitud de sus propios descendientes; el perezoso, por un trabajo forzado, y así sucesivamente.

984. Las vicisitudes de la vida ¿son siempre la punición de las culpas actuales?

- No. Lo hemos dicho ya: se trata de pruebas impuestas por Dios129 o elegidas por vosotros mismos cuando os hallabais en estado de Espíritu, antes de vuestra reencarnación, con el objetivo de reparar las faltas cometidas en una existencia precedente. Porque jamás queda impune una infracción a las leyes de Dios, y en especial a la ley de justicia. Si no se la paga en esta vida se habrá de hacerlo por fuerza en otra. Por eso, aquel que en vuestro concepto es un hombre justo, se ve castigado muchas veces a causa de su pasado. (Véase parágrafo 393, arriba).

129 “Dios impone, premia, castiga, etc.”, sólo son figuras alegóricas, no es que Dios en persona haga o deshaga, Él tiene sus leyes, y toda acción tiene su reacción. [N. del copista]

988. Hay personas cuya vida transcurre en una calma perfecta y que, por no tener necesidad de hacer nada por sí mismas, están exentas de preocupaciones. Esa vida dichosa ¿es prueba de que no tienen nada que expiar de una existencia anterior?

- ¿Conoces muchas en esas condiciones? Si crees que sí estás engañándote. Con frecuencia esa calma sólo es aparente. Puede que hayan escogido esta vida, pero cuando la dejen percibirán que no les ha servido en modo alguno para adelantar. Y entonces, igual que los holgazanes, lamentarán el tiempo perdido. Sabed bien que el Espíritu sólo mediante la actividad puede adquirir conocimientos y elevarse. Si se duerme en la indolencia, no progresa. Se asemeja a aquel que tiene necesidad (conforme a vuestros usos) de trabajar, y que en cambio se va de paseo o se mete en la cama, y esto con el propósito de no hacer nada. Sabed bien, además, que cada cual tendrá que rendir cuentas de la inutilidad voluntaria de su existencia. Y esa inutilidad resulta siempre fatal para la dicha venidera. La suma de la felicidad futura está en razón de la suma del bien que se haya realizado. Y el total de la desventura, en razón del total del mal y de los desdichados que se hayan hecho.

989. Existen personas que, sin ser positivamente malvadas, hacen desgraciados a todos aquellos que las rodean, a causa de su mal carácter. ¿Qué consecuencia les acarrea esto?

- Con toda seguridad que esas personas no son buenas, y lo expiarán delante de aquellos a quienes hicieron desdichados. Será para ellas como un reproche. Además, en una existencia ulterior padecerán lo que han hecho sufrir.

VI.- Expiación y arrepentimiento

990. El arrepentimiento ¿tiene lugar en el estado corporal o en el espiritual?

- En este último. Pero puede también sobrevenir en el estado corpóreo, cuando comprendéis bien la diferencia existente entre el bien y el mal.

991. ¿Qué consecuencia tiene el arrepentimiento en el estado espiritual?

- El deseo de una nueva encarnación con el objeto de purificarse. El Espíritu comprende las imperfecciones que lo privan de la dicha, de ahí que aspire a una nueva vida, en la que podrá reparar sus faltas. (Véanse los parágrafos 332 y 975).

332. ¿Puede adelantar o retrasar el Espíritu el instante de su reencarnación?
- Podrá adelantarlo mediante sus oraciones, y alejarlo si retrocede ante la perspectiva de la prueba que le aguarda, porque entre los Espíritus los hay también cobardes e indiferentes; pero no queda impune si lo hace, sino que sufre por ello, así como el que se rehúsa a tomar un medicamento que podrá curarlo.

975. ¿Comprenden los Espíritus inferiores la dicha del justo?
- Sí, y es precisamente lo que les atormenta. Porque comprenden que por su propia culpa están privados de ella. De ahí que el Espíritu desprendido de la materia aspire después a una nueva existencia corpórea, porque cada vida, si es bien empleada, puede acortar la duración de ese suplicio. Entonces escoge las pruebas mediante las cuales podrá expiar sus faltas. Porque, sabedlo bien, el Espíritu sufre a causa de todo el mal que ha hecho o del que fue causante voluntario, así como por todo el bien que hubiera podido realizar y no hizo, y todo el mal que resulta del bien que no ha hecho. El Espíritu errante no tiene ya el velo de la materia. Está como si hubiera salido de en medio de la niebla y ve lo que le aleja de la felicidad. Entonces padece más, porque comprende cuán culpable ha sido. Para él no existe ya ilusión: ve la realidad de las cosas.

El Espíritu en estado errante abarca, por un lado, todas sus pasadas existencias; ve, por el otro, el porvenir prometido, y comprende lo que le falta para alcanzarlo. Así como un viajero que, llegado a la cumbre de una montaña, contempla la ruta que ha hecho y la que le falta recorrer para alcanzar su destino.

992. Y ¿qué resultado reporta el arrepentimiento en el estado corporal?

- Adelantar, ya en la vida presente, si se tiene tiempo de rescatar culpas. Cuando la conciencia formula un reproche y muestra una imperfección, puede siempre mejorarse.

993. ¿No hay seres humanos que sólo poseen el instinto del mal y son inaccesibles al arrepentimiento?

- Te dije que se debe progresar sin tregua. El que en la presente existencia no tiene más que el instinto del mal, poseerá el del bien en una vida futura, y por esto precisamente renace muchas veces. Porque es menester que todos adelanten y alcancen la meta; sólo que unos lo harán en más corto lapso, otros, en cambio, en un período más prolongado, conforme a sus deseos. El que sólo posee el instinto del bien ya está depurado, pues ha podido tener el del mal en una existencia anterior. (Ver párrafo 894).

998. La expiación ¿se cumple en el estado corporal, o en el de Espíritu?

- Se cumple durante la existencia corpórea por medio de las pruebas a que se ha sometido el Espíritu, y en la vida espiritual, por los padecimientos morales propios de su estado de inferioridad.

999. El arrepentimiento sincero en el curso de la vida ¿es suficiente para borrar las culpas y obtener la gracia de Dios?

- El arrepentimiento ayuda al Espíritu a mejorarse, pero el pasado debe ser expiado.

999 a. Según esto, si un criminal argumenta que, visto que de cualquier modo debe expiar su pasado no necesita arrepentirse, ¿qué resultaría de ello para él?
- Si se endurece en la idea del mal, su expiación será prolongada y penosa.

1000. ¿Podemos, ya en la vida presente, rescatar nuestras culpas?

- Sí, reparándolas. Pero no creáis que las rescataréis tan sólo con unas pocas privaciones pueriles o legando a los demás vuestros bienes, para después de vuestra desencarnación, cuando ellos no los necesitéis. Dios no toma en cuenta en manera alguna un arrepentimiento estéril, siempre fácil y que no cuesta otro esfuerzo que el de golpearse el pecho. Perder el dedo meñique mientras se presta un servicio borra más culpas que el tormento del cilicio sufrido a lo largo de los años, sin otro objetivo que el bien de sí mismo. (Ver párrafo 726).

726. Si los sufrimientos de este mundo nos elevan según el modo como los soportemos, ¿nos elevamos también por aquellos otros que nos creamos voluntariamente?

- Los únicos padecimientos que elevan son los naturales, porque proceden de Dios. Los sufrimientos voluntarios no sirven para cosa alguna cuando no hacen nada por el bien de los demás. ¿Crees que los que acortan su vida mediante rigores sobrehumanos, como lo hacen los bonzos, faquires y algunos fanáticos de tantas sectas, adelantan en su camino? ¿Por qué no trabajan, más bien, en pro de sus semejantes? Vistan al indigente, consuelen al que llora, ayuden al enfermo, soporten privaciones para alivio de los desdichados, y entonces sí su vida será útil y agradable a Dios. Cuando, en los dolores voluntarios que arrostramos, sólo pensamos en nosotros mismos, es egoísmo. Si se sufre por el prójimo, en cambio, es caridad. Tales los preceptos de Cristo. El mal sólo es rescatado por el bien, y la reparación no reviste ningún mérito si no afecta al hombre ni en su orgullo ni en sus intereses materiales.
¿De qué le vale, para su justificación, el restituir después de su muerte los bienes mal habidos, cuando ya le son inútiles y les ha sacado provecho?
¿De qué le vale privarse de algunos placeres fútiles y unas pocas cosas superfluas, si la injusticia que ha cometido contra otros sigue siendo la misma?
¿De qué le vale, por último, humillarse ante Dios si sigue siendo orgulloso ante los hombres? (Véanse los parágrafos 720 y 721).

720. Las privaciones voluntarias, con miras a una expiación voluntaria también, ¿son meritorias a los ojos de Dios?

- Haced bien a los demás y tendréis más mérito.

720 a. ¿Hay, entre esas privaciones voluntarias, algunas que sean meritorias?
- Sí: la privación de los placeres inútiles, porque desliga al hombre de la materia y eleva su alma. Lo meritorio es resistir a la tentación que induce a los excesos o al disfrute de cosas inútiles; quitar parte de lo que nos es necesario para dar a aquellos que no poseen bastante. En cambio, cuando la privación voluntaria no es más que un vano simulacro, constituye una irrisión.

721. La vida de mortificaciones ascéticas ha sido practicada desde la más remota antigüedad y en diferentes pueblos. ¿Es meritoria, desde algún punto de vista?

- Preguntaos para quién sirve y obtendréis la respuesta. Si sólo aprovecha al que la práctica, y en cambio le impide hacer el bien, significa egoísmo, sea cual fuere el pretexto con que se la hermosee. Privarse y trabajar para los demás es la verdadera mortificación, según la caridad cristiana.

V.- Pruebas de la riqueza y de la miseria

814. ¿Por qué ha concedido Dios a unos riqueza y poder, y miseria a otros?

- Con el propósito de probar a cada cual de una manera diferente. A más de esto, ya lo sabéis, tales pruebas han sido escogidas por los mismos Espíritus, quienes con frecuencia caen vencidos por ellas.

815. ¿Cuál de las dos pruebas es la más difícil para el ser humano: la de la desgracia o la de la fortuna?

- Ambas lo son igualmente. La miseria provoca la rebeldía contra la Providencia. La riqueza, por su parte, empuja a todos los excesos

816. Si bien es cierto que el rico está sujeto a más tentaciones, ¿no es verdad asimismo que posee más medios para realizar el bien?

- Precisamente es lo que no siempre hace. Se torna egoísta, orgulloso e insaciable. Sus necesidades aumentan con su fortuna y cree no tener jamás lo bastante para sí.

Una alta posición en el mundo y el gozar de autoridad sobre los semejantes son pruebas tan grandes y difíciles como la desgracia. Porque cuanto más rico y poderoso se sea, tanto más obligaciones se tendrán y mayores son los medios disponibles para realizar el bien o cometer el mal. Dios prueba con la resignación al pobre y al rico por medio de uso que haga de sus bienes y de su poder.
Riqueza y poder engendran todas las pasiones que nos unen a la materia y nos alejan de la perfección espiritual. De ahí que Jesús haya dicho: “De cierto os digo, que difícilmente entrará un rico en el reino de los cielos. Otra vez os digo, que es más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios”111 (Ver párrafo 266).
111 San Mateo, Cap. 19:23 y 24. Traducción citada. [N. del T. al cast.]

266. ¿No parece natural que se elijan las pruebas menos penosas?

- A vosotros sí os parece, pero no al Espíritu. Cuando está despojado de la materia cesa la ilusión y piensa de otro modo.

El hombre en la Tierra, colocado bajo el influjo de las ideas carnales, no ve en esas pruebas más que su lado penoso. De ahí que se le ocurra natural optar por aquellas que desde su punto de vista pueden conjugarse con los placeres materiales. Pero en la vida espiritual compara los goces efímeros y groseros con la felicidad inalterable que entrevé, y por tanto, ¿qué significan para él algunos sufrimientos pasajeros? Puede el Espíritu, pues, decidirse por la más ruda de las pruebas y, consecuentemente, por la vida más angustiosa, con la esperanza de alcanzar más pronto un estado mejor, como el enfermo elige muchas veces el remedio más desagradable para curarse en más breve plazo. Aquel que desea asociar su nombre con el descubrimiento de un país desconocido no escogerá un camino sembrado de flores. Conoce los peligros que está corriendo, pero sabe también cuál será la gloria que le aguarda si obtiene buen éxito en su empresa.
La doctrina de la libertad en la elección de nuestras existencias y de las pruebas que debemos afrontar deja de parecer extraordinaria si se considera que los Espíritus desprendidos de la materia evalúan las cosas de una manera diferente a como nosotros lo hacemos. Ellos tienen en vista la meta, mucho más seria, en su concepto, que los fugaces placeres del mundo. Tras cada existencia concluida ven el paso que han dado y comprenden cuánto les falta todavía, en materia de pureza, para alcanzar dicha meta. He ahí por qué se someten de buen grado a todas las vicisitudes de la vida corporal, pidiendo por sí mismos las que puedan hacerles llegar más rápidamente. No existe, pues, razón alguna cuando no se ve al Espíritu preferir la existencia más llevadera. Una vida exenta de amarguras no podría disfrutarla en su estado de imperfección. La entrevé, y para alcanzarla trata de mejorarse. Por otra parte, ¿no tenemos a diario, ante nuestros ojos, ejemplos de cosas semejantes? El hombre que trabaja durante parte de sus vida sin darse tregua ni descanso para reunir medios con los cuales procurarse el bienestar, ¿qué está haciendo, sino imponerse una tarea con miras a un porvenir más próspero? El militar que padece a causa de una misión peligrosa, o el viajero que desafía peligros no menos grandes en interés de la ciencia o para obtener fortuna, ¿qué hacen si no es someterse a pruebas voluntarias que deben proporcionarles honor, en el primer caso, y provecho, en el segundo, si logran salir airosos? ¿A qué no se somete y no se expone el hombre en pro de su interés o de su gloria? Todos los concursos ¿no son asimismo pruebas voluntarias, afrontadas con el propósito de progresar en la carrera elegida? Sólo se llega a cualquier posición social importante –en las ciencias, las artes o la industria- pasando por la serie de las posiciones inferiores, que constituyen otras tantas pruebas. Así, la existencia humana es, desde este punto de vista, el calco de la vida espiritual. En pequeña escala volvemos a encontrar en aquélla todas las mismas peripecias de esta última. Si en vida, pues, elegimos a menudo las más rudas pruebas en aras de un objetivo más elevado, ¿por qué el Espíritu –que ve más lejos- y para el cual la vida corpórea no es más que un incidente fugaz, no haría lo propio resolviéndose por una existencia penosa y difícil, si ella ha de conducirlo a la eterna dicha? Quienes afirman que si los hombres tuvieran la posibilidad de elegir la clase de vida que les agrada optarían por ser príncipes o millonarios, son como los miopes que sólo ven lo que están tocando, o como esos niños golosos que, preguntados sobre qué les gustaría ser cuando mayores, responden que pasteleros o confiteros. Tal la situación del viajero que, en el fondo de un valle oscurecido por la niebla, no ve ni la extensión ni los extremos de su ruta. Pero, una vez llegado a la cumbre de la montaña, abarca el camino hecho y lo que le resta por recorrer. Divisa su meta, los obstáculos que aún tiene que franquear, y puede entonces concebir con más seguridad los medios necesarios para llegar a destino. El Espíritu encarnado está como el viajero en lo hondo del valle. En cambio, cuando se ha desembarazado de los lazos terrestres domina, igual que aquél, cuanto se divisa desde la cumbre. Para el viajero, la meta es el reposo tras la fatiga. Para el Espíritu, la felicidad suprema después de las tribulaciones y pruebas pasadas. Todos los Espíritus afirman que en estado errante buscan, estudian y observan para hacer su elección. ¿No tenemos también un ejemplo de esto en la vida corporal? ¿Con frecuencia no buscamos durante años la carrera que libremente escoge-remos, por creerla la más adecuada para llevarnos adelante? Si fracasamos en una, iniciamos otra. Cada carrera que emprendemos constituye una fase, un período de nuestra vida. Y cada jornada que pasa ¿no la empleamos en planear lo que haremos al día siguiente? Ahora bien, ¿qué son las diversas existencias corpóreas para el Espíritu, sino fases, etapas, períodos, días de su vida espírita, la cual es, conforme sabemos, su existencia normal, ya que la corpórea sólo es para él efímera, pasajera? 

1002. ¿Qué debe hacer aquel que, in articulo mortis131reconoce sus culpas pero no tiene tiempo de repararlas? En tal caso, ¿basta con que se arrepienta?

131 “In articulo mortis”, locución latina que significa “antes de morir”. [N. del copista]

- El arrepentimiento acelera su rehabilitación, pero no lo absuelve. ¿No tiene ante él lo por venir, que no le es cerrado jamás? 


VII.- Duración de las penas futuras

1003. La duración de los sufrimientos del culpable en la vida futura ¿es arbitraria o está subordinada a alguna ley?

- Jamás obra Dios por capricho, y todo en el Universo está regido por leyes en las que se ponen de relieve su sabiduría y su bondad.

1004. ¿En qué se funda la duración de los padecimientos del culpable?

- En el tiempo preciso para su mejoramiento. Visto que el estado de dolor, así como el de felicidad, son proporcionales al grado de depuración del Espíritu, la duración y la índole de sus sufrimientos depende del tiempo que le ha llevado mejorarse. A medida que progresa y conforme se van purificando sus sentimientos, sus padecimientos disminuyen y cambian de naturaleza.
SAN LUIS.

1005. Para el Espíritu sufriente ¿el tiempo transcurre en la misma medida que en su estado de encarnación?

- Más bien le parece más prolongado. El sueño no existe para él. Sólo para los Espíritus llegados a cierto grado de depuración el tiempo se esfuma, si así vale decirlo, ante lo infinito. (Ver párrafo 240).

240. ¿Tienen los Espíritus la misma noción del tiempo que nosotros?
- No, y a esto se debe que no siempre nos comprendáis cuando se trata de establecer fechas o épocas.

Los Espíritus viven fuera del tiempo, tal como entendemos nosotros a éste. Para ellos el transcurso del tiempo se anula, si así vale decirlo, y los siglos, que tan largos nos resultan a nosotros, para ellos constituyen sólo instantes que se diluyen en la eternidad, lo mismo que las desigualdades del suelo se borran y desaparecen para aquel que se eleve en el espacio.

1006. ¿Podrá ser eterna la duración de los sufrimientos del Espíritu?

- A no dudarlo, si fuera eternamente malo, esto es, si no hubiera de arrepentirse jamás ni de mejorar, entonces sí sufriría por toda la eternidad. Pero Dios no creó Seres que estuviesen perpetuamente destinados al mal. Sólo los ha creado simples e ignorantes, y todos deben progresar en un lapso más o menos prolongado, con arreglo a su voluntad. La voluntad puede ser más o menos tardía, así como hay niños que son más precoces que otros, más tarde o temprano llega por la necesidad irresistible que experimenta el Espíritu de salir de su estado de inferioridad y ser feliz. La ley que rige la duración de las penas es, pues, eminentemente sabia y benévola, puesto que subordina dicha duración a los esfuerzos que realice el Espíritu. No le quita jamás su libre albedrío. Si lo emplea mal, sufre las consecuencias de ello.
SAN LUIS.

1007. ¿Hay Espíritus que no se arrepientan jamás?

- Los hay cuyo arrepentimiento es muy tardío. Pero pretender que nunca mejorarán equivaldría a negar la ley del progreso y decir que el niño no puede llegar a ser adulto.
SAN LUIS.

1008. La duración de las penas ¿depende siempre de la voluntad del Espíritu? ¿No hay entre ellas algunas que le sean impuestas por un tiempo determinado?

- Sí, pueden serle impuestas ciertas penas por un lapso establecido, pero Dios, que sólo quiere el bien de sus criaturas, acoge siempre el arrepentimiento, y el deseo de mejorarse nunca es estéril.
SAN LUIS.

1009. Según esto, ¿las penas impuestas jamás serían eternas?

- Interrogad a vuestro buen sentido, a vuestra razón, y preguntaos si una condena a perpetuidad, por algunos momentos de error, no sería la negación de la bondad de Dios. ¿Qué es, en efecto, la duración de la vida – aun cuando llegase a los cien años- respecto de la eternidad? ¡Eternidad! ¿Comprendéis cabalmente esta palabra? ¡Sufrimientos, torturas sin término ni esperanza, tan sólo porque se han cometido algunas faltas! ¿No rechaza vuestro juicio semejante idea? Que los antiguos hayan visto en el Señor del Universo a un dios terrible, celoso y vengativo, se concibe. En su ignorancia, atribuían a la divinidad las pasiones humanas. Pero no es ese el Dios de los cristianos, que coloca el amor y la caridad, la misericordia y el olvido de las ofensas en la categoría de las virtudes principales. ¿Podría Él mismo carecer de las cualidades que establece como obligatorias para el hombre? ¿No hay contradicción en atribuirle bondad infinita e infinita venganza? Afirmáis que ante todo Él es justo y que el hombre no comprende su justicia, pero ésta no excluye a la bondad, y no sería bueno Dios si condenara a penas horribles y perpetuas a la mayor parte de sus criaturas. ¿Podría imponer a sus hijos el que sean justos, si no les concede los medios de comprender la justicia? Por lo demás, lo sublime de la justicia, unida a la bondad, ¿no reside acaso en el hecho de hacer que la duración de las penas dependa de los esfuerzos del culpable por mejorarse? En ello está la verdad de estas palabras: “A cada uno según sus obras”.
SAN AGUSTÍN.

Dedicaos con todos los medios de que dispongáis a combatir y a aniquilar la idea de la eternidad de las penas, pensamiento blasfemo para con la justicia y la bondad de Dios, y la más fecunda fuente de incredulidad, del materialismo y la indiferencia que han invadido a las masas desde que comenzó a desarrollarse su intelecto. El Espíritu que se halle próximo a esclarecerse, aunque no lo esté aún, comprende pronto la monstruosa injusticia que esa idea implica. Su razón la rechaza, y rara vez deja entonces de confundir en una misma condena a las penas que lo sublevan y al dios que se atribuye. De ahí más lloro ni crujir de dientes. Bien es cierto que vuestra razón humana es limitada, pero, tal como es constituye un presente de Dios, y con ayuda de la razón no hay un solo hombre de buena fe que comprenda de otro modo la eternidad de los castigos. ¡Eternidad de los castigos! ¡Cómo! ¡Habría que admitir, entonces, que el mal sea eterno! Sólo Dios es eterno, y no ha podido crear eterno al mal, porque en tal caso habría que despojarlo del más eximio de sus atributos: su Poder Soberano, pues no será soberanamente poderoso quien pueda crear un elemento destructor de sus obras. ¡Humanidad, humanidad!, no sumerjas más tu sombría mirada en los hondones de la tierra para buscar allí los castigos. Llora, aguarda, expía, y refúgiate en la idea de un Dios infinitamente Bueno, absolutamente Poderoso y esencialmente Justo.
PLATÓN

Tender hacia la unidad divina, tal es la meta de la humanidad. Para alcanzarla son necesarias tres cosas, a saber: justicia, amor y conocimientos. Y tres cosas también son las que a ella se oponen: ignorancia, odio e injusticia. 134 Y bien, en verdad os digo que desvirtuáis esos principios fundamentales al comprometer la idea de Dios exagerando su severidad. Y la comprometéis por partida doble al permitir que penetre en el Espíritu de la criatura el pensamiento de que ella posee más clemencia, mansedumbre, amor y auténtica justicia que los que atribuís al Ser Infinito. Incluso destruís la idea de infierno tornándola ridícula e inadmisible para vuestras creencias, como lo es para vuestros corazones el aborrecible espectáculo de los verdugos, las hogueras y los tormentos del medioevo. ¿Cómo? ¿Cuándo la era de las ciegas represalias ha sido desterrada por siempre de las legislaciones humanas esperáis seguir manteniéndola idealmente? ¡Oh! Creedme, hermanos en Dios y en Jesucristo, creedme, o resignaos a dejar perecer entre vuestras manos todos vuestros dogmas antes que permitir que sean modificados; o bien, en caso contrario, revivificadlos tornándolos accesibles a los bienhechores efluvios que los buenos esparcen sobre ellos en estos

134 Este fragmento de la comunicación de Pablo recuerda las tríadas druídicas sobre las cuales hay un interesante estudio de Kardec en la Revista Espírita, publicado en separata en el folleto Espiritismo: antigüedad, evolución y propagación, por el Club de Periodistas Espíritas, de Sao Paulo. Véase, además, el libro de LEÓN DENIS El Genio Céltico y el Mundo Invisible, editado por Jean Meyer en París, 1927. [N. de J. H. Pires.]

  • Del libro de LEÓN DENIS citado en último término hay versión castellana, con el sello de Editorial Víctor Hugo, de Buenos Aires, 1958. [N. del T. al cast.]momentos. La idea del infierno con sus hornos ardientes, con sus calderas hirviendo puede ser tolerada, vale decir, podrá ser perdonable en un siglo de hierro, pero en el siglo diecinueve no es ya sino un fantasma vano, apropiado, cuanto más, a llenar de pavor a los pequeñitos, y en el que esos mismos niños dejan de creer cuando se hacen mayores. Al persistir en esa mitología aterradora engendráis la incredulidad, madre de toda desorganización social. Porque tiemblo al ver todo un orden social quebrantado y que se desploma sobre sus bases, carentes de sanción penal. Hombres de fe ardorosa y viva, vanguardia del día de la luz, ¡manos a la obra, pues! No para seguir manteniendo fábulas envejecidas y de aquí en adelante desacreditadas, sino para reavivar, revivificar con vuestras costumbres y sentimientos y con las luces de vuestra época. ¿Quién es, en efecto, el culpable? Aquel que por una desviación, por un falso impulso del alma se aleja del objetivo de la Creación, que consiste en el armonioso culto de lo Bello y del Bien, idealizados por el arquetipo humano, por el Enviado de Dios, por Jesucristo. Y ¿cuál es el castigo? La natural consecuencia derivada de ese falso impulso: una suma de dolores necesarios para que se hastíe de su deformidad mediante la experimentación del sufrimiento. El castigo es el aguijón que excita al alma, por medio de la amargura, para que se repliegue en sí misma y retorne a la senda de la salvación. El objeto que se propone el castigo no es otro que el rehabilitamiento, la liberación del esclavo. Pretender que ese castigo sea eterno, por una falta que no ha sido eterna, equivale a negarle toda razón de ser.
¡Oh! En verdad os digo, cesad, cesad de establecer un paralelo –en su eternidad- entre el Bien, esencia del Creador, y el Mal, esencia de la criatura. Sería crear con ello una penalidad injustificable. Antes por el contrario, afirmad la extinción gradual de los castigos y de las penas mediante las transmigraciones, y entonces consagraréis, con la razón unida al sentimiento, la unidad divina.
PABLO, APÓSTOL

Se quiere incitar al hombre al bien y desviarlo del mal con el cebo de las recompensas y el temor de los castigos. Pero, si tales castigos son presentados de modo que la razón se rehúse a creer en ellos, no tendrán sobre el ser humano ninguna influencia. Muy al revés de esto, él lo rechazará todo: la forma y el fondo. Preséntesele, por el contrario, el porvenir de una manera lógica, y entonces lo aceptará. El Espiritismo le provee esa explicación.

La doctrina de la eternidad de las penas, en su sentido absoluto, hace del Ser Supremo un dios implacable. ¿Sería lógico decir de una monarca que es muy bueno, muy benévolo o indulgente, que sólo quiere la ventura de aquellos que le rodean, pero que al mismo tiempo es celoso, vengativo, inflexible en su rigor, y que castiga con el peor de los suplicios a las tres cuartas partes de sus súbditos por una ofensa o una infracción a sus leyes, incluso a aquellos que las han transgredido porque no las conocían? ¿No entrañaría esto una contradicción? Ahora bien, ¿puede Dios ser menos bueno que lo que es capaz de serle un hombre?

Y aquí se presenta otra contradicción: Visto que Dios todo lo sabe, conocía entonces, al crear a un alma, que ella fracasaría. En tal caso esa alma ha sido, desde su formación, destinada a la infelicidad eterna. ¿Es esto posible y racional? En cambio, con la doctrina de la relatividad de las penas todo se justifica. Dios sabía sin duda, que aquella alma fallaría, pero le dio los medios de esclarecerse por su propia experiencia, por sus mismas faltas. Es menester que expíe sus errores para estar mejor afirmada en el bien, pero la puerta de la esperanza no se el cierra jamás, y Dios hace que el instante de su liberación dependa de los esfuerzos que ella realice para alcanzarla. He aquí, pues, algo que todo el mundo puede comprender, algo que la lógica más minuciosa está en condiciones de admitir. Si las penas futuras hubieran sido presentadas desde este ángulo habría muchos menos escépticos.

La palabra eterno se emplea muchas veces, en el lenguaje vulgar, en sentido figurado, para designar una cosa que es de larga duración y cuyo fin no se prevé, aunque se sepa muy bien que ese fin existe. Decimos, por ejemplo, los “hielos eternos” de las altas montañas, o de los polos, aunque sepamos, por una parte, que el estado de esas regiones pudiera modificarse a causa de una desviación normal del eje de la Tierra o debido a un cataclismo. El adjetivo eterno, en este caso, no quiere, pues, significar, “perpetuo hasta lo infinito”. Cuando padecemos una prolongada dolencia decimos que nuestro mal es eterno. ¿Qué tiene de extraño, entonces, que Espíritus que vienen sufriendo desde hace años, centurias, milenios incluso, manifiesten otro tanto? Sobre todo, no olvidemos que, puesto que su inferioridad no les permite ver el otro extremo de la ruta que están recorriendo, creen sufrir siempre, y esto representa para ellos una punición. Por lo demás, la doctrina del fuego material, de los hornos y de los tormentos tomados del mito pagano del Tártaro, ha sido en la actualidad completamente abandonada por la alta teología y sólo en las escuelas esos aterradores cuadros alegóricos son ofrecidos todavía como verdades positivas por unos pocos hombres más celosos que iluminados, y esto sin razón alguna, porque esas imaginaciones jóvenes, una vez que hayan vuelto en sí de su espanto, podrán pasar a engrosar el número de los incrédulos. La teología reconoce hoy que el vocablo fuego se utiliza en un sentido figurado y debe entenderse como un fuego moral (ver párrafo 974). Aquellos que, como nosotros, han seguido las peripecias de la vida y sufrimientos de ultratumba por medio de las comunicaciones espíritas han podido convencerse de que, por no tener esos padecimientos nada de material, no son ellos menos dolorosos. 135 En los que toca a su duración, ciertos teólogos empiezan a admitirla en el sentido restrictivo que le hemos dado en párrafos anteriores y piensan que, en efecto, la voz eterno puede entenderse como refiriéndose a las penas en sí, en cuanto son consecuencias de una ley inmutable, y no respecto de su aplicación a cada individuo. El día en que la religión acepte esta interpretación, así como algunas otras que son igualmente el resultado del progreso de las luces, recobrará ella muchas ovejas descarriadas.

135 En los que toca a su duración, ciertos teólogos empiezan a admitirla en el sentido restrictivo que le hemos dado en párrafos anteriores y piensan que, en efecto, la voz eterno puede entenderse como refiriéndose a las penas en sí, en cuanto son consecuencias de una ley inmutable, y no respecto de su aplicación a cada individuo. El día en que la religión acepte esta interpretación, así como algunas otras que son igualmente el resultado del progreso de las luces, recobrará ella muchas ovejas descarriadas.

974. ¿De dónde procede la doctrina del fuego eterno?

- Es una imagen, como tantas otras, tomada por realidad.

974 a. Pero, el temor que suscita, ¿no puede tener un buen resultado?

- Ved si tal doctrina refrena a muchos, incluso entre quienes la predican. Si enseñáis cosas que más tarde rechazará la razón, causaréis una impresión que no será duradera ni saludable.

El hombre, impotente para traducir, sirviéndose de su lenguaje, la índole de tales sufrimientos, no ha encontrado comparación más vigorosa que la del fuego, porque para él el fuego es el tipo de suplicio más cruel y el símbolo de la acción más enérgica. De ahí que la creencia en el fuego eterno se remonte a la más remota antigüedad y los pueblos modernos la hayan heredado de los antiguos. De ahí, también, que en su lenguaje figurado se refiera al “fuego de las pasiones, arder de amor, de celos”, etcétera.








Reflexión Final:

          Creo que he cumplido con mi objetivo inicial de definir las pruebas o culpas cometidas y el propósito de la reencarnación como vehículo para la reparación de estas faltas o culpas. No es difícil entender el plan de Dios para la humanidad, el propósito de nuestra existencia es de expiación. Si a usted le están ensenando que no hay que sufrir o que no hay que expiar, eso no es acorde con el plan de progreso de la humanidad.
                 
        No se puede progresar o adelantar el espíritu si no se realiza una modificación del comportamiento dirigido al Bien Común o Moral de los seres humanos. Dios no interviene en ese proceso y nos otorgo el beneficio de nuestro Libre Albedrío y el uno de nuestra Voluntad. Dios ni Premia ni Castiga nuestros comportamientos, si hacemos bien progresamos, y si continuamos haciendo mal y dejamos que seamos dirigidos por el materialismo, el egoísmo y el orgullo, nuestro adelantamiento se detiene y se estanca, nunca ira en retroceso pero perdemos el tiempo en la existencia.

        Todas las faltas o culpas que estamos reparando, no son a la zar escogidas ni asignadas a nosotros, sino han sido meticulosamente seleccionadas de antemano por la misma Alma Encarnada en nosotros, que antes de encarnar en nuestro cuerpo utilizó el derecho o privilegio del Libre Albedrío a que se seleccionaran.  No debemos quejarnos con Dios de que no podemos con las pruebas, pues tu mismo escogisteis esas pruebas de antemano.

        No vale argumentar si son justas o no lo son, están ahí, nos corresponde repararlas. ¿Pero cuánto van a dura?. Ya no puedo con la prueba podrás decir, pero eso no cambia la realidad de ellas, y lo más prudente es aceptarlo con resignación y procurar cambiar nuestro comportamiento, como prioridad mayor y así contribuir a que podamos transitar por la vida de proceso expiatorio lo mas sabiamente posible. Creo que ese objetivo se cumple, no hay porque tirar palos a ciegas, si aprendemos y comprendemos el proceso nuestra vida será más agradable.

        Con esta reflexión debes haber llegado al punto de entender cuando es que se opera el proceso de depuración y cuando es el momento que la balance comienza a inclinarse a nuestro beneficio logrando llegar al final de nuestra existencia en felicidad y comprensión.

        No te desesperes, haz tu parte y lograras además de felicidad incontable, lograras activar tu adelantamiento espiritual.



REFERENCIAS PARA ESCRIBIR ESTA REFLEXIÓN
  • El Evangelio Según El Espiritismo, Allan Kardec
  • El Libro de Los Espíritus, Allan Kardec
  • Obras Póstumas, Allan Kardec
  • Génesis – Allan Kardec
  • El Cielo Y el Infierno – Allan Kardec
  • El Libro de Los Médiums – Allan Kardec



Frank Montañez
No dejes de inscribirte en mi blog, así podrás recibir notificación de nuevas adiciones a mi página. Debes tener una cuenta de correo electrónico de gmail para poder hacer comentarios a los artículos y también para inscribirte en este blog. Además, si consideras que esta reflexión hoy ha sido de mucha ayuda, por favor compártela haciendo un enlace a tu muro en Facebook y no dejes de escribir un comentario para así saber que ha servido de ayuda a alguien. Gracias por leer este blog. Frank

NOTA Importante:
Si consideras que este articulo o reflexión es útil, y deseas citarnos en un artículo o nota que publiques en tu blog o en Facebook, por favor haz una mención de que obtuviste la información de un articulo nuestro ya publicado.  Eso es actuar en Moral y bien común. No permitas que el atribuirte consciente o inconscientemente crédito por algo que copiaste de otro autor, afecte tu espiritualidad, y que cometas faltas que se han de acumulan a las que ya tienes.
Si me mencionas o no, no es importante para mí, pero sí; es una falta el atribuirte que la información publicada es de tu autoría al no hacer mención alguna del autor original, si no das el crédito al que originalmente lo creo, eso es propiedad intelectual y al no dar el crédito, constituye una falta de moralidad. Recomiendo que añadas al final de tu reflexión algo así:
Partes de esta reflexión ha sido tomada de un artículo publicado por Frank Montañez de “Soy Espírita” en su blog: www.soyespirita.blogspot.com
Nombre del Artículo:
Fecha Publicado:
Eso evitarás que actúes mal sin quererlo hacer, de eso se trata la Educación Espírita.



Los siguientes enlaces te conducen a estos temas ya publicados para ayudarte en tu desarrollo de educación espiritual:



5 Libros de La Codificación Espírita escritos por Allan Kardec, son los siguientes
  • Los Espíritus – (18 abril 1857)
  • Los Médiums – (Enero 1861)
  • Evangelio Según El Espiritismo (Abril 1864)
  • Cielo y el Infierno (1° Agosto 1865)
  • Génesis (Enero 1868)
Te los ofrezco gratuitos en estos enlaces y en audio que son mas fáciles de manejar. Te los ofrezco gratuitos en estos enlaces y en audio que son más fáciles de manejar.

Audio Libros en Español GRATUITOS
Los invito a que descarguen los AUDIO Libros en mi blog. No hay escusas para no leer el Libro de los Espíritus y el de Los Médiums, pues pueden escucharlos narrados. Visita mi blog o simplemente dale clic al libro que ves listado a continuación. 

¡VIVA EL ESPIRITÍSMO!


Libros Digitales Gratuitos

Otros Libros de Interés Espirita






Espero estos enlaces te conduzcan a información que te ayude a lograr activar tu crecimiento espiritual, a través de la Transformación Moral.
________________________________________
NOTA ACLARATORIA:

Han notado que nuestras reflexiones se redactan para la Educación de nuestra filosofía, tal y como lo ilustran Los Espíritus de La Codificación Espirita dada a Allan Kardec.  Muchas de estas enseñanzas lucen como que deben ser tratadas en la Casa Espírita y creo que sí; es esto correcto.  Pero la mayoría de nuestros lectores no tienen acceso a Casa Espírita alguna, entonces no nos podemos quedar con las manos cruzadas esperando que Espíritus Impuros que sabiendo esta realidad se adelanten se introduzcan en los hogares de personas que con genuino interés se acercan a nuestra página buscando ayuda.

No demostramos compasión si no ayudamos a estas personas en estos lugares inaccesibles que no existe ninguna Casa Espírita cerca y tal vez nunca la habrá a no ser por nuestra educación por el Internet.  Para muchos el desarrollo de la Mediúmnidad es tan serio que no han desarrollado aun Médiums en sus lugares de reunión.  Pero eso no debe ser la norma, pues el mismo Allan Kardec nos apercibió de que esto era esencial en el desarrollo espiritual de las comunicaciones Mediúmnica.

Preferimos hacer accesible esta información para aquellos que genuinamente desean crecer espiritualmente, y yo soy el de pensar que si los deseos de estos nuevos allegados son encaminados al desarrollo de la Mediúmnidad, es preferible ayudarlos que dejarlos a expensas de Espíritus Impuros que aprovechándose del deseo más profundo de crecer espiritualmente intervengan para que esto no se logre.

Esta educación debe ser el detonador para el establecimiento de nuevos centros de reunión para nuevos allegados y esto cumple el propósito de la codificación y de la Ley de Progreso y Crecimiento espiritual a que todos tenemos derecho.
visitas
Revisado en: 12/28/13


No hay comentarios:

Publicar un comentario

Seguir a Frank en Facebook

¿Cómo reconocer un “Espiritista Verdadero”, en el Espiritismo?

¿Cómo reconocer un “Espiritista Verdadero”, en el Espiritismo? 
Un Espiritista Verdadero es aquel que según el Libro de Obras Póstumas, de Allan Kardec lo describe así:

Breve Contestación a los Detractores del Espiritismo

“Solo reconoce por adeptos suyos a los que practican su enseñanza, es decir, a los que trabajan en su propio mejoramiento moral, esforzándose en vencer sus malas inclinaciones, en ser menos egoístas y orgullosos, más afables, más humildes, pacientes, benévolos, caritativos para con el prójimo y moderados en todas las cosa, pues este es el signo característico del espiritista verdadero…”

Un Espiritista Verdadero, no es el que cobra menos dinero. Esos son “Charlatanes”, infiltrados en el Espiritismo. Los “Charlatanes”, son los que cobran dinero en el Espiritismo.


Evaluar a un Espiritista, y saber si es uno Verdadero, se necesita tener conocimiento adquirido, mediante la lectura de los Libros Codificados de Allan Kardec, Así se puede verificar la autenticidad.

Mensajes en Fotos


Body

















1/15/16

Un RESUMEN sobre los recursos del Espiritismo para sanar las Obsesiones Espirituales seria:









  • Moralización del Obsesado obteniendo su ascendencia Moral y luego al Obsesor moralizarlo.



  • Fortalecimiento de la "Voluntad" del Obsesado para que pueda Rechazar al Obsesor.



  • Oración Magnética Mental. (Grupales),



  • Magnetización del Obsesado, mediante Pases Magnéticos.



  • Educación Espirita.


Los postulados y la definición de la Filosofía Espirita antes expresada es nuestra razón de ser en esta red social. Por la naturaleza de este medio, muchas personas con diferentes corrientes de pensamiento y de diferente postura con relación al Espiritismo, pueden hacer comentarios a nuestras reflexiones. Esto nos llena de mucha satisfacción, porque ilustra claramente que el propósito de la existencia de esta página ha cometido su propósito al lograr cruzar barreras de idiomas y de pensamientos. Estamos muy claros en que nuestra filosofía es una de carácter Kardeciana y es la que promulga el deseo genuino de Dios en cuanto al comportamiento Moral de nuestra sociedad y de toda la raza humana, pero no tenemos ninguna conexión con otras corrientes de pensamiento sincretistas como lo son: Práctica de africanismo, indigenismos o ritualismos étnicos, Religiosos, folclóricos o sincréticos ni se hacen rezos, baños de plantas, consume de aguardiente o tabacos, inhalaciones toxicas, curaciones mágicas, maleficios o encantamientos y Santería.



Las obsesiones se Curan según el Espiritismo.






Excelente recurso de información según El Espiritismo, en el siguiente Libro Gratuito:








Todos están bienvenidos a comentar nuestras reflexiones, pero en nada esto significa que patrocinemos estas corrientes diferentes de pensamientos.











Queremos ser un faro, donde aquellos que desean encontrar el puerto seguro, puedan libremente acercarse al dialogo y a la comprensión. Jesús nos enseño a no hacer acepción de persona alguna, somos llamados a la comprensión y a la tolerancia con todos aquellos que aunque tengan pensamientos diferentes, siguen siendo seres humanos en el proceso de encontrar el sendero de la verdad en su camino evolutivo.












REFERENCIAS PARA ESCRIBIR ESTA REFLEXIÓN



  • El Evangelio Según El Espiritismo, Allan Kardec

  • El Libro de Los Espíritus, Allan Kardec

  • Obras Póstumas, Allan Kardec

  • Genesis

  • El Cielo Y el Infierno – Allan Kardec

  • El Libro de Los Médiums – Allan Kardec











Frank Montañez

“Soy Espírita”

Director de la Página


Soy Espirita en Facebook

Nuestro Canal Soy Espirita en Youtube

Blog de Soy Espirita

soyespirita@yahoo.com

"Soy Espirita" en Twitter

"Soy Espirita" en Google +

    No dejes de inscribirte en mi blog, así podrás recibir notificación de nuevas adiciones a mi página. Debes tener una cuenta de correo electrónico de gmail para poder hacer comentarios a los artículos y también para inscribirte en este blog. Además, si consideras que esta reflexión hoy ha sido de mucha ayuda, por favor compártela haciendo un enlace a tu muro en Facebook y no dejes de escribir un comentario para así saber que ha servido de ayuda a alguien. Gracias por leer este blog. Frank





NOTA Importante:




Si consideras que este articulo o reflexión es útil, y deseas citarnos en un artículo o nota que publiques en tu blog o en Facebook, por favor haz una mención de que obtuviste la información de un articulo nuestro ya publicado. Eso es actuar en Moral y bien común. No permitas que el atribuirte consciente o inconscientemente crédito por algo que copiaste de otro autor, afecte tu espiritualidad, y que cometas faltas que se han de acumulan a las que ya tienes.




Si me mencionas o no, no es importante para mí, pero sí; es una falta el atribuirte que la información publicada es de tu autoría al no hacer mención alguna del autor original, si no das el crédito al que originalmente lo creo, eso es propiedad intelectual y al no dar el crédito, constituye una falta de moralidad. Recomiendo que añadas al final de tu reflexión algo así:




Partes de esta reflexión ha sido tomada de un artículo publicado por Frank Montañez de “Soy Espírita” en su blog: www.soyespirita.blogspot.com




Nombre del Artículo:


Fecha Publicado:


Eso evitarás que actúes mal sin quererlo hacer, de eso se trata la Educación Espírita.






Los siguientes enlaces te conducen a estos temas ya publicados para ayudarte en tu desarrollo de educación espiritual:









































Te los ofrezco gratuitos en estos enlaces y en audio que son mas fáciles de manejar. Te los ofrezco gratuitos en estos enlaces y en audio que son más fáciles de manejar.




Audio Libros en Español GRATUITOS




Los invito a que descarguen los AUDIO Libros en mi blog. No hay escusas para no leer el Libro de los Espíritus y el de Los Médiums, pues pueden escucharlos narrados. Visita mi blog o simplemente dale clic al libro que ves listado a continuación.





¡VIVA EL ESPIRITÍSMO!





Haz clic en este enlace - AUDIO LIBRO – EL EVANGELIO SEGÚN EL ESPIRITISMO.


Haz clic en este enlace - AUDIO LIBRO – GÉNESIS




Espero estos enlaces te conduzcan a información que te ayude a lograr activar tu crecimiento espiritual, a través de la Transformación Moral.


________________________________________




NOTA ACLARATORIA:





Han notado que nuestras reflexiones se redactan para la Educación de nuestra filosofía, tal y como lo ilustran Los Espíritus de La Codificación Espirita dada a Allan Kardec. Muchas de estas enseñanzas lucen como que deben ser tratadas en la Casa Espírita y creo que sí; es esto correcto. Pero la mayoría de nuestros lectores no tienen acceso a Casa Espírita alguna, entonces no nos podemos quedar con las manos cruzadas esperando que Espíritus Impuros que sabiendo esta realidad se adelanten se introduzcan en los hogares de personas que con genuino interés se acercan a nuestra página buscando ayuda. Para ellos les sugiero considerar conformar un pequeño grupo de Estudios en su hogar. Así se deleitaran de las enseñanzas de los Espíritus. Estos dos enlaces te ayudaran a comenzar a conformar tu grupo de Estudio:





  • http://soyespirita.blogspot.com/2014/01/ley-de-sociedad-i-necesidad-de-la-vida.html

  • http://soyespirita.blogspot.com/2011/08/recomendaciones-para-los-nuevos-grupos.html













No demostramos compasión si no ayudamos a estas personas en estos lugares inaccesibles que no existe ninguna Casa Espírita cerca y tal vez nunca la habrá a no ser por nuestra educación por el Internet. Para muchos el desarrollo de la Mediúmnidad es tan serio que no han desarrollado aun Médiums en sus lugares de reunión. Pero eso no debe ser la norma, pues el mismo Allan Kardec nos apercibió de que esto era esencial en el desarrollo espiritual de las comunicaciones Mediúmnica.




Preferimos hacer accesible esta información para aquellos que genuinamente desean crecer espiritualmente, y yo soy el de pensar que si los deseos de estos nuevos allegados son encaminados al desarrollo de la Mediúmnidad, es preferible ayudarlos que dejarlos a expensas de Espíritus Impuros que aprovechándose del deseo más profundo de crecer espiritualmente intervengan para que esto no se logre.




Esta educación debe ser el detonador para el establecimiento de nuevos centros de reunión para nuevos allegados y esto cumple el propósito de la codificación y de la Ley de Progreso y Crecimiento espiritual a que todos tenemos derecho.









































Autenticidad de los libros Codificados por Allan Kardec según el Libro de Génesis, ¿Qué es una Opinión en el Espiritismo? y el propósito del Espiritismo con la Humanidad:





Ítem #10. Sólo los espíritus puros reciben la misión de transmitir la palabra de Dios, pues hoy sabemos que los espíritus están lejos de ser todo perfectos y que algunos intentan aparentar lo que no son, razón por la cual San Juan ha dicho: “Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios” (Primera Epístola Universal de San Juan Apóstol 4:1).



De modo que nadie tiene la autoridad Espiritual ni Moral de realizar cambios a los libros codificados que no sean los dueños y autores originales; "Los Espíritus".




