domingo, 5 de octubre de 2014

Para poder dominar un Espíritu de Orden inferior, el Médium Natural o que cae en “Trance” deberá ser convertido en Médium Facultativo lo antes posible.


Existen diferentes opiniones en el Espiritismo con relación a la Incorporación de Espíritus de Orden Inferior.  La mayoría de los Espiritistas Mediums, son Mediums "Naturales", que son inconscientes o caen en el llamado "Trance".

Pero no existe la mediumnidad de Incorporación en el Espiritismo. Dicho se de paso, el Libro de Los Médium recomienda que un Médium natural sea convertido lo antes posible en un Médium facultativo. veamos las definiciones

Médiums que caen en “Trance” = Inconscientes
Médiums naturales o inconscientes – Los que producen los fenómenos espontáneamente, sin ninguna participación de su voluntad y, la mayoría de las veces, sin que lo sepan. (§ 161.)

Médiums que no caen en “Trance”= Consientes
Médiums facultativos o voluntarios – Los que tienen el poder de provocar los fenómenos por obra de su voluntad. (§ 160.)

“Por más firme que sea esa voluntad, ellos no pueden hacer nada si los Espíritus se rehúsan, lo que prueba la intervención de un poder extraño.”
161. Los médiums involuntarios naturales son aquellos cuya influencia se ejerce sin que ellos lo sepan. No tienen conciencia de su poder y, a menudo, lo que sucede de anormal alrededor suyo no les parece en modo alguno extraordinario, pues forma parte de ellos mismos, como en el caso de las personas dotadas de doble vista, que ni siquiera lo sospechan. Esos sujetos son muy dignos de observación, y no debemos dejar de reunir y estudiar los hechos de esa clase que lleguen a nuestro conocimiento. Se manifiestan a cualquier edad, y muchas veces en niños pequeños. (Véase el capítulo V, “Manifestaciones físicas espontáneas”.)

Esta facultad no constituye, de por sí, el indicio de un estado patológico, ya que no es incompatible con una salud perfecta. Si aquel que la posee está enfermo, eso se debe a una causa ajena a la Mediúmnidad. Por eso los recursos terapéuticos empleados son impotentes para hacerla desaparecer. En algunos casos, puede surgir después de una cierta debilidad orgánica, pero esta nunca es su causa eficiente. No existe, por lo tanto, desde el punto de vista de la salud, ninguna razón para inquietarnos.

La Mediúmnidad sólo podría causar algún problema si el sujeto que la posee abusara de ella después de haberse convertido en médium facultativo, porque en ese caso podría haber una emisión demasiado abundante de fluido vital, con el consecuente debilitamiento del organismo.

162. La razón se revela ante la imagen de las torturas morales y corporales a que la ciencia ha sometido a veces a personas débiles y delicadas, con el fin de asegurarse de que no existía engaño de parte de ellas. Esas experimentaciones, hechas con mala intención la mayoría de las veces, son siempre perjudiciales para las organizaciones sensitivas, e incluso pueden ocasionar graves desordenes en la economía orgánica. Realizar semejantes pruebas es jugar con la vida. El observador de buena fe no necesita emplear esos medios. Aquel que está familiarizado con fenómenos de esa especie sabe, además, que corresponden al orden moral más que al físico, y que sería inútil buscar su solución en nuestras ciencias exactas.

Precisamente porque esos fenómenos son de orden moral, se debe evitar con un cuidado no menos escrupuloso todo lo que pueda sobrexcitar la imaginación. Como se sabe, el miedo puede ocasionar muchos accidentes, de modo que se cometerían menos imprudencias si se conocieran todos los casos de locura y epilepsia cuyo origen se encuentra en las leyendas de lobisones y de cucos. ¿Qué sucedería, pues, si las personas fueran convencidas de que detrás de esos fenómenos está el diablo? Quienes propagan semejantes ideas no saben la responsabilidad que asumen, pues pueden matar. Ahora bien, el peligro no existe sólo para el sujeto, sino también para los que lo rodean, que pueden quedar aterrorizados al pensar que la casa donde viven se ha convertido en una guarida de demonios. Esta creencia funesta fue la que causó tantos actos de atrocidad en los tiempos de ignorancia. Con todo, si los responsables de esos actos hubiesen tenido un poco más de discernimiento, deberían haber pensado que, por más que quemaran los cuerpos supuestamente poseídos por el diablo, no podrían quemar al propio diablo. Si lo que querían era librarse de él, a él debían dar muerte. La doctrina espírita, al ilustrarnos acerca de la verdadera causa de los fenómenos mediúmnico, le dio al diablo el golpe de gracia. Así pues, lejos de estimular aquella creencia, todas las personas –y este es un deber moral y humanitