miércoles, 13 de noviembre de 2013

Los Milagros no Existen … pertenecen al orden natural de los Espíritus - Soy Espirita

El Espiritismo explica que los Milagros pertenecen al orden de Leyes Naturales del Mundo de los Espíritus, por lo tanto no hay nada de Milagroso en la manifestación de los Espíritus a través de curaciones de enfermedades, o cualquier fenómeno que se pueda considerar insólito. No existe NADA insólito en la manifestación de los Espíritus.  Por lo tanto no Existen los Milagros.

Vivimos en el siglo 21, es irrisorio ver la religiosidad representados por todas las facciones cristianas y evangélicas de nuestro tiempo que creen en la existencia de Milagros o fenómenos milagrosos.  Y eso no constituye ningún problema en términos de creencias, pues cada cual puede pensar en lo que quiera.  Mi posición en este tema es simplemente repetir lo que los Espíritus Superiores y Puros que dictaron la Codificación Espírita a Allan Kardec y evidente a partir de la publicación del Libro de los Espíritus en 1857.



Este articulo presenta lo que los libros y lo que Allan Kardec argumentó sobre este tema. Los milagros son en mayoría relacionado a las manifestaciones que ya sabemos y hemos constatados que la mayoría de los supuestos milagros o hechos milagrosos son relacionados a lo que los Espíritus nos han demostrado ellos pueden hacer son los fenómenos cuya causa le era desconocida, y que eran para él prodigios y efectos sobrenaturales.  El carácter del hecho milagroso, es el de ser insólito y excepcional, es una derogación de las leyes de la naturaleza. Desde el momento en que un fenómeno se produce en condiciones idénticas, es porque está sometido a una ley y no es milagroso. Esta ley puede ser desconocida, pero no deja por ello de existir; el tiempo se encarga de darla a conocer.

La información presentada es mas bien explicada, por lo tanto mi foco es en el hecho de que hoy día los Milagros no existes, pero son vendidos todos los días por Mercaderes Espirituales. Es triste ver como algunos ofrecen milagros a cambio de una ofrenda y que a partir de pagar por los supuestos milagros, estos nunca se dan. Millones ponen sus ahorros pagando por ilusiones o milagros que no existen.  Las manifestaciones que parecen ser milagros si existen, pero sabemos que esas manifestaciones no se pueden vender, pues lo que nos dan los Espíritus nunca jamás deben venderse.
Jesús dijo estas palabras:
Juan 14:12
La Biblia de las Américas (LBLA)
12 En verdad, en verdad os digo: el que cree en mí, las obras que yo hago, él las hará también; y aun mayores que éstas hará, porque yo voy al Padre.

De manera que lo que hoy se hace que se podrían considerar milagros y que no lo son, pueden ser mucho más grandes o espectaculares de lo que Jesús hizo.  Muchos me dicen, pero Frank, es que lo que e paso a un familiar mío es un milagro, fue sanado de una enfermedad terminal.  La contestación es que se pueden imponer las manos y se puede tener una sanidad, y una sanidad se hacen todos los días, no es un hecho insólito. Son hechos naturales que pasan todos los días. Pero ¿Por qué vender milagros?.  Y los que no pueden comprar los Milagros, ¿Seria Dios justo si permitiera que esto ocurriera?.  Obviamente no. Ahora bien, comparto la siguiente información donde se defiende que los milagros no existen, de acuerdo a la codificación y además incluyo un Vídeo.

Libro de Los Espíritus, en la Conclusión del Libro en el Ítem II

II
El Espiritismo es el antagonista más temible del materialismo. No hay que asombrarse, pues, de que tenga a los materialistas por adversarios. Pero, como el materialismo es doctrina que apenas se atreven a confesar los que la profesan (lo cual prueba que no se consideran lo bastante fuertes y que se hallan dominados por su conciencia), se cubre con el manto de la razón y de la ciencia. Y, cosa rara, los más escépticos hablan incluso en nombre de la religión, a la que no conocen ni comprenden mejor que al Espiritismo. Su argumento es sobre todo lo maravilloso y lo sobrenatural, que ellos no admiten. Ahora bien, conforme a su dictamen, puesto que el Espiritismo se basa en lo maravilloso no puede ser sino una hipótesis ridícula. No reflexionan en que, al poner sin restricciones bajo proceso a lo maravilloso y lo sobrenatural, ponen también en tela de juicio a la religión misma. En efecto, la religión se funda sobre la revelación y los milagros. Ahora bien, ¿qué es la revelación, sino un conjunto de comunicaciones extra-humanas? Todos los autores sagrados, desde Moisés, han hablado de ese tipo de comunicaciones. Y ¿qué son los milagros, sino hechos maravillosos y sobrenaturales por excelencia, puesto que constituyen, en el sentido litúrgico, derogaciones de las leyes de la Naturaleza? En consecuencia, al rechazar lo maravilloso y lo sobrenatural, esos incrédulos no aceptan las bases mismas de la religión. Pero no es este el ángulo desde el cual debemos encarar el asunto. El Espiritismo no se propone examinar si existen o no los milagros, esto es, si Dios ha podido en ciertos casos abolir momentáneamente las leyes eternas que rigen el Universo. A este respecto, la Doctrina Espírita deja toda la libertad de creencia. Pero dice y prueba que los fenómenos sobre los cuales se apoya tienen de sobrenatural sólo la apariencia. Esos fenómenos no son sobrenaturales a los ojos de ciertas personas más que por ser insólitos y estar fuera de los hechos conocidos. Pero no son más sobrenaturales que todos aquellos fenómenos cuya explicación ofrece hoy la ciencia y que en otra época se tenían por maravillosos. Todos los fenómenos espíritas, sin excepción, constituyen el resultado de las leyes generales. Nos revelan uno de los poderes de la Naturaleza, poder desconocido, o mejor dicho, incomprendido hasta el presente, pero que la observación demuestra que está dentro del orden de las cosas. El Espiritismo se funda, pues, menos que la religión misma en los maravilloso y sobrenatural. Los que lo atacan en este aspecto es porque no lo conocen, y aunque sean los más sabios de los hombres les diremos: Si vuestra ciencia, que tantas cosas os enseñó, no os ha enseñado que el dominio de la Naturaleza es infinito, sólo sois sabios a medias.


En EL GÉNESIS SEGÚN EL ESPIRITISMO
CAPÍTULO I

Caracteres de la revelación espírita

Ítem# 40. El estudio de las propiedades del periespíritu, de los fluidos espirituales y de los atributos fisiológicos del alma abre nuevos horizontes a la ciencia y explica una infinidad de fenómenos incomprensibles hasta hoy, debido a la ignorancia de la ley que los gobierna. Estos fenómenos son negados por el materialismo porque se relacionan con lo espiritual, a la vez que calificados de milagros o sortilegios por otras creencias. Tales son, entre otros, los fenómenos de doble vista y de visión a distancia, de sonambulismo, ya sea natural o provocado, de efectos físicos, catalepsia y letargia, presciencia, presentimientos, transfiguraciones, apariciones, transmisión de pensamiento, fascinación, curas instantáneas, obsesiones y posesiones, etcétera. Demostrando que tales fenómenos obedecen a leyes tan naturales como las que rigen para los fenómenos eléctricos, así como las condiciones normales en que se producen, el Espiritismo destruye el imperio de lo maravilloso y sobrenatural, y, en consecuencia, la fuente de la mayor parte de las supersticiones. Al mismo tiempo que hace comprender la posibilidad de ciertos hechos hasta hoy considerados quiméricos, rechaza otros, demostrando su imposibilidad e irracionalidad.


Milagros - Obras Póstumas – Allan Kardec

Manifestaciones de los Espíritus
Carácter y Consecuencias Religiosas de las Mismas

Preliminares

Ítem #6. Sin razón, se sobrecoge la Iglesia al ver que se estrecha el circulo de los hechos milagrosos, puesto que Dios prueba mejor su grandeza y poderío por el admirable conjunto de sus leyes, que por algunas infracciones de las mismas, tanto mas cuanto que ella atribuye al demonio el poder de hacer prodigios, lo que implicaría que, pudiendo el demonio interrumpir el curso de las leyes divinas, seria tan poderoso como Dios. Atreverse a decir que el Espíritu del mal, puede suspender la acción de las leyes de Dios, es una blasfemia y un sacrilegio. La religión, lejos de perder su autoridad, porque hechos tenidos por milagrosos pasen al orden de los hechos naturales, no puede menos que ganar. Ante todo, porque si un hecho es tenido sin razón por milagroso, es un error y la religión no puede dejar de perder, apoyándose en un error, sobre todo si se obstina en mirar como un milagro lo que no lo es. En segundo lugar, no admitiendo muchas personas la posibilidad de los milagros, niegan los hechos reputados milagrosos, y por consiguiente, la religión que en ellos se apoya. Si, por el contrario, la posibilidad de tales hechos es demostrada como consecuencia de las leyes naturales, no hay lugar a rechazarlos, como tampoco a la religión que los proclama.



Estudio Sobre La Naturaleza De Cristo, Libro de Obras Póstumas:

2. Prueban los Milagros la Divinidad de Cristo

Según la Iglesia, la divinidad de Cristo queda principalmente demostrada por
los milagros que atestiguan una fuerza sobrenatural. Esta consideración pudo ser de cierto peso en una época en que lo maravilloso era aceptado sin examen; pero hoy, cuando la ciencia ha llevado sus investigaciones a las leyes de la naturaleza, los milagros hallan mas incrédulos que creyentes: y .lo que ha contribuido no poco a su descrédito, es el abuso de las imitaciones fraudulentas y la explicación que de ello se ha hecho. La fe en los milagros se ha extinguido por el uso que de la misma se ha venido haciendo; resultando que los del Evangelio son considerados en la actualidad por muchas personas, como puramente legendarios.

La Iglesia, por otra parte, quita a los milagros toda su importancia como
prueba de la divinidad de Cristo, declarando que el demonio puede hacerlos tan prodigiosos como aquél; puesto que si el diablo tiene tal poderío, es evidente que los hechos de semejante naturaleza no gozan de un carácter puramente divino. Si puede haber cosas tan maravillosas que llegan a seducir a los mismos elegidos, ¿cómo podrían los simples mortales distinguir los buenos milagros de los malos? ¿Y no es de temer, que, viendo hechos similares, confundan a Dios con Satanás?

Atribuir a Jesús un rival semejante en habilidad, era una insigne torpeza; pero
en materia de contradicciones e inconsecuencias, no se era muy escrupuloso en una época en que los fieles hubiesen elevado a la categoría de caso de conciencia el pensar por sí mismos y. el discutir el más insignificante de los artículos impuestos a su credulidad. No se contaba entonces con el progreso, ni se pensaba en que podría tocar a su término el reino de la fe ciega y sencilla, reino cómodo como el de un placer cualquiera. La misión tan preponderante que se ha obstinado la Iglesia en señalar al demonio, ha producido para la fe desastrosa consecuencias, a medida que los hombres se han sentido capaces para ver con sus propios ojos. El demonio, a quien se, ha explotado con buen éxito por algún tiempo, ha venido a ser la piqueta descargada contra el viejo edificio de las creencias, una de las principales causas de la incredulidad puede decirse que, haciendo de él la Iglesia un auxiliar indispensable: ha alimentado en su seno al que debía revolverse contra ella y minarla en su bases, (Giovanni Papini, excelente escritor católico, con su obra El Diablo apoya esta tesis y con ello el pensamiento espírita en tal materia.)

Otra consideración no menos grave es la de que los hechos milagrosos no
son privilegio exclusivo de la religión cristiana. No hay, en efecto, una, idólatra o pagana, que no haya tenido sus milagros tan maravillosos y auténticos para los adeptos de aquélla como los del cristianismo. La Iglesia se ha privado del derecho de negarlos, atribuyendo a las potencias infernales la facultad de producirlos.

El carácter esencial del milagro en el sentido teológico, es el de ser una
excepción a las leyes de la naturaleza, siendo, por consiguiente, inexplicable por las mismas. Desde el instante en que puede explicarse un hecho y se relaciona con una causa conocida, cesa de ser un milagro. Así es como los descubrimientos de la ciencia han hecho entrar en el dominio de los acontecimientos naturales ciertos efectos calificados de prodigiosos, mientras fue desconocida su causa. Más tarde, el conocimiento del principio espiritual, de la acción de los fluidos sobre la economía, del mundo invisible en medio del cual vivimos, de las facultades del alma, de la existencia y propiedades del periespíritu, ha dado la clave de los fenómenos del orden psíquico y probado que, al igual de los otros, no son derogaciones de las leyes de la naturaleza, sino que, por el contrario, son aplicaciones frecuentes de las mismas. Todos los efectos de magnetismo, de sonambulismo, de éxtasis, de doble vista, de hipnotismo, de catalepsia, de anestesia, de transmisión del pensamiento, de presciencia, de curaciones instantáneas, de posesiones, apariciones y transfiguraciones, etc., que constituyen la casi totalidad de los milagros del Evangelio, pertenecen a semejante categoría de fenómenos.

Actualmente se sabe que esos efectos son resultado de aptitudes y de
disposiciones fisiológicas especiales; que se han producido en todos los tiempos, en todos los pueblos, y que no tienen más títulos para ser considerados como sobrenaturales que todos aquellos cuyas causas eran desconocidas. Esto explica porque todas las religiones han tenido sus milagros, que no son más que hechos naturales, pero casi siempre amplificados hasta el absurdo por la credulidad, la ignorancia y la superstición, a los cuales, empero, reducen a su justo valor los conocimientos actuales, descartando la parte legendaria.

La posibilidad de la mayor parte de los hechos que el Evangelio cita como
realizados por Jesús, esta hoy completamente demostrada por el magnetismo y por el Espiritismo, pasando a ser aquellos meros fenómenos naturales. Puesto que a nuestra vista se producen, ora espontáneamente, ora provocados, nada hay de anormal en que Jesús poseyese facultades idénticas a las de nuestros magnetizadores, curadores, sonámbulos, videntes, médiums, etc. Desde el momento en que esas mismas facultades se hallan, aunque en diferentes grados, en una multitud de individuos que nada tienen de divinos, que hasta se encuentran en los herejes e idólatras, no implican en modo alguno una naturaleza sobre humana.

Si el mismo Jesús calificaba de milagros esos hechos, débese a que, en esto
como en otras muchas cosas, debía apropiar su lenguaje a los conocimientos de sus contemporáneos; pues, ¿cómo podían apreciar estos últimos un matiz del lenguaje que no es hoy comprendido de todos? Las cosas extraordinarias que Él hacia, y que parecían sobrenaturales en aquella sazón y mucho mas tarde aun, eran milagros para el vulgo, que no podía darles otro nombre. Y es digno de notarse el hecho de que se valió de ellos para afirmar la misión que, según sus propias expresiones, había recibido de Dios; pero nunca para atribuirse el poder divino. (Véase El Génesis, capitulo XIII y siguientes, donde están explicados por las leyes naturales todos los milagros del Evangelio).

Preciso es, pues, dejar de incluir los milagros entre las pruebas en que
pretende fundarse la divinidad de la persona de Cristo. Veamos ahora si hallamos tales pruebas en las palabras de Jesús.

Libro de Obras Póstumas – Allan Kardec

El Espiritismo es, sin contradicción, el más poderoso elemento moralizador, porque mina por su base al orgullo y al egoísmo, dando un punto de apoyo a la moral: en materia de conversión, ha hecho milagros; cierto que no son más que curas individuales y con frecuencia parciales; pero lo que ha producido en los individuos es prueba de lo que un día producir en las masas.


Libros de los Espíritus

VIII.- Influencia de los Espíritus sobre los acontecimientos de la vida
525. ¿Ejercen los Espíritus influencia sobre los sucesos de la vida?
- Por cierto que sí, puesto que te aconsejan.

525 a. Ese influjo ¿lo ejercen de otro modo que por medio de los pensamientos que sugieren? Es decir, ¿tienen una acción directa en el cumplimiento o realización de las cosas?
- Sí, pero no obran nunca fuera de las leyes de la naturaleza.

Erróneamente nos imaginamos que la acción de los Espíritus sólo debe manifestarse mediante fenómenos extraordinarios. Querríamos que acudiesen en nuestra ayuda obrando milagros, y nos los representamos siempre como provistos de una varita mágica. No es así, de ningún modo. He ahí por qué su intervención se manifiesta ocultamente y lo que se hace con su concurso se nos imagina como un efecto natural. Así por ejemplo, ellos provocarán la reunión de dos personas que parecerán encontrarse por casualidad. Inspirarán a alguien la idea de pasar por determinado sitio, y llamarán su atención hacia tal punto, si esto debe traer el resultado que desean ellos obtener, de manera que el hombre, creyendo seguir sólo su propio impulso, sigue conservando su libre albedrío.

802. Puesto que el Espiritismo debe señalar un progreso para la humanidad, ¿por qué razón los Espíritus no apresuran ese progreso por medio de manifestaciones de tal modo generales y evidentes que la convicción alcance aun a los más incrédulos?

- Querríais milagros. Dios los siembra a manos llenas y tenéis todavía hombres que de Él reniegan. Cristo mismo ¿convenció acaso a sus contemporáneos con los prodigios que realizaba? ¿No veis hoy mismo a hombres que niegan los hechos más manifiestos que ocurren ante sus propios ojos? ¿No tenéis quienes afirman que no creerían aunque vieran? No, Dios no quiere guiar a los hombres valiéndose de prodigios. En su bondad, desea Él dejarles el mérito de que se convenzan por su propia razón.
Libro de Génesis:
LOS MILAGROS SEGÚN EL ESPIRITISMO
CAPÍTULO XIII
Caracteres de los milagros
Los milagros entendidos teológicamente
1. En su acepción etimológica, la palabra milagro (de mirari, admirar) significa: admirablecosa extraordinaria, sorprendente. La Academia define a esta palabra como: un acto del poder divino contrario a las leyes naturales conocidas.

En su acepción usual, la palabra ha perdido, como tantas otras, su significado primitivo. En un principio, su sentido era general; ahora se limita a un orden específico de hechos. Para la mayoría de las personas, un milagro lleva implícita la idea de un hecho natural. En el sentido litúrgico se llama milagro a una derogación de las leyes naturales, por cuyo medio Dios manifiesta su infinito poder. Tal es su acepción más difundida y, con el tiempo, la única aceptada. Sólo por comparación y sentido metafórico se usa el vocablo en las circunstancias ordinarias de la vida.

El milagro, propiamente dicho, debe ser inexplicable, porque ocurre fuera de las leyes naturales. Tanta importancia se le otorga a este hecho que, si es explicable, deja de ser un milagro, por más sorprendente que sea. Para la Iglesia, el mérito del milagro reside precisamente en su origen sobrenatural y en la imposibilidad de explicarlo: tan fuertemente aferrada a esta idea se halla, que todo intento de asimilar los milagros a los fenómenos naturales se considera un acto de herejía
y un atentado contra la fe. Por no haber aceptado ciertos milagros, muchos han sido excomulgados y otros tantos quemados vivos.

Otro carácter del milagro, en su sentido propio, es su naturaleza de hecho insólito,
excepcional y aislado. Si un fenómeno se reproduce, ya sea espontáneamente o por un acto de voluntad, significa que está sujeto a una ley, y, aunque ésta sea desconocida, ya no se considera al hecho un milagro.

2. A los ojos de los ignorantes, la ciencia hace milagros diariamente. Si un hombre
realmente muerto volviese a la vida gracias a la intervención de Dios, estaríamos frente a un auténtico milagro, porque sería un hecho absolutamente contrario a las leyes naturales. Pero si ese hombre estaba aparentemente muerto, si aún quedaba en él un resto de vitalidad latente y la ciencia o la acción magnética lograran reanimarlo, sólo será un fenómeno natural para la gente culta, pero constituirá un hecho milagroso para los ignorantes. Si un físico lanzase un cometa eléctrico al espacio e hiciese caer un rayo sobre un árbol, seguramente que a este nuevo Prometeo se le consideraría armado con un poder diabólico; pero si se admite el hecho que se atribuye a Josué de
detener el movimiento del Sol o el de la Tierra, seguramente que se lo considerará un verdadero milagro, porque no existe un magnetizador dotado de suficiente poder magnético como para obtener tal prodigio.  Los siglos de oscuridad fueron fecundos en milagros, porque todo fenómeno cuya causa se desconocía era considerado sobrenatural. A medida que la ciencia fue descubriendo nuevas leyes, el círculo milagroso se fue empequeñeciendo; pero como no todo estaba explorado, aún quedaba un amplio terreno para el milagro.

3. Lo maravilloso, expulsado del dominio de lo material por la ciencia, se parapetó tras la espiritualidad, su último refugio. El Espiritismo demostró que el elemento espiritual es una de las fuerzas vivas de la Naturaleza, una fuerza que actúa incesantemente en conjunción con la fuerza material, y esa fuerza forma parte de fenómenos que están dentro del orden natural, puesto que, como los demás, están sujetos a leyes. Si lo maravilloso es expulsado de la espiritualidad, ya no
tiene razón de ser y, por tanto, podrá decirse que los tiempos de los milagros han pasado (cap. I, n.º 18).

El Espiritismo no hace milagros
4. El Espiritismo vino a revelar nuevas leyes y explicar, en consecuencia, los fenómenos que se ajustan a esas leyes. Esos fenómenos se relacionan con la existencia de los espíritus y con su intervención en el mundo material, y eso -se podrá decir-, es entrar en terreno de lo sobrenatural. En tal caso debería probarse que los espíritus y sus manifestaciones son contrarios al orden natural y que ellos no respetan ninguna de tales leyes. El espíritu es el alma que sobrevive al cuerpo; el ser principal, porque no muere, mientras que el cuerpo es sólo un accesorio que fenece. Su existencia es natural durante y después de la encarnación; está sujeta a las leyes que rigen al principio espiritual como el cuerpo está sometido a las que gobiernan al principio material. Pero como ambos principios tienen una afinidad necesaria, como los dos actúan sin interrupción uno sobre el otro, como de su acción simultánea resulta la armonía y el movimiento del conjunto, resulta que lo espiritual y lo material son las dos caras de un mismo todo, igualmente naturales ambas, y que lo espiritual no es una excepción, una anomalía en el orden del Universo.

5. Durante su encarnación, el espíritu actúa sobre la materia por intermedio de su cuerpo fluídico o periespíritu; y lo mismo ocurre cuando el espíritu ha desencarnado. Hace, como espíritu y en la medida de su capacidad, lo que hacía como hombre, sólo que como ya no puede servirse de su cuerpo carnal como instrumento, utiliza, cuando lo cree necesario, los órganos materiales de un
encarnado que es llamado médium. Hace como alguien que, no pudiendo escribir por sí mismo, se sirve de un secretario, o como quien no conociendo un idioma que necesita para darse a entender, se vale de un intérprete. El secretario y el intérprete son los médiums del encarnado, así como el médium es el secretario y el intérprete del espíritu.

6. El ambiente en el que actúan los espíritus y los medios que utilizan son diferentes de los que se valen los encarnados, por lo tanto, los efectos también difieren. Estos efectos parecen sobrenaturales porque los producen agentes que no son los que nosotros utilizamos; pero ya que esos agentes son parte de la Naturaleza y que las manifestaciones se cumplen en virtud de ciertas leyes, no hay en ellos nada de sobrenatural ni maravilloso. Antes de conocer las propiedades de la electricidad, los fenómenos eléctricos pasaban por prodigios a los ojos de ciertas personas; desde el momento en que se conoció la causa, lo maravilloso desapareció. Lo mismo podemos decir con respecto a los fenómenos espíritas, ellos tampoco se apartan de las leyes naturales. Podemos
compararlos con los fenómenos acústicos, luminosos y eléctricos que también han sido fuente de infinidad de creencias supersticiosas.

7. Sin embargo, se podrá decir: Vosotros admitís que un espíritu puede levantar una mesa y sostenerla en el aire sin punto de apoyo alguno, ¿no constituye ese hecho una derogación de la ley de gravedad? Sí, de la ley conocida; pero, ¿conocemos todas las leyes acaso? Antes de experimentar la fuerza ascensional de ciertos gases, ¿quién hubiera podido creer que un aparato pesado, llevando varios hombres en su interior, vencería a la fuerza de atracción? A los ojos del vulgo, ¿no era esto algo diabólico, maravilloso? Si alguien hubiese propuesto, hace un siglo, transmitir un mensaje a quinientos kilómetros de distancia y recibir respuesta en escasos minutos, se le habría tomado por loco; si lo hubiera hecho, se hubiese creído que tenía el diablo a sus órdenes, ya que en ese entonces se pensaba que sólo el diablo podía ir tan deprisa. Sin embargo, hoy no sólo parece posible, sino también totalmente natural. ¿Por qué, pues, un fluido desconocido no puede tener tal propiedad, en determinadas circunstancias, así como el hidrógeno puede contrabalancear el peso del globo? Lo mismo ocurre en el caso que estamos tratando (El Libro de los Médiums, cap. IV).

8. Los fenómenos espíritas están dentro del orden de la Naturaleza y se produjeron en todos los tiempos, pero, precisamente porque su estudio no podía realizarse con los medios materiales que disponía la ciencia vulgar, durante muchísimo tiempo se los consideró sobrenaturales. El Espiritismo es el encargado de revelar su verdadera naturaleza. Lo sobrenatural, basado en apariencias no explicadas, echa a volar la imaginación que, vagando en lo desconocido, crea creencias supersticiosas. Una explicación racional basada en las leyes de la Naturaleza vuelve al hombre a la realidad, pone coto a los extravíos de la imaginación y destruye las supersticiones. El Espiritismo no extiende los dominios de lo sobrenatural, por el contrario, restringe su amplitud y hace desaparecer su último refugio. Si bien lleva a creer en la posibilidad de ciertos hechos, impide la aceptación de muchos otros, porque actúa en el ámbito de lo espiritual, como la ciencia lo hace en el de lo material, diferenciando lo que es posible de lo que no lo es. No obstante, como no pretende tener la última palabra en todas las cosas, ni siquiera en las que le competen, no se yergue en regulador absoluto de lo que es factible y da lugar a los conocimientos que aportará el porvenir.

9. Los fenómenos espíritas consisten en los diferentes modos de manifestación del alma o espíritu, ya sea durante la encarnación o en el estado de erraticidad. Mediante esas manifestaciones el alma revela su existencia, su supervivencia y su individualidad. Se la juzga por sus efectos: al ser la causa natural, también debe serlo el efecto. Esos efectos son el objeto primordial de las investigaciones y estudios del Espiritismo, a fin de llegar al conocimiento más completo y posible
de la naturaleza y atributos del alma, así como de la leyes que rigen al principio espiritual.

10. Para quienes niegan la existencia del principio espiritual independiente y, en
consecuencia, la del alma individual que sobrevive, toda la Naturaleza se limita a la materia tangible. Todos los fenómenos que se relacionan con lo espiritual son, a sus ojos, sobrenaturales y quiméricos. Al no admitir la causa, no pueden admitir el efecto. Cuando los efectos son patentes, los atribuyen a la imaginación, la ilusión o la alucinación, rehusando profundizarlos. Como parten del principio de negación de todo lo que no es material, sus opiniones preconcebidas no les permiten
juzgar sanamente al Espiritismo.

11. Si bien el Espiritismo admite los efectos que son consecuencia de la existencia del alma, no por ello acepta todos los efectos calificados como maravillosos ni tampoco intenta justificarlos o acreditarlos. No es ciertamente el Espiritismo el defensor de todos los sueños, utopías, excentricidades sistemáticas y leyendas milagrosas que pululan por el mundo. Sus enemigos creen rebatir todos sus argumentos, cuando después de concienzudas investigaciones sobre los convulsionarios de Saint-Médard, los camisarios de las Cevennes o las religiosas de Loudun, descubren que estos hechos fueron meros engaños que nadie pone en duda hoy. Pero, ¿acaso estas historias constituyen el evangelio del Espiritismo? ¿Han negado acaso sus partidarios que el charlatanismo ha explotado para su provecho ciertos hechos, que la imaginación ha fraguado otros, y que el fanatismo ha exagerado mucho? El Espiritismo no es solidario de las extravagancias que pueden cometerse en su nombre, como la verdadera ciencia no lo es de los abusos de la ignorancia, ni la verdadera religión de los excesos del fanatismo. Muchos críticos juzgan al Espiritismo como cuentos de hadas y leyendas populares, que no son más que meras ficciones del hombre, pero esto es como juzgar a la historia por los dramas y las novelas que se escriben sobre temas históricos.

12. Los fenómenos espíritas son casi siempre espontáneos y se producen sin ninguna idea preconcebida en personas totalmente ajenas a los mismos. En ciertas circunstancias, pueden ser provocados por los agentes llamados médiums. En el primer caso, el médium es inconsciente de lo que ocurre por su intermedio. En el segundo, actúa con conocimiento de causa. De ahí la distinción entre médiums inconscientes y médiums conscientes. Estos últimos son los más numerosos y, a menudo, se encuentran entre los incrédulos más obstinados, que hacen espiritismo sin saberlo ni quererlo. Los fenómenos espontáneos tienen, por ello, una gran importancia, ya que no se puede dudar de la buena fe de quienes los producen. Lo mismo ocurre con el sonambulismo, que en algunos es natural e involuntario y en otros provocado por la acción magnética.1
1. Véase El Libro de los Médiums, cap. V, y la Revista Espírita: “Cómo viene el Espiritismo: viene sin ser buscado. Joven campesina médium inconsciente”, de diciembre de 1865, y “Manifestaciones de Fives”, de agosto de 1865. [N. de A. Kardec.]

Pero sean o no el resultado de un acto de la voluntad, la causa primera es la misma y no se aparta de las leyes naturales. Los médiums no producen nada sobrenatural; tampoco hacen milagros. Las curaciones instantáneas no son más milagrosas que el resto de los fenómenos, ya que se deben a la acción de un agente fluídico que actúa como agente terapéutico, cuyas propiedades no dejan de ser naturales por haber sido desconocidas hasta la fecha. El epíteto de taumaturgos, dado a ciertos médiums por la crítica ignorante de los principios del Espiritismo, es totalmente impropio. La calificación de milagros dada a este tipo de fenómenos es también inadecuada y sólo sirve para confundir sobre su verdadera naturaleza.

13. La intervención de inteligencias ocultas en los fenómenos espíritas no vuelve a éstos más milagrosos que todos los demás fenómenos debidos a agentes invisibles, porque esos seres invisibles que pueblan el espacio constituyen una de las fuentes de poder de la Naturaleza, poder de incesante acción sobre el mundo material, al igual que sobre el mundo moral. El Espiritismo nos ilustra acerca de este poder y nos explica por su intermedio una infinidad de cosas inexplicables y no explicadas por otros medios y que, en tiempos pasados, se consideraron prodigios. Revela, como el magnetismo, una ley, no desconocida, pero muy mal comprendida, o, dicho con más exactitud, se conocían los efectos, ya que se produjeron en todos los tiempos, pero se desconocía la ley, y justamente la ignorancia de esta ley engendró la superstición. Una vez en conocimiento de ella, lo maravilloso desaparece y los fenómenos vuelven al orden natural al que pertenecen. He aquí por qué los espíritas no hacen milagros haciendo girar una mesa o intentando que escriban los muertos, al igual que el médico al revivir a un moribundo o el físico al descargar un rayo. Quien pretendiese, con la ayuda de esta ciencia, hacer milagros, sería un ignorante de la materia o un impostor.

14. Ya que el Espiritismo repudia, respecto a todo lo que a él concierne, la calificación de milagro, fuera de el, ¿hay milagros, en la verdadera acepción de la palabra? Digamos, en principio, que entre los hechos considerados milagrosos que ocurrieron antes del advenimiento del Espiritismo y entre los que ocurren hoy, la mayor parte, si no todos, encuentran explicación en las leyes que el Espiritismo ha venido a revelar. Esos hechos entran, aunque bajo otro nombre, en el orden de los fenómenos espíritas y, como tales, no tienen nada de sobrenaturales. Se comprende que nos referimos a hechos auténticos y no a aquellos que, calificándolos de milagro, son el producto de una superchería innoble con vistas a explorar la credulidad, así como a ciertos hechos legendarios que pueden haber tenido, en su origen, un fondo de verdad, pero que la superstición ha ampliado hasta el absurdo. Son esos hechos los que el Espiritismo viene a aclarar, suministrando los medios necesarios para separar lo auténtico de lo falso.

¿Dios hace milagros?
15. En cuanto a los milagros propiamente dichos, como nada es imposible para Dios, sin duda, puede hacerlos; pero ¿los ha hecho?, en otras palabras: ¿Deroga Dios las leyes que ha establecido? No corresponde al hombre prejuzgar los actos de Dios y subordinarlos a la debilidad de su entendimiento. Sin embargo, para abrir un juicio sobre las cosas divinas, tenemos los atributos de Dios. A su omnipotencia une su soberana sabiduría, de lo que deducimos que nada inútil hace. ¿Para qué haría milagros, entonces? Para dar testimonio de su poder, se podrá decir. Pero el poder de Dios se manifiesta de una manera mucho más espléndida por el conjunto grandioso de las obras de la Creación, por la sabiduría previsora que preside desde lo más ínfimo a lo más grande y por la armonía de las leyes que rigen al Universo que por algunas pequeñas y pueriles derogaciones
posibles de imitar por los prestidigitadores. ¿Qué pensaríamos de un hábil mecánico que para probar sus conocimientos desmontara el reloj que ha hecho, toda una obra de arte, con el propósito de demostrar que puede deshacer lo que ha hecho? Por el contrario, ¿su saber no surge de la regularidad y precisión del funcionamiento? Los milagros no competen directamente al Espiritismo, mas, apoyándose sobre el razonamiento que dice que Dios nada hace inútilmente, emite la siguiente opinión: los milagros no son necesarios para la glorificación de Dios. Nada en el Universo se aparta de las leyes generales. Dios no hace milagros, porque al ser sus leyes perfectas, no precisa derogarlas. Si hay hechos que no comprendemos, es porque nos falta aún los conocimientos necesarios.

16. Suponiendo que Dios haya podido, por razones desconocidas por nosotros, derogar accidentalmente las leyes que Él mismo estableció, haría que esas leyes ya no fuesen inmutables, pero al menos la lógica está en admitir sólo en Él tales poderes. Pero resulta que se le resta su omnipotencia, al enseñar que el espíritu del mal puede deshacer la obra de Dios, haciendo prodigios capaces de seducir hasta a los elegidos, lo que implica la idea de un poder igual al de Dios. Si Satanás puede interrumpir, sin el permiso de Dios, el curso de las leyes naturales, que son la obra divina, entonces es más poderoso que Dios y, por tanto, Éste no es omnipotente. Si Dios le delega ese poder, como se pretende, para inducir más fácilmente a los hombres al mal, entonces no es soberanamente bueno. En ambos casos, se trata de la negación de uno de los atributos sin los cuales Dios no es Dios. La iglesia diferencia los buenos milagros que provienen de Dios de los malos milagros atribuidos a Satanás. Pero, ¿cómo distinguirlos? Que un milagro sea declarado oficialmente o no como tal, no por eso deja de ser una derogación de las leyes de Dios: si un individuo es curado milagrosamente, ya sea por la intervención de Dios o del demonio, igualmente ha sido curado. Es preciso tener una idea muy pobre de la inteligencia humana como para esperar que tales doctrinas sean aceptadas en la actualidad. Reconocida la posibilidad de ciertos hechos tenidos por milagrosos, se deduce por fuerza que, cualquiera que sea el origen que se les atribuya, son efectos naturales que pueden producir los espíritus o los encarnados, así como pueden servirse de su propia inteligencia y conocimientos científicos para el bien o para el mal, según su bondad o perversidad. Un ser lleno de maldad, aprovechando su saber, puede hacer cosas que pasen por prodigios a los ojos de los ignorantes. Pero cuando esos efectos son buenos no es lógico pensar que son producto de un ser diabólico.

17. Pero, se dirá, la religión se apoya sobre hechos que no se han explicado ni pueden explicarse. Inexplicados, puede ser; pero inexplicables, no lo creemos así. Sin hablar del milagro de la Creación, que es sin duda alguna el mayor de todos los milagros y que ha entrado en los dominios de la ley universal, ¿no vemos, acaso, reproducirse, bajo el imperio del magnetismo, del sonambulismo y del Espiritismo, los éxtasis, las apariciones, la visión a distancia, las curaciones
instantáneas, el arrobamiento, las comunicaciones orales y de otras clases con los seres del mundo invisible, fenómenos conocidos desde tiempos inmemoriales, considerados antaño maravillosos y pertenecientes, según se sabe hoy, al orden de las cosas naturales, según la ley constitutiva de los seres? Los libros sagrado están llenos de hechos de este género calificados de sobrenaturales, pero como se encuentran hechos análogos y más maravillosos aún en las religiones paganas de la antigüedad, si la verdad de una religión dependiera del número y de la naturaleza de estos hechos, no se podría otorgar preeminencia a ninguna.

Lo sobrenatural y las religiones
18. Suponer que el fundamento imprescindible de toda religión es lo sobrenatural, que es la clave del edificio de la cristiandad, es sostener una tesis peligrosa. Si se considera que las verdades cristianas sólo se basan en lo maravilloso, se le otorga un cimiento demasiado precario que se va desgastando a diario. Esta tesis, sostenida por eminentes teólogos que se han erigido en sus defensores, lleva a pensar que en un determinado momento ya no habrá religión alguna, incluso la cristiana, si lo que era considerado sobrenatural se nos mostrase como natural. Por más argumentos que se aduzcan, no se logrará mantener la creencia de que un hecho es milagroso, cuando se ha probado que no lo es. Pues bien, cuando un hecho puede ser explicado por las leyes naturales y ser reproducido por la intervención de un individuo cualquiera deja las leyes de la Naturaleza. Las religiones no precisan de lo sobrenatural, sino del principio espiritual, que sucede confundirse con lo maravilloso y sin el cual no hay religión posible. El Espiritismo considera a la religión cristiana desde un punto de vista más elevado. Le da una base más sólida que los milagros: las leyes inmutables de Dios, que rigen tanto al principio espiritual como al material. Esta base desafía al tiempo y a la ciencia y ambos vendrán a sancionarla. Dios no es menos digno de nuestra admiración, de nuestro reconocimiento y respeto por no haber derogado sus leyes, que son perfectas, sobre todo, por su inmutabilidad. No es necesario lo sobrenatural para tributar a Dios el culto que es debido. ¿Acaso no es la Naturaleza lo suficientemente imponente por sí misma como para necesitar agregarle aditamentos y probar el poder supremo? Si la religión fuese sancionada por la razón, habría muchísimos menos incrédulos. El cristianismo nada podría perder con esa sanción, pero sí ganar mucho. Si hubo algo que le perjudicó frente a la opinión de ciertas personas, fue precisamente por el abuso en recurrir a lo sobrenatural.

19. Si se toma la palabra milagro en su acepción etimológica, cosa admirable, entonces los milagros nos rodean: los aspiramos en el aire y los tocamos al caminar, puesto que todo es milagro en la Naturaleza. ¿Se quiere dar al pueblo, a los ignorantes y a los pobres de espíritu una idea del poder de Dios? Mostradles ese poder en la sabiduría infinita que todo lo preside en la admirable organización de lo que vive, en la fructificación de las plantas, en la adecuación de todas las partes de cada ser a sus necesidades, de acuerdo al medio en que vive. Mostradles la acción de Dios en la brizna de hierba, en la flor que se abre, en el Sol que da vida. Mostradles su bondad en su solicitud hacia todas las criaturas, por ínfimas que sean; su previsión en la razón de ser de cada cosa, entre las que ninguna es inútil; el bien que siempre sirve de epílogo al mal aparente y momentáneo. Hacedles comprender que el verdadero mal siempre es obra del hombre y no de Dios. No tratéis de aterrorizar pintándoles el cuadro de las llamas eternas, en las cuales no creerán, y que los llevarán a descreer de la bondad divina. Mas, dadles ánimo con la certidumbre de poder redimirse un día y de reparar el mal que hayan cometido. Mostradles los descubrimientos de la ciencia como revelación de las leyes divinas y no como obra de Satanás. Enseñadles a leer el libro de la Naturaleza, siempre abierto ante sus ojos, en ese libro inagotable en donde la bondad y sabiduría del Creador están inscritas en cada página. Entonces comprenderán que un Ser tan grande, que se ocupa de todo, que todo lo vigila, que todo lo prevé, debe ser omnipotente. El campesino lo verá en el surco que abre en la tierra y el infortunado lo bendecirá en sus aflicciones, ya que podrá decir: si soy desgraciado, es por mi culpa. Sólo entonces serán los hombres auténticamente religiosos, racionalmente religiosos, en una medida mucho mayor que cuando creían en las piedras que sudan sangre y en las estatuas que pestañean y vierten lágrimas.

Genesis
CAPÍTULO XV
Los milagros en el Evangelio
Superioridad de la naturaleza de Jesús
1. Los hechos relatados en el Evangelio, hasta hoy considerados milagros, pertenecen, en su mayoría, al orden de los fenómenos psíquicos, es decir, al grupo de aquellos hechos cuya causa primera se encuentra en las facultades y atributos del alma. Comparándolos con los descritos y explicados en el capítulo precedente, se reconoce fácilmente una identidad de causa y efecto entre ambos. La historia nos muestra casos análogos ocurridos en todas las épocas y pueblos, lo que es lógico, pues desde que hay almas encarnadas y desencarnadas han debido producirse tales fenómenos. Se puede dudar de la veracidad de los relatos históricos, mas hoy se producen los mismos hechos ante nuestros ojos, casi diría a voluntad, y a través de individuos totalmente comunes. El solo hecho de la reproducción de un fenómeno en condiciones idénticas, basta para probar que es posible y que está sujeto a una ley, por lo cual no es un milagro.

El principio de los fenómenos psíquicos reposa -tal cual se ha dicho ya-, sobre las propiedades del fluido periespiritual que constituye el agente magnético. En él se fundamentan todas las manifestaciones de la vida espiritual, durante la encarnación y después de la muerte, siendo ésa la consecuencia del estado constitutivo de los espíritus y su papel como fuerza activa de la Naturaleza. Una vez conocidos estos elementos y constatados sus esfuerzos, se puede admitir la posibilidad de ciertos hechos que antes se rechazaban, ya que se les atribuía un origen sobrenatural.

2. Sin prejuzgar sobre la naturaleza de Cristo, tema que no es objeto de la presente obra, y no considerándolo, por hipótesis, sino como un espíritu superior, es necesario reconocer que él es un espíritu del orden más elevado, muy superior por sus virtudes al hombre común terrestre. Debido al prodigioso resultado que produjo su venida, sabemos que su encarnación en este mundo fue una misión confiable solamente a los mensajeros directos de la Divinidad para el cumplimiento de sus designios. Suponiendo que Cristo no fuese Dios encarnado, sino un enviado de Él encargado de transmitir su palabra, Cristo sería más que un profeta, sería un Mesías divino. Como hombre poseía la organización de los seres carnales. Pero como espíritu puro, liberado de las influencias de lo terreno, vivía más de la vida espiritual que de la corporal, de la cual no poseía una sola debilidad. La superioridad de Jesús sobre los hombres no se relacionaba con las cualidades particulares de su cuerpo, sino con sus perfecciones espirituales. Su espíritu dominaba totalmente a la materia y también a su periespíritu, formado con los elementos más puros de los fluidos terrestres (cap. XIV, n.º 9). Su alma debía unirse al cuerpo sólo para lo más indispensable. Debido a la más amplia liberación de su espíritu, poseería la facultad de doble vista permanente que, además de una penetración excepcional, sería totalmente superior a la que poseen
los hombres comunes. Lo mismo debía ocurrir con todos los fenómenos que dependen de los fluidos periespirituales o psíquicos. La calidad de esos fluidos le otorgaban un inmenso poder magnético que era favorecido por su deseo incesante de hacer el bien. En las curaciones que realizaba, ¿actuaba Jesús como un médium? ¿Se le puede considerar un poderoso médium curativo? No, porque el médium es un intermediario, un instrumento que sirve a los espíritus desencarnados, y Cristo no necesitaba asistencia: actuaba sin ayuda, en razón de su poder personal, así como pueden hacerlo en ciertos casos los encarnados en la medida de sus fuerzas. Por otra parte, ¿qué espíritu hubiese osado insuflarse sus propios pensamientos y encomendarle la retransmisión? Si recibía alguna influencia extraña, ésta sólo podía provenir de Dios, ya que según la definición dada por un espíritu, Jesús era Médium de Dios.

Resurrecciones: La hija de Jairo
37. “Pasando otra vez Jesús en una barca a la otra orilla, se reunió alrededor de él una gran multitud. Y él estaba junto al mar. Y vino uno de los principales de la sinagoga, llamado Jairo. Y luego que le vio, se postró a sus pies, y le rogaba mucho, diciendo: Mi hija está agonizando; ven y pon las manos sobre ella para que sea salva, y vivirá. “Fue, pues, con él, y le seguía una gran multitud, y le apretaban. “Mientras él (Jairo) aún hablaba, vinieron de casa del principal de la sinagoga, diciendo: Tu hija ha muerto. ¿Para qué molestas más al Maestro? Pero Jesús, luego que oyó lo que se decía, dijo al principal de la sinagoga: No temas, cree solamente. Y no permitió que le siguiese nadie sino Pedro, Jacobo, y Juan, hermano de Jacobo. “Y vino a casa del principal de la sinagoga, y vio el alboroto a los que lloraban y lamentaban mucho. Y entrando, les dijo: ¿Por qué alborotáis y lloráis? La niña no está muerta, sino duerme. Y se burlaban de él. Mas él, echando fuera a todos, tomó al padre y a la madre de la niña, y a los que estaban con él, y entró donde estaba la niña. Y tomando la mano de la niña, le dijo: Talita cumi, que traducido es: Niña, a ti te digo, levántate. Y luego la niña se levantó y andaba, pues tenía doce años. Y se espantaron grandemente. Pero él les mandó mucho que nadie lo supiese, y dijo que se le diese de comer” (San Marcos, 5:21 a 24 y 35 a 43).

El hijo de la viuda de Naín
38. “Aconteció después, que él iba a la ciudad que se llama Naín, e iban con él muchos de sus discípulos, y una gran multitud. Cuando llegó cerca de la puerta de la ciudad, he aquí que llevaban a enterrar a un difunto, hijo único de su madre, la cual era viuda. Y había con ella mucha gente de la ciudad. Y cuando el señor la vio, se compadeció de ella; y le dijo: No llores. Y acercándose, tocó el féretro, y los que lo llevaban se detuvieron. Y dijo: Joven, a ti te digo, levántate. Entonces se incorporó el que había muerto, y comenzó a hablar. Y lo dio a su madre. “Y todos tuvieron miedo, y glorificaban a Dios, diciendo: Un gran profeta se ha levantado entre nosotros, y Dios ha visitado a su pueblo. Y se extendió la fama de él por toda Judea, y por toda la región de alrededor” (San Lucas, 7:11 a 17).

39. El regreso a la vida corporal de un individuo muerto es algo contrario a las leyes naturales y, por ende, sería un milagro. Ahora bien, no es necesario recurrir a este orden de hechos para explicar las resurrecciones operadas por Jesús. Si entre nosotros las apariencias engañan a los mismos médicos, los accidentes de esa clase debían ser mucho más frecuentes en un país en el que no se tomaban precauciones al respecto y donde se enterraba inmediatamente al muerto sin velarlo.2 Es muy probable que en estos dos casos
contribuido a destruir su propio imperio y habría empleado su poder contra sí mismo. Ciertamente, sería un extraño demonio el que tratara de destruir el reinado del vicio para restablecer el de la virtud. Por eso Jesús, para
rechazar la absurda acusación de los judíos, les decía: “Si Satanás echa fuera a Satanás, contra sí mismo está dividido; ¿cómo, pues, permanecerá su reino?”; y esta respuesta no admite réplicas.” Tal es el argumento que oponen los espíritas a quienes intentan atribuir los buenos consejos de los espíritus al demonio. De esta forma, el demonio actuaría como un ladrón profesional que devuelve todo lo que quita y que, además, insta a los demás ladrones a convertirse en gente honesta. [N. de A. Kardec.]
2. En Hechos de los Apóstoles, 5:5 a 10, tenemos un ejemplo claro de esta costumbre: “Al oír Ananías estas palabras, cayó y expiró. Y vino un gran temor sobre todos los que oyeron. Y levantándose los jóvenes, lo envolvieron, y sacándolo, lo sepultaron. Pasado un lapso como tres horas, sucedió que entró su mujer, no sabiendo lo que había acontecido. Entonces Pedro le dijo: Dime, ¿vendisteis en tanto la heredad? Y ella dijo: Sí, en tanto. Y Pedro le dijo: ¿Por qué convinisteis en tentar al Espíritu del Señor? He aquí a la puerta los pies de los que han sepultado a tu marido, y te sacarán a ti. Al instante ella cayó a los pies de él, y expiró; y cuando entraron los jóvenes, le hallaron muerta; y la sacaron, y la sepultaron junto a su marido.” [N. de A. Kardec.]
relatados se tratase de un sincope o un letargo. Jesús mismo dice sobre la hija de Jairo: La niña no está muerta, sino duermeDada la potencia fluídica de Jesús, no nos sorprende que ese fluido vivificante, comandado por una voluntad férrea, haya reanimado los sentidos embargados. Que haya, incluso, podido devolver al cuerpo el espíritu próximo a abandonarlo, siempre que el lazo periespiritual no estuviese definitivamente roto. Para los hombres de entonces que creían muerto al individuo una vez que dejaba de respirar, Jesús operaba una resurrección y, seguramente, estaban convencidos que de eso se trataba, aunque en realidad se verificase una curación y no una resurrección.

40. La resurrección de Lázaro, aunque se diga lo contrario, no anula este principio. El evangelio nos dice que hacía cuatro días que se encontraba en el sepulcro. Mas hoy sabemos que ciertos letargos pueden durar ocho días y más aún. También se dice que despedía mal olor, lo que es un signo de descomposición. Esto tampoco prueba nada, ya que en ciertos individuos hay descomposición parcial del cuerpo, incluso antes de morir, con exhalación del mal olor. Pero la muerte no llega hasta que haya sido alcanzados los órganos vitales. Por otra parte, ¿quién podía atestiguar que olía mal? Su hermana Marta lo dice, pero, ¿cómo lo sabía ella? Lo suponía porque Lázaro había sido enterrado cuatro días antes, pero no podía estar segura (cap. XIV, n.º 29).3

Jesús camina sobre las aguas
41. “Enseguida Jesús hizo a sus discípulos entrar en la barca e ir delante de él a la otra ribera, entre tanto que él despedía a la multitud. Despedida la multitud, subió al monte a orar aparte, y cuándo llegó la noche, estaba allí solo. “Y ya la barca estaba en medio de mar, azotada por las olas, porque el viento era contrario.

Mas a la cuarta vigilia de la noche, Jesús vino a ellos andando sobre el mar. Y los discípulos, viéndole andar sobre el mar,4 se turbaron, diciendo: ¡Un fantasma! Y dieron voces de miedo. Pero en seguida Jesús les habló, diciendo: ¡Tened ánimo, yo soy, no temáis! “Entonces les respondió Pedro, y dijo: Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas. Y él dijo: Ven. Y descendiendo Pedro de la barca, andaba sobre las aguas para ir a Jesús. Pedro al ver el viento, tuvo miedo, y comenzando a hundirse, dio voces, diciendo: ¡Señor, sálvame! Al momento Jesús, extendiendo la mano, asió de él, y le dijo: ¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste? Y cuando ellos subieron en la barca, se calmó el viento. Entonces los que estaban en la barca vinieron y le adoraron, diciendo: Verdaderamente eres Hijo de Dios” (San Mateo, 14:22 a 33).

42. Este fenómeno está explicado en el cap. XIV, n.º 43.
Ejemplos análogos prueban que no es ni imposible ni milagroso, ya que forma parte de las leyes naturales. Puede verificarse de dos maneras. Jesús, aunque vivo, pudo presentarse sobre el agua en forma tangible, mientras que su
cuerpo carnal se hallaba en otra parte; esta hipótesis es la más probable. Incluso se describen en el relato ciertos rasgos característicos de las apariciones tangibles (cap. XIV, n.º 35, 36 y 37). Pudo ocurrir, también, que su cuerpo haya sido sostenido y su peso neutralizado por la misma fuerza fluídica que sostiene una mesa en el aire sin punto de apoyo alguno. El mismo efecto se ha producido muchas veces con cuerpos humanos.
3. El hecho que relataré prueba que a veces la descomposición antecede a la muerte. En el convento del Buen Pastor, fundado en Tolón por el abate Marin, capellán del presidio, para dar albergue a mujeres arrepentidas, se encontraba una mujer joven que había soportado los sufrimientos más terribles con la calma y la impasibilidad de una víctima expiatoria. En medio de los dolores, parecía sonreír a una visión celestial. Como Santa Teresa, pedía sufrir más aún, su carne caía a pedazos y la gangrena iba extendiéndose por todos sus miembros; los médicos habían decidido inhumar el cuerpo inmediatamente después del deceso. Pero, ¡cosa extraña!, en cuanto la paciente exhaló el último suspiro, la descomposición se detuvo; las emanaciones cadavéricas cesaron y durante treinta y seis horas estuvo expuesta a las oraciones y a la veneración de la comunidad. [N. de A. Kardec.4. El lago de Geneesaret o mar de Tiberíades. [N. de A. Kardec.

Transfiguración

43. “Seis días después, Jesús tomó a Pedro, a Jacobo y a Juan, y los llevó aparte solos a un monte alto5 y se transfiguró delante de ellos. Y sus vestidos se volvieron resplandecientes, muy blancos, como la nieve, tanto que ningún lavador en la tierra los puede hacer tan blancos. Y les apareció Elías con Moisés, que hablaban con Jesús. “Entonces Pedro dijo a Jesús: Maestro, bueno es para nosotros que estemos aquí. Y hagamos tres enramadas, una para ti, otra para Moisés, y otra para Elías. Porque no sabía lo que hablaba, pues estaban espantados.
“Entonces vino una nube que les hizo sombra, y desde la nube una voz que decía: Este es mi Hijo amado, a él oíd. “Y luego, cuando miraron, no vieron más a nadie consigo, sino a Jesús solo. “Y descendiendo ellos del monte, les mandó que nadie dijese lo que habían visto, sino cuando el Hijo del Hombre hubiese resucitado de los muertos” (San Marcos, 9:2 a 9).

44. Una vez más se debe buscar la causa de este fenómeno en las propiedades del fluido periespiritual. La transfiguración, explicada en el cap. XIV, n.º 39, es un hecho bastante común, pues por medio de la irradiación fluídica un individuo puede modificar su apariencia. Pero la pureza del periespíritu de Jesús le permitió a su espíritu adquirir un brillo excepcional. En cuanto a las apariciones de Moisés y de Elías, podemos considerarlas totalmente dentro de los fenómenos de
este género (cap. XIV, n.º 35 y ss.) De todas las facultades que poseía Jesús, ninguna se encuentra fuera de las posibilidades humanas, dado que todas existen en el hombre común y porque ellas están en la Naturaleza. Pero
debido a la superioridad de su esencia moral y a su calidad fluídica, alcanzaban en Él propiedades superiores a las del vulgo. Fuera de su envoltura carnal. Él representa el estado de los espíritus puros.

La tormenta apaciguada
45. “Aconteció un día, que entró en una barca con sus discípulos, y les dijo: Pasemos al otro lado del lago. Y partieron. Pero mientras navegaban, él se durmió. Y se desencadenó una tempestad de viento en el lago, y se anegaban y peligraban. Y vinieron a él y le despertaron, diciendo:
¡Maestro, que perecemos! Despertando él, reprendió al vient o y a las olas, y cesaron, y se hizo bonanza. Y les dijo: ¿Dónde está vuestra fe? Y atemorizados, se maravillaban, y se decían unos a otros: ¿Quién es éste, que aun a los vientos y a las aguas manda, y le obedecen?” (San Lucas, 8:22 a 25).

46. Aún no conocemos lo suficiente los secretos de la Naturaleza para afirmar o negar la existencia de inteligencias ocultas presidiendo el accionar de los elementos. En la hipótesis afirmativa, el fenómeno en cuestión podría ser el resultado de un acto de autoridad sobre esas mismas inteligencias y probaría una potestad que no es dada a ningún hombre ejercer. Pero en cualquiera de los casos, el sueño tranquilo de Jesús durante la tempestad asegura que nada pasará, ya que su espíritu veía que no había ningún peligro y que la tempestad se
apaciguaría.

Las bodas de Caná
47. Este milagro sólo es mencionado en el Evangelio según San Juan, y él es señalado como el primer operado por Jesús, razón por la que debería haber sido más comentado y tenido en cuenta. Pero debe haber causado escasa sensación, puesto que los demás evangelistas no lo relatan.
5. El monte Thabor o Tabor al S.O. Del lago de Tabarich, a 11 kilómetros al S.E. De Nazaret, de unos seiscientos metros de altura. [N. de A. Kardec.]
Un hecho de tal magnitud debería haber sorprendido a los invitados y al dueño de la casa, pero éstos parecen no haberse siquiera percatado del hecho.
Considerado en sí mismo, el hecho presenta una importancia ínfima en comparación con los restantes que atestiguan verdaderamente las cualidades espirituales de Jesús. Suponiendo que las cosas hayan ocurrido tal cual son relatadas por San Juan, es de notar que es el único fenómeno de este tipo producido por Jesús. Él era de una naturaleza demasiado elevada como para dedicarse a los efectos puramente materiales, adecuados sólo para despertar la curiosidad de la gente, que lo hubiera tomado por un mago. Sabía que las cosas útiles conquistarían más simpatía y lograrían mayor número de adeptos, que aquellas otras que pudiesen considerarse pruebas de habilidad y que
no llegasen al corazón (n.º 27). Aunque el hecho puede explicarse, hasta cierto punto, por la acción fluídica que habría cambiado las propiedades del agua otorgándole el gusto de vino, como se han dado casos por medio
del magnetismo, esta hipótesis sigue siendo poco probable, ya que el agua hubiese tenido el gusto del vino, pero hubiera conservado su color, lo que no habría pasado inadvertido. Es más lógico considerar a este hecho una parábola, como las tantas que pronunció Jesús cuando enseñaba, tales
como la del Hijo Pródigo, la del Festín de Bodas, la del Rico, la de la Higuera Seca y tantas otras que parecen hechos auténticos. Habría hecho durante la comida una alusión al vino y al agua para dejar una enseñanza. Lo que parece justificar esta opinión son las palabras que le dirige con este motivo el maestresala: “Todo hombre sirve primero el buen vino, y cuando ya han bebido mucho, entonces el inferior. Mas tú has reservado el buen vino hasta ahora.” Entre ambas hipótesis, preciso es elegir la más racional. Los espíritas no son tan crédulos como para ver por doquier fenómenos, ni tan extremos como para intentar explicarlo todo mediante los fluidos.

La multiplicación de los panes
48. La multiplicación de los panes es uno de los milagros que más ha intrigado a los exégetas y alimentado la locuacidad de los incrédulos. Sin intentar sondear el sentido alegórico, estos últimos consideraron al hecho una fábula pueril. No obstante, quienes estudiaron con seriedad el texto comprendieron que, aunque en una forma diferente de la ordinaria, este relato encierra una parábola que compara al alimento espiritual del alma con el alimento del cuerpo. Con todo, se puede ver más de un simbolismo en el hecho y admitir, desde cierto punto de vista, la realidad de un hecho material, sin llegar a recurrir al milagro. Sabemos que cuando el espíritu está totalmente absorbido por algo, cuando se mantiene la atención fija en un punto, el hambre desaparece. Ahora bien, quienes seguían a Jesús estaban ávidos de Él y de sus palabras, razón por la cual no es sorprendente que, fascinados por su palabra y quizá también por la potente acción magnética que ejercía sobre ellos, no sintiesen la necesidad material de comer. Jesús, previendo este hecho, pudo tranquilizar a sus discípulos diciéndoles, en el lenguaje figurado que le era habitual y admitiendo que se hubieran llevado algunos panes, que ellos bastarían para saciar a la multitud. Al mismo tiempo les daba una lección al decirles: “Dadle vosotros de comer”, enseñándoles así que también ellos podían alimentar con la palabra. De este modo, aparte del sentido alegórico moral, pudo producirse un efecto fisiológico natural muy conocido. El milagro reside en el ascendiente de la palabra de Jesús, en su poder para mantener la atención de una inmensa muchedumbre, al punto de hacerle olvidar el hambre. Este poder moral da testimonio de la superioridad de Jesús en una medida mucho mayor que el del hecho material de la multiplicación de los panes, que debe considerarse una alegoría. Por otra parte, esta explicación está confirmada por el mismo Jesucristo en los dos pasajes que siguen.

La levadura de los fariseos
49. “Llegando sus discípulos al otro lado, se habían olvidado de traer pan. Y Jesús les dijo: Mirad, guardaos de la levadura de los fariseos y de los saduceos. “Ellos pensaban dentro sí, diciendo: Esto dice porque no trajimos pan. Y entendiéndolo Jesús, les dijo: ¿Por qué pensáis dentro de vosotros, hombres de poca fe, que no tenéis pan? ¿No entendéis aún, ni os acordáis de los cinco panes entre cinco mil hombres, y cuántas cestas recogisteis? ¿Cómo es que no entendéis que no fue por el pan que os dije que os guardaseis de la levadura de los fariseos y de los saduceos? “Entonces entendieron que no les había dicho que se guardasen de la levadura del pan, sino de la doctrina de los fariseos y de los saduceos” (San Mateo, 16:5 a 12).

El pan del cielo
50. “El día siguiente, la gente que estaba al otro lado del mar vio que no había habido allí más que una sola barca, y que Jesús no había entrado en ella con sus discípulos, sino que éstos se habían ido solos. Pero otras barcas habían arribado de Tiberias junto al lugar donde habían comido el pan después de haber dado gracias al Señor. Cuando vio, pues, la gente que Jesús no estaba allí, ni sus discípulos, entraron en las barcas y fueron a Cafarnaúm, buscando a Jesús. Y hallándole al otro lado del mar, le dijeron: Rabí, ¿cuándo llegaste acá? “Respondió Jesús y les dijo: De cierto, de cierto os digo que me buscáis, no porque habéis visto las señales, sino porque comisteis el pan y os saciasteis. “Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece, la cual el Hijo del Hombre os dará; porque a éste señaló Dios el Padre. “Entonces le dijeron: ¿Qué debemos hacer para poner en práctica las obras de Dios? Respondió Jesús y les dijo: Esta es la obra de Dios, que creáis en el que él ha enviado. “Le dijeron entonces: ¿Qué señal, pues, haces tú, para que veamos, y te creamos? ¿Qué obra haces? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: Pan del cielo les dio a comer. “Y Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: No os dio Moisés el pan del cielo, mas mi Padre os da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es aquel que descendió del cielo y da vida al mundo. “Le dijeron: Señor, danos siempre este pan. “Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás. Mas os he dicho, que aunque me habéis visto, no creéis. “De cierto, de cierto os digo: El que cree en mí, tiene vida eterna. Yo soy el pan de vida.
Vuestros padres comieron el maná en el desierto, y murieron. Este es el pan que desciende del cielo, para que el que de él come, no muera” (San Juan, 6:22 a 36 y 47 a 50).

51. En el primer pasaje, al recordar Jesús el efecto producido anteriormente, da a entender con claridad que no se trata de panes materiales. De no ser así, la comparación que establece con la levadura de los fariseos carecería de objeto. “¿No entendéis aún, ni os acordáis de los cinco panes entre cinco mil hombres y cuántas cestas recogisteis? ¿Ni de los siete panes entre cuatro mil, y cuántas canastas recogisteis? ¿Cómo es que no entendéis que no fue por el pan que os dije que os guardaseis de la levadura de los fariseos y de los saduceos?” Esta comparación no tendría razón de ser en la hipótesis de una multiplicación material. Ese hecho de naturaleza tan extraordinaria debería haber conmovido la imaginación de sus discípulos, quienes, sin embargo, no lo recuerdan.

También vemos lo mismo en el discurso que Jesús pronuncia acerca del pan del cielo, con el cual intenta explicar el verdadero sentido del alimento espiritual. “Trabajad, no por la comida que parece, sino por la comida que a vida eterna permanece, la cual el Hijo del Hombre os dará.” Ese alimento es su palabra, que es el pan que descendió del cielo para dar la vida al mundo. “Yo soy el pan de la vida; el que a mí viene nunca tendrá hambre, y el que en mí cree, jamás tendrá sed.” Mas, tales distinciones eran demasiado sutiles para esas naturalezas rudas, incapaces de comprender las cosas abstractas. El maná que había alimentado a sus padres era para ellos el verdadero pan del cielo. Allí había milagro. Si la multiplicación de los panes hubiese sido material, ¿cómo, entonces, esos mismos hombres, en cuyo provecho se había producido pocos días antes, habrían quedado tan poco impresionados como para decir a Jesús: “Qué señal, pues, haces tú, para que veamos, y te creamos? ¿Qué obra haces?” Lo que pedían los fariseos, es decir, señales en el cielo hechas al dictado, como por la varita de un encantador, era lo que ellos consideraban milagro. Lo que Jesús hacía era demasiado simple y no se apartaba de las leyes naturales. Las curaciones mismas no tenían ni un carácter suficientemente extraño ni excesivamente extraordinario. Los
milagros espirituales no tenían suficiente importancia para ellos.

Génesis - Introducción

4. Teniendo naturalmente el hombre intuición de un poder superior, ha sido
inducido, en todos los tiempos, a atribuir a su acción directa, los fenómenos cuya causa le era desconocida, y que eran para él prodigios y efectos sobrenaturales. Esta tendencia es considerada por los incrédulos como consecuencia del apego del hombre a lo maravilloso, pero no inquieren la causa de tal apego, que reside sencillamente en la intuición mal definida de un orden de cosas extra corporal. Con el progreso de la ciencia y el conocimiento de las leyes de la naturaleza, esos fenómenos han pasado poco a poco del dominio de lo maravilloso, al de los efectos naturales, de tal modo, que lo que en otro tiempo parecía sobrenatural, no lo es en
la actualidad, y lo que hoy lo es, no lo será mañana.

Los fenómenos que dependen de la manifestación de los Espíritus, han
debido proporcionar, por su misma naturaleza, un abundante contingente a los hechos tenidos por maravillosos; pero había de llegar un tiempo en que, siendo conocida la ley que los rige, entrarían, como los otros, en el orden de los hechos naturales. Ha llegado el tiempo y, dando a conocer semejante ley, el Espiritismo ofrece la clave de la mayor parte de los pasajes incomprensibles de las sagradas Escrituras que a él hacen alusión y de los hechos considerados como milagrosos.

5. El carácter del hecho milagroso, es el de ser insólito y excepcional, es una
derogación de las leyes de la naturaleza. Desde el momento en que un fenómeno se produce en condiciones idénticas, es porque está sometido a una ley y no es milagroso. Esta ley puede ser desconocida, pero no deja por ello de existir; el tiempo se encarga de darla a conocer.

El movimiento del sol, o mejor de la tierra, detenido por Josué, sería un
verdadero milagro, porque fuera una derogación manifiesta a la ley que rige el movimiento de los astros; pero si el hecho pudiera reproducirse en condiciones dadas, sería porque estaba sometido a una ley y dejaría, por consiguiente, de ser milagroso.

6. Sin razón, se sobrecoge la Iglesia al ver que se estrecha el circulo de los
hechos milagrosos, puesto que Dios prueba mejor su grandeza y poderío por el admirable conjunto de sus leyes, que por algunas infracciones de las mismas, tanto más cuanto que ella atribuye al demonio el poder de hacer prodigios, lo que implicaría que, pudiendo el demonio interrumpir el curso de las leyes divinas, sería tan poderoso como Dios. Atreverse a decir que el Espíritu del mal, puede suspender la acción de las leyes de Dios, es una blasfemia y un sacrilegio. La religión, lejos de perder su autoridad, porque hechos tenidos por milagrosos pasen al orden de los hechos naturales, no puede menos que ganar. Ante todo, porque si un hecho es tenido sin razón por milagroso, es un error y la religión no puede dejar de perder, apoyándose en un error, sobre todo si se obstina en mirar como un milagro lo que no lo es. En segundo lugar, no admitiendo muchas personas la posibilidad de los milagros, niegan los hechos reputados milagrosos, y por consiguiente, la religión que en ellos se apoya. Si, por el contrario, la posibilidad de tales hechos es demostrada como consecuencia de las leyes naturales, no hay lugar a rechazarlos, como tampoco a la religión que los proclama.

7. Los hechos evidenciados por la ciencia de un modo perentorio, no
pueden ser impugnados por ninguna creencia religiosa contraria. La religión no puede menos de ganar en autoridad, siguiendo el progreso de los conocimientos científicos, y de perder, quedándose rezagada o protestando contra esos mismos conocimientos en nombre de los dogmas; porque ninguno de estos podrá prevalecer contra las leyes de la naturaleza ni anularlas. Un dogma, fundado en la negación de una ley de la naturaleza, no puede ser expresión de la verdad. El Espiritismo, fundado en el conocimiento de las leyes no comprendidas
hasta ahora, no viene a destruir los hechos religiosos, sino a sancionarlos, dando de ellos una explicación racional. Solo viene a destruir las falsas consecuencias que han sido deducidas a causa de la ignorancia de aquellas leyes o de su errónea interpretación.

8. Induciendo al hombre la ignorancia de las leyes de la naturaleza a buscar
causas fantásticas a los fenómenos que no comprende, es el origen de las ideas supersticiosas, de las que son algunas debidas a los fenómenos espiritistas mal comprendidos. El conocimiento de las leyes que los rigen, destruye las ideas supersticiosas, reduciendo las cosas a su realidad y demostrando el límite de lo posible.

2. Prueban los Milagros la Divinidad de Cristo

Según la Iglesia, la divinidad de Cristo queda principalmente demostrada por los milagros que atestiguan una fuerza sobrenatural. Esta consideración pudo ser de cierto peso en una época en que lo maravilloso era aceptado sin examen; pero hoy, cuando la ciencia ha llevado sus investigaciones a las leyes de la naturaleza, los milagros hallan mas incrédulos que creyentes: y .lo que ha contribuido no poco a su descrédito, es el abuso de las imitaciones fraudulentas y la explicación que de ello se ha hecho. La fe en los milagros se ha extinguido por el uso que de la misma
se ha venido haciendo; resultando que los del Evangelio son considerados en la actualidad por muchas personas, como puramente legendarios.

La Iglesia, por otra parte, quita a los milagros toda su importancia como prueba de la divinidad de Cristo, declarando que el demonio puede hacerlos tan prodigiosos como aquél; puesto que si el diablo tiene tal poderío, es vidente que los hechos de semejante naturaleza no gozan de un carácter puramente divino. Si puede haber cosas tan maravillosas que llegan a seducir a los mismos elegidos, ¿cómo podrían los simples mortales distinguir los buenos milagros de los malos? ¿Y no es de temer, que, viendo hechos similares, confundan a Dios con Satanás? Atribuir a Jesús un rival semejante en habilidad, era una insigne torpeza; pero en materia de contradicciones e inconsecuencias, no se era muy escrupuloso en una época en que los fieles hubiesen elevado a la categoría de caso de conciencia el pensar por sí mismos y. el discutir el más insignificante de los artículos impuestos a su credulidad. No se contaba entonces con el progreso, ni se pensaba en que podría tocar a su término el reino de la fe ciega y sencilla, reino cómodo como el de un placer cualquiera. La misión tan preponderante que se ha obstinado la Iglesia en señalar al demonio, ha producido para la fe desastrosa consecuencias, a medida que los hombres se han sentido capaces para ver con su propios ojos. El demonio, a quien se, ha explotado con buen éxito por algún tiempo, ha venido a ser la piqueta descargada contra el viejo edificio de las creencias, una de las principales causas de la incredulidad Puede decirse que, haciendo de él la Iglesia un auxiliar indispensable: ha alimentado en su seno al que debía revolverse contra ella y minarla en su bases, (Giovanni Papini, excelente escritor católico, con su obra El Diablo apoya esta tesis y con ello el pensamientoespírita en tal materia.)

Otra consideración no menos grave es la de que los hechos milagrosos no son privilegio exclusivo de la religión cristiana. No hay, en efecto, una, idólatra o pagana, que no haya tenido sus milagros tan maravillosos y auténticos para los adeptos de aquélla como los del cristianismo. La Iglesia se ha privado del derecho de negarlos, atribuyendo a las potencias infernales la facultad de producirlos. El carácter esencial del milagro en el sentido teológico, es el de ser una excepción a las leyes de la naturaleza, siendo, por consiguiente, inexplicable por las mismas. Desde el instante en que puede explicarse un hecho y se relaciona con una causa conocida, cesa de ser un milagro. Así es como los descubrimientos de la ciencia han hecho entrar en el dominio de los acontecimientos naturales ciertos efectos calificados de prodigiosos, mientras fue desconocida su causa. Más tarde, el conocimiento del principio espiritual, de la acción de los fluidos sobre la economía, del mundo invisible en medio del cual vivimos, de las facultades del alma, de la existencia y propiedades del periespíritu, ha dado la clave de los
fenómenos del orden psíquico y probado que, al igual de los otros, no son
derogaciones de las leyes de la naturaleza, sino que, por el contrario, son
aplicaciones frecuentes de las mismas. Todos los efectos de magnetismo, de
sonambulismo, de éxtasis, de doble vista, de hipnotismo, de catalepsia, de
anestesia, de transmisión del pensamiento, de presciencia, de curaciones
instantáneas, de posesiones, apariciones y transfiguraciones, etc., que constituyen la casi totalidad de los milagros del Evangelio, pertenecen a semejante categoría de fenómenos.