Veamos lo que dice la introducción del Libro de Génesis, comentado y firmado por Allan Kardec y lee como sigue: Introducción, De la primera edición, publicada en enero de 1868.


“A pesar de la intervención humana en la elaboración de esta





Doctrina, la iniciativa pertenece a los espíritus, pero no a uno en especial, ya que es el resultado de la enseñanza colectiva y concordante de muchos espíritus, puesto que si se basara en la doctrina de un espíritu no tendría otro valor que el de una "opinión personal". El carácter esencial de la Doctrina y su existencia misma se basan en la uniformidad y la concordancia de la enseñanza. Por tanto, todo principio no general no puede considerarse parte integrante de la Doctrina, sino una simple opinión aislada de la cual el Espiritismo no se responsabiliza.


Es esa concordancia colectiva de opiniones, sometidas a la prueba de la lógica, la que otorga fuerza a la Doctrina Espírita y asegura su vigencia. Para que cambiase, sería necesario que la totalidad de los espíritus mudasen de opinión, es decir, que llegase el día en que negasen lo dicho anteriormente. Ya que la Doctrina emana de la enseñanza de los espíritus, para que desapareciese sería necesario que los espíritus dejasen de existir. Y es por eso que esta Doctrina prevalecerá siempre sobre los demás sistemas personales, que no poseen, como ella, raíces por doquier. El Libro de los Espíritus ha consolidado su prestigio porque es la expresión de un pensamiento colectivo y general.”

Firmado por Allan Kardec.






El Libro de Génesis, escrito por Allan Kardec nos indica lo siguiente tambien:


Ítem #40. El Espiritísmo presenta, como ha sido demostrado (cap. I, n.º 30), todos los caracteres del Consolador prometido por Jesús. No es, en absoluto, una doctrina individual, una concepción humana; nadie puede decirse su creador (Pues sus creadores fueron los Espíritus). Es el fruto de la enseñanza colectiva de los espíritus presididos por el Espíritu de Verdad. No suprime nada del Evangelio: lo completa y aclara. Con la ayuda de las nuevas leyes que revela, en unión con las de la ciencia, hace comprender lo que era ininteligible y admitir la posibilidad de aquello que la incredulidad tenía inadmisible. Hubo precursores y profetas que presintieron su llegada. Por su poder moralizador, prepara el reino del bien sobre la Tierra.


La doctrina de Moisés, incompleta, terminó circunscrita al pueblo judío; la de Jesús, más completa, se extendió a toda la Tierra mediante el cristianismo, pero no convirtió a todos; el Espiritismo, más completo aún, con raíces en todas las creencias, convertirá a la Humanidad.1


1. Todas las doctrinas filosóficas y religiosas llevan el nombre de la individualidad fundadora, por lo que se dice: el Mosaísmo, el Cristianismo, el Mahometismo, el Budismo, el Cartesianismo, el Furierismo, el Sansimonismo, etc. La palabra Espiritismo, por el contrario, no involucra a ninguna persona en especial; pero sí define a una idea general que indica, al mismo tiempo, el carácter y la fuente múltiple de la Doctrina. [N. de A. Kardec.]






Claramente Allan Kardec y El Espíritu de verdad que dictó los Libros Codificados que el Espiritísmo, más completo aún, es con raíces en TODAS LAS CREENCIAS y la fuente múltiple de la doctrina, refiriéndose a que con Moisés la Doctrina fue incompleta y la de Jesús se extendió mediante el Cristianismo, pero no convirtió a todos, por lo tanto es hoy que el Espiritísmo ha de ser de todos, todas las doctrinas religiosas, "Mosaísmo, Cristianismo, Mahometismo, el Budismo, el Cartesianismo, el Furierismo, el Sansimonismo, y yo ando los Musulmanes, los Hinduistas, los Ateos, los Laicos, los de Joaquín Trincado, los Santeros, Umbanda, en fin a "TODOS", es más incluyo, hasta los extraterrestres, Todos adelantaran sus Espíritus mediante las enseñanzas del Espiritísmo.



En el libro de Obras Póstumas, Allan Kardec, luego de haber dedicado 13 años a la Codificación Espírita, y haber codificado y publicado los 5 Libros Básicos, dijo lo siguiente refiriéndose al Espiritismo:



EL ESPIRITÍSMO NO ES UNA RELIGIÓN Constituida…



El espiritismo es una doctrina filosófica que tiene consecuencias religiosas como toda filosofía espiritualista y por esto mismo toca forzosamente las bases fundamentales de todas las religiones: Dios, el alma y la vida futura; pero no es una religión constituida, dado que no tiene culto, rito ni templo, y que entre sus adeptos ninguno ha tomado ni recibido titulo de sacerdote o sumo sacerdote. Estas calificaciones son pura invención de la crítica.


Obras Póstumas – Allan Kardec







TODOS SOMOS MÉDIUMS





Libro de Los Mediums - Sobre los Médiums - X




Todos los hombres son médiums, todos tienen un Espíritu que los orienta hacia el bien, en caso de que sepan escucharlo. Ahora bien, poco importa que algunos se comuniquen directamente con él a través de una mediumnidad especial, y que otros sólo lo escuchen a través de la voz del corazón y de la inteligencia, pues no deja de ser su Espíritu familiar quien los aconseja. Llamadlo espíritu, razón o inteligencia: en todos los casos es una voz que responde a vuestra alma y os dicta buenas palabras. Sin embargo, no siempre las comprendéis. No todos saben proceder de acuerdo con los consejos de la razón, no de esa razón que se arrastra y repta más de lo que camina, que se pierde en la maraña de los intereses materiales y groseros, sino de esa razón que eleva al hombre por encima de sí mismo y lo transporta a regiones desconocidas. Esa razón es la llama sagrada que inspira al artista y al poeta, el pensamiento divino que eleva al filósofo, el impulso que arrebata a los individuos y a los pueblos. Razón que el vulgo no puede comprender, pero que eleva al hombre y lo aproxima a Dios más que ninguna otra criatura; entendimiento que sabe conducirlo de lo conocido a lo desconocido, y le hace realizar las cosas más sublimes. Escuchad, pues, esa voz interior, ese genio bueno que os habla sin cesar, y llegaréis progresivamente a oír a vuestro ángel de la guarda, que desde lo alto del cielo os tiende la mano. Repito: la voz íntima que habla al corazón es la de los Espíritus buenos, y desde ese punto de vista todos los hombres son médiums.




Channing






Libro de Los Mediums - Capt. XVII


Amigos míos, permitidme que os dé un consejo, dado que avanzáispor un terreno nuevo, y si seguís la ruta que os indicamos no osextraviaréis. Se os ha dicho una gran verdad, que deseamos recordaros: el espiritismo es sólo una moral, y no debe salirse de los límites de la filosofía, ni más ni menos, salvo que quiera caer en el dominio de la curiosidad.


Dejad de lado las cuestiones científicas, pues la misión de los Espíritus no es resolverlas, ahorrándoos el esfuerzo de las investigaciones.


"Tratad antes de mejoraros, pues de ese modo progresaréis realmente".


San Luis






Mapa de Visitas

Horarios en comparación a Chicago