Actualmente se sabe que esos efectos son resultado de aptitudes y de
disposiciones fisiológicas especiales; que se han producido en todos los tiempos, en todos los pueblos, y que no tienen más títulos para ser considerados como sobrenaturales que todos aquellos cuyas causas eran desconocidas. Esto explica porque todas las religiones han tenido sus milagros, que no son más que hechos naturales, pero casi siempre amplificados hasta el absurdo por la credulidad, la ignorancia y la superstición, a los cuales, empero, reducen a su justo valor los
conocimientos actuales, descartando la parte legendaria.

La posibilidad de la mayor parte de los hechos que el Evangelio cita como realizados por Jesús, esta hoy completamente demostrada por el magnetismo y por el Espiritismo, pasando a ser aquellos meros fenómenos naturales. Puesto que a nuestra vista se producen, ora espontáneamente, ora provocados, nada hay de anormal en que Jesús poseyese facultades idénticas a las de nuestros magnetizadores, curadores, sonámbulos, videntes, médiums, etc. Desde el momento en que esas mismas facultades se hallan, aunque en diferentes grados, en una multitud de individuos que nada tienen de divinos, que hasta se encuentran en los herejes e idólatras, no implican en modo alguno una naturaleza sobrehumana.

Si el mismo Jesús calificaba de milagros esos hechos, débese a que, en esto como en otras muchas cosas, debía apropiar su lenguaje a los conocimientos de sus contemporáneos; pues, ¿cómo podían apreciar estos últimos un matiz del lenguaje que no es hoy comprendido de todos? Las cosas extraordinarias que Él hacía, y que parecían sobrenaturales en aquella sazón y mucho mas tarde aun, eran milagros para el vulgo, que no podía darles otro nombre. Y es digno de notarse el hecho de que se valió de ellos para afirmar la misión que, según sus propias expresiones, había recibido de Dios; pero nunca para atribuirse el poder divino. (Véase El Génesis, capitulo XIII y siguientes, donde están explicados por las leyes naturales todos los milagros del Evangelio).

Preciso es, pues, dejar de incluir los milagros entre las pruebas en que
pretende fundarse la divinidad de la persona de Cristo. Veamos ahora si hallamos tales pruebas en las palabras de Jesús.
¿Tu Vida es una Mentira tras otra?


Milagros –Libro de Los Médiums
CAPÍTULO II
LO MARAVILLOSO Y LO SOBRENATURAL

15. Hemos anunciado ahora mismo la palabra milagro; una corta observación sobre este objeto, no estará mal colocada en este capítulo sobre lo maravilloso.  En su acepción primitiva, y por su etimología, la palabra milagro significa “cosa extraordinaria”; “cosa admirable de ver”, pero esta palabra, como tantas otras, se ha separado de su sentido originario, y hoy día se dice (según la Academia) “de un acto de la potencia divina contrario a las leyes comunes de la Naturaleza. Tal es en efecto su acepción usual, y sólo por comparación y por metáfora se aplica a las cosas vulgares que nos sorprenden y cuya causa es desconocida. No entra, de ninguna manera, en nuestras miras examinar si Dios ha podido juzgar útil en ciertas circunstancias, derogar las leyes establecidas por él mismo; nuestro fin es únicamente demostrar que los fenómenos espiritistas, por extraordinarios que sean, no derogan de ningún modo estas leyes, no tienen ningún carácter milagroso, como tampoco son maravillosos o sobrenaturales. El milagro no se explica; los fenómenos espiritistas, al contrario, se explican de la manera más racional; éstos no son, pues, milagros, sino simples efectos que tienen su razón de ser en las leyes generales. El milagro tiene además otro carácter, el de ser insólito y aislado. Luego, desde el momento que un hecho se reproduce, por decirlo así, a voluntad y por diversas personas, éste no puede ser milagro. La ciencia hace todos los días milagros a los ojos de los ignorantes; he aquí porque en otro tiempo, los que sabían más que el vulgo pasaban por hechiceros; y como se creía que toda ciencia sobrehumana venía del diablo, se les quemaba. Hoy día que se está mucho más civilizado, se contentan con enviarles a los manicomios.  Que un hombre realmente muerto, como hemos dicho al principio, vuelva a la vida por una intervención divina, eso sería un verdadero milagro, porque es contrario a las leyes de la Naturaleza. Pero si este hombre tiene sólo las apariencias de la muerte, si hay todavía en él un resto de “vitalidad latente”, y que la ciencia o una acción magnética consigue reanimarle, para las gentes ilustradas, es un fenómeno natural; pero a los ojos del vulgo ignorante, el hecho pasará por milagroso, y el autor será apedreado o venerado, según el carácter de los individuos. Que en medio de ciertas aldeas un físico lance un cometa eléctrico y haga caer el rayo sobre un árbol, este nuevo Prometéo será ciertamente mirado como armado de una potencia diabólica; y sea dicho de paso, Prometéo nos parece singularmente haber adelantado a Franklin; pero Josué deteniendo el movimiento del Sol, o mejor, de la Tierra, he aquí el verdadero milagro, porque nosotros no conocemos ningún magnetizador dotado de tan gran potencia para operar tal prodigio. De todos los fenómenos espiritistas, uno de los más extraordinarios es, sin contradicción, el de la escritura directa, y uno de aquellos que demuestran de manera más patente la acción de las inteligencias ocultas; pero aunque el fenómeno sea producido por seres ocultos, no es más milagroso, que los otros que son debidos a agentes invisibles, porque estos seres ocultos, que pueblan los espacios, son una de las potencias de la Naturaleza, potencia, cuya acción es incesante sobre el mundo material, así como sobre el mundo moral.  El Espiritismo ilustrándonos sobre esta potencia nos da la llave de una porción de cosas inexplicadas e inexplicables, por cualquier otro medio, y que han podido en tiempos anteriores pasar por prodigios; revela lo mismo que el magnetismo, una ley, si no desconocida, al menos mal comprendida; o por mejor decir, se conocían los efectos, porque se han producido en todo tiempo, pero no se conocía la ley, y la ignorancia de esta ley es la que ha engendrado la superstición. Conocida esta ley, lo maravilloso desaparece, y los fenómenos entran en el orden de las cosas naturales. He aquí porque los espiritistas no hacen milagros haciendo girar una mesa o escribir a los difuntos, como el médico haciendo revivir a un moribundo, o el físico haciendo caer el rayo. Aquel que pretendiese, con la ayuda de esta ciencia, hacer milagros, sería, o un ignorante de la cosa o una farsante.

16. Los fenómenos espiritistas, lo mismo que los fenómenos magnéticos, han debido pasar por prodigios antes que se conociese la causa; pero, como los escépticos, los espíritus fuertes, esto es, aquellos que tienen el privilegio exclusivo de la razón y del buen sentido, no creen que una cosa sea posible desde el momento que no la comprenden: he aquí porque todos los hechos reputados prodigiosos, son objeto de sus bufonadas; y como la religión contiene gran número de hechos de este género, no creen en la religión, y de ahí a la incredulidad absoluta, sólo hay un paso. El Espiritismo explicando la mayor parte de estos hechos, les da una razón de ser. Viene pues en ayuda de la religión, demostrando la posibilidad de ciertos hechos, que por no tener el carácter milagroso, no son menos extraordinarios, y Dios no es por esto menos grande ni menos poderoso, que si hubiera derogado sus leyes. ¡De cuántas pullas ha sido objeto, San Cupertín, por elevarse con su cuerpo en el espacio! Mas la suspensión etérea de los cuerpos graves es un hecho explicado por la ley espiritista; hemos sido, personalmente, testigo ocular y el Sr. Home, así como otras personas conocidas, han renovado muchas veces el fenómeno producido por San Cupertín. Luego este fenómeno entra en el orden de las cosas naturales.

17. En el número de los hechos de este género es menester colocar en primera línea las apariciones, porque éstas son las más frecuentes. La de la Salette, que dividió al mismo clero, no tiene para nosotros nada de insólito. Seguramente no podemos afirmar que el hecho haya tenido lugar, porque no tenemos la prueba material; mas para nosotros es posible, atendido que millares de hechos análogos recientes nos son conocidos; creemos en ellos, no sólo porque su realidad se ha constatado por nosotros, sino, sobre todo, porque nos damos perfectamente cuenta del modo como se producen. Quien pretenda reportarse a la teoría que damos más adelante de las apariciones, verá que este fenómeno viene a ser tan sencillo y tan plausible, como una porción de fenómenos físicos que solo son prodigiosos por falta de tenerles la llave. En cuanto al personaje que se presentó a la Salette, es otra cuestión; su identidad no nos há sido demostrada de ningún modo; nosotros hacemos constar simplemente que una aparición puede haber tenido lugar, lo demás no es de nuestra competencia; cada uno puede, respecto a esto, guardar sus convicciones; el Espiritismo no tiene que ocuparse de ello; nosotros decimos solamente que los hechos producidos por el Espiritismo nos revelan leyes nuevas, y nos dan la llave de una porción de cosas que parecían sobrenaturales; si algunos de aquellos que pasaban por milagrosos encuentran en él una explicación lógica, es un motivo para no apresurarse en negar lo que no se comprende. Los fenómenos espiritistas son rechazados por ciertas personas, precisamente porque parecen salir de la ley común y por lo mismo no pueden comprenderlos. Dadles una base racional y la duda cesa. La explicación, en este siglo en que no bastan palabras, es, pues, un poderoso motivo de convicción; así vemos todos los días personas que no han sido testigos de ningún hecho, que no han visto ni girar una mesa, ni escribir a un médium, y que, están tan convencidas como nosotros, únicamente porque han leído y comprendido. Si sólo se debía creer en lo que uno ha visto con los ojos, nuestras convicciones se reducirían a muy poca cosa.


Conclusión

Los Milagros dejaron de ser insólitos  se conocen las causa y Jesús mismo dijo que nosotros haríamos cosas mejores de las que el hizo.

Te invito a leer este articulo y veras la posición del Espiritismo en este tema.



___________________________________________

Referencias para hacer esta nota:
  • Evangelio Según el Espiritismo – Allan Kardec
  • El Libro de Los Espíritus, Allan Kardec
  • Obras Póstumas, Allan Kardec
  • Génesis – Allan Kardec
  • El Cielo Y el Infierno – Allan Kardec
  • El Libro de Los Médiums – Allan Kardec


Frank Montañez
No dejes de inscribirte en mi blog, así podrás recibir notificación de nuevas adiciones a mi página. Debes tener una cuenta de correo electrónico de gmail para poder hacer comentarios a los artículos y también para inscribirte en este blog. Además, si consideras que esta reflexión hoy ha sido de mucha ayuda, por favor compártela haciendo un enlace a tu muro en Facebook y no dejes de escribir un comentario para así saber que ha servido de ayuda a alguien. Gracias por leer este blog. Frank Montanez


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Revisado en: 8/26/16

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¿Cómo reconocer un “Espiritista Verdadero”, en el Espiritismo?

¿Cómo reconocer un “Espiritista Verdadero”, en el Espiritismo? 
Un Espiritista Verdadero es aquel que según el Libro de Obras Póstumas, de Allan Kardec lo describe así:

Breve Contestación a los Detractores del Espiritismo

“Solo reconoce por adeptos suyos a los que practican su enseñanza, es decir, a los que trabajan en su propio mejoramiento moral, esforzándose en vencer sus malas inclinaciones, en ser menos egoístas y orgullosos, más afables, más humildes, pacientes, benévolos, caritativos para con el prójimo y moderados en todas las cosa, pues este es el signo característico del espiritista verdadero…”

Un Espiritista Verdadero, no es el que cobra menos dinero. Esos son “Charlatanes”, infiltrados en el Espiritismo. Los “Charlatanes”, son los que cobran dinero en el Espiritismo.


Evaluar a un Espiritista, y saber si es uno Verdadero, se necesita tener conocimiento adquirido, mediante la lectura de los Libros Codificados de Allan Kardec, Así se puede verificar la autenticidad.

Mensajes en Fotos


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1/15/16

Un RESUMEN sobre los recursos del Espiritismo para sanar las Obsesiones Espirituales seria:









  • Moralización del Obsesado obteniendo su ascendencia Moral y luego al Obsesor moralizarlo.



  • Fortalecimiento de la "Voluntad" del Obsesado para que pueda Rechazar al Obsesor.



  • Oración Magnética Mental. (Grupales),



  • Magnetización del Obsesado, mediante Pases Magnéticos.



  • Educación Espirita.


Los postulados y la definición de la Filosofía Espirita antes expresada es nuestra razón de ser en esta red social. Por la naturaleza de este medio, muchas personas con diferentes corrientes de pensamiento y de diferente postura con relación al Espiritismo, pueden hacer comentarios a nuestras reflexiones. Esto nos llena de mucha satisfacción, porque ilustra claramente que el propósito de la existencia de esta página ha cometido su propósito al lograr cruzar barreras de idiomas y de pensamientos. Estamos muy claros en que nuestra filosofía es una de carácter Kardeciana y es la que promulga el deseo genuino de Dios en cuanto al comportamiento Moral de nuestra sociedad y de toda la raza humana, pero no tenemos ninguna conexión con otras corrientes de pensamiento sincretistas como lo son: Práctica de africanismo, indigenismos o ritualismos étnicos, Religiosos, folclóricos o sincréticos ni se hacen rezos, baños de plantas, consume de aguardiente o tabacos, inhalaciones toxicas, curaciones mágicas, maleficios o encantamientos y Santería.



Las obsesiones se Curan según el Espiritismo.






Excelente recurso de información según El Espiritismo, en el siguiente Libro Gratuito:








Todos están bienvenidos a comentar nuestras reflexiones, pero en nada esto significa que patrocinemos estas corrientes diferentes de pensamientos.











Queremos ser un faro, donde aquellos que desean encontrar el puerto seguro, puedan libremente acercarse al dialogo y a la comprensión. Jesús nos enseño a no hacer acepción de persona alguna, somos llamados a la comprensión y a la tolerancia con todos aquellos que aunque tengan pensamientos diferentes, siguen siendo seres humanos en el proceso de encontrar el sendero de la verdad en su camino evolutivo.












REFERENCIAS PARA ESCRIBIR ESTA REFLEXIÓN



  • El Evangelio Según El Espiritismo, Allan Kardec

  • El Libro de Los Espíritus, Allan Kardec

  • Obras Póstumas, Allan Kardec

  • Genesis

  • El Cielo Y el Infierno – Allan Kardec

  • El Libro de Los Médiums – Allan Kardec











Frank Montañez

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Si me mencionas o no, no es importante para mí, pero sí; es una falta el atribuirte que la información publicada es de tu autoría al no hacer mención alguna del autor original, si no das el crédito al que originalmente lo creo, eso es propiedad intelectual y al no dar el crédito, constituye una falta de moralidad. Recomiendo que añadas al final de tu reflexión algo así:




Partes de esta reflexión ha sido tomada de un artículo publicado por Frank Montañez de “Soy Espírita” en su blog: www.soyespirita.blogspot.com




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Han notado que nuestras reflexiones se redactan para la Educación de nuestra filosofía, tal y como lo ilustran Los Espíritus de La Codificación Espirita dada a Allan Kardec. Muchas de estas enseñanzas lucen como que deben ser tratadas en la Casa Espírita y creo que sí; es esto correcto. Pero la mayoría de nuestros lectores no tienen acceso a Casa Espírita alguna, entonces no nos podemos quedar con las manos cruzadas esperando que Espíritus Impuros que sabiendo esta realidad se adelanten se introduzcan en los hogares de personas que con genuino interés se acercan a nuestra página buscando ayuda. Para ellos les sugiero considerar conformar un pequeño grupo de Estudios en su hogar. Así se deleitaran de las enseñanzas de los Espíritus. Estos dos enlaces te ayudaran a comenzar a conformar tu grupo de Estudio:





  • http://soyespirita.blogspot.com/2014/01/ley-de-sociedad-i-necesidad-de-la-vida.html

  • http://soyespirita.blogspot.com/2011/08/recomendaciones-para-los-nuevos-grupos.html













No demostramos compasión si no ayudamos a estas personas en estos lugares inaccesibles que no existe ninguna Casa Espírita cerca y tal vez nunca la habrá a no ser por nuestra educación por el Internet. Para muchos el desarrollo de la Mediúmnidad es tan serio que no han desarrollado aun Médiums en sus lugares de reunión. Pero eso no debe ser la norma, pues el mismo Allan Kardec nos apercibió de que esto era esencial en el desarrollo espiritual de las comunicaciones Mediúmnica.




Preferimos hacer accesible esta información para aquellos que genuinamente desean crecer espiritualmente, y yo soy el de pensar que si los deseos de estos nuevos allegados son encaminados al desarrollo de la Mediúmnidad, es preferible ayudarlos que dejarlos a expensas de Espíritus Impuros que aprovechándose del deseo más profundo de crecer espiritualmente intervengan para que esto no se logre.




Esta educación debe ser el detonador para el establecimiento de nuevos centros de reunión para nuevos allegados y esto cumple el propósito de la codificación y de la Ley de Progreso y Crecimiento espiritual a que todos tenemos derecho.









































Autenticidad de los libros Codificados por Allan Kardec según el Libro de Génesis, ¿Qué es una Opinión en el Espiritismo? y el propósito del Espiritismo con la Humanidad:





Ítem #10. Sólo los espíritus puros reciben la misión de transmitir la palabra de Dios, pues hoy sabemos que los espíritus están lejos de ser todo perfectos y que algunos intentan aparentar lo que no son, razón por la cual San Juan ha dicho: “Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios” (Primera Epístola Universal de San Juan Apóstol 4:1).



De modo que nadie tiene la autoridad Espiritual ni Moral de realizar cambios a los libros codificados que no sean los dueños y autores originales; "Los Espíritus".




Veamos lo que dice la introducción del Libro de Génesis, comentado y firmado por Allan Kardec y lee como sigue: Introducción, De la primera edición, publicada en enero de 1868.


“A pesar de la intervención humana en la elaboración de esta





Doctrina, la iniciativa pertenece a los espíritus, pero no a uno en especial, ya que es el resultado de la enseñanza colectiva y concordante de muchos espíritus, puesto que si se basara en la doctrina de un espíritu no tendría otro valor que el de una "opinión personal". El carácter esencial de la Doctrina y su existencia misma se basan en la uniformidad y la concordancia de la enseñanza. Por tanto, todo principio no general no puede considerarse parte integrante de la Doctrina, sino una simple opinión aislada de la cual el Espiritismo no se responsabiliza.


Es esa concordancia colectiva de opiniones, sometidas a la prueba de la lógica, la que otorga fuerza a la Doctrina Espírita y asegura su vigencia. Para que cambiase, sería necesario que la totalidad de los espíritus mudasen de opinión, es decir, que llegase el día en que negasen lo dicho anteriormente. Ya que la Doctrina emana de la enseñanza de los espíritus, para que desapareciese sería necesario que los espíritus dejasen de existir. Y es por eso que esta Doctrina prevalecerá siempre sobre los demás sistemas personales, que no poseen, como ella, raíces por doquier. El Libro de los Espíritus ha consolidado su prestigio porque es la expresión de un pensamiento colectivo y general.”

Firmado por Allan Kardec.






El Libro de Génesis, escrito por Allan Kardec nos indica lo siguiente tambien:


Ítem #40. El Espiritísmo presenta, como ha sido demostrado (cap. I, n.º 30), todos los caracteres del Consolador prometido por Jesús. No es, en absoluto, una doctrina individual, una concepción humana; nadie puede decirse su creador (Pues sus creadores fueron los Espíritus). Es el fruto de la enseñanza colectiva de los espíritus presididos por el Espíritu de Verdad. No suprime nada del Evangelio: lo completa y aclara. Con la ayuda de las nuevas leyes que revela, en unión con las de la ciencia, hace comprender lo que era ininteligible y admitir la posibilidad de aquello que la incredulidad tenía inadmisible. Hubo precursores y profetas que presintieron su llegada. Por su poder moralizador, prepara el reino del bien sobre la Tierra.


La doctrina de Moisés, incompleta, terminó circunscrita al pueblo judío; la de Jesús, más completa, se extendió a toda la Tierra mediante el cristianismo, pero no convirtió a todos; el Espiritismo, más completo aún, con raíces en todas las creencias, convertirá a la Humanidad.1


1. Todas las doctrinas filosóficas y religiosas llevan el nombre de la individualidad fundadora, por lo que se dice: el Mosaísmo, el Cristianismo, el Mahometismo, el Budismo, el Cartesianismo, el Furierismo, el Sansimonismo, etc. La palabra Espiritismo, por el contrario, no involucra a ninguna persona en especial; pero sí define a una idea general que indica, al mismo tiempo, el carácter y la fuente múltiple de la Doctrina. [N. de A. Kardec.]






Claramente Allan Kardec y El Espíritu de verdad que dictó los Libros Codificados que el Espiritísmo, más completo aún, es con raíces en TODAS LAS CREENCIAS y la fuente múltiple de la doctrina, refiriéndose a que con Moisés la Doctrina fue incompleta y la de Jesús se extendió mediante el Cristianismo, pero no convirtió a todos, por lo tanto es hoy que el Espiritísmo ha de ser de todos, todas las doctrinas religiosas, "Mosaísmo, Cristianismo, Mahometismo, el Budismo, el Cartesianismo, el Furierismo, el Sansimonismo, y yo ando los Musulmanes, los Hinduistas, los Ateos, los Laicos, los de Joaquín Trincado, los Santeros, Umbanda, en fin a "TODOS", es más incluyo, hasta los extraterrestres, Todos adelantaran sus Espíritus mediante las enseñanzas del Espiritísmo.



En el libro de Obras Póstumas, Allan Kardec, luego de haber dedicado 13 años a la Codificación Espírita, y haber codificado y publicado los 5 Libros Básicos, dijo lo siguiente refiriéndose al Espiritismo:



EL ESPIRITÍSMO NO ES UNA RELIGIÓN Constituida…



El espiritismo es una doctrina filosófica que tiene consecuencias religiosas como toda filosofía espiritualista y por esto mismo toca forzosamente las bases fundamentales de todas las religiones: Dios, el alma y la vida futura; pero no es una religión constituida, dado que no tiene culto, rito ni templo, y que entre sus adeptos ninguno ha tomado ni recibido titulo de sacerdote o sumo sacerdote. Estas calificaciones son pura invención de la crítica.


Obras Póstumas – Allan Kardec







TODOS SOMOS MÉDIUMS





Libro de Los Mediums - Sobre los Médiums - X




Todos los hombres son médiums, todos tienen un Espíritu que los orienta hacia el bien, en caso de que sepan escucharlo. Ahora bien, poco importa que algunos se comuniquen directamente con él a través de una mediumnidad especial, y que otros sólo lo escuchen a través de la voz del corazón y de la inteligencia, pues no deja de ser su Espíritu familiar quien los aconseja. Llamadlo espíritu, razón o inteligencia: en todos los casos es una voz que responde a vuestra alma y os dicta buenas palabras. Sin embargo, no siempre las comprendéis. No todos saben proceder de acuerdo con los consejos de la razón, no de esa razón que se arrastra y repta más de lo que camina, que se pierde en la maraña de los intereses materiales y groseros, sino de esa razón que eleva al hombre por encima de sí mismo y lo transporta a regiones desconocidas. Esa razón es la llama sagrada que inspira al artista y al poeta, el pensamiento divino que eleva al filósofo, el impulso que arrebata a los individuos y a los pueblos. Razón que el vulgo no puede comprender, pero que eleva al hombre y lo aproxima a Dios más que ninguna otra criatura; entendimiento que sabe conducirlo de lo conocido a lo desconocido, y le hace realizar las cosas más sublimes. Escuchad, pues, esa voz interior, ese genio bueno que os habla sin cesar, y llegaréis progresivamente a oír a vuestro ángel de la guarda, que desde lo alto del cielo os tiende la mano. Repito: la voz íntima que habla al corazón es la de los Espíritus buenos, y desde ese punto de vista todos los hombres son médiums.




Channing






Libro de Los Mediums - Capt. XVII


Amigos míos, permitidme que os dé un consejo, dado que avanzáispor un terreno nuevo, y si seguís la ruta que os indicamos no osextraviaréis. Se os ha dicho una gran verdad, que deseamos recordaros: el espiritismo es sólo una moral, y no debe salirse de los límites de la filosofía, ni más ni menos, salvo que quiera caer en el dominio de la curiosidad.


Dejad de lado las cuestiones científicas, pues la misión de los Espíritus no es resolverlas, ahorrándoos el esfuerzo de las investigaciones.


"Tratad antes de mejoraros, pues de ese modo progresaréis realmente".


San Luis






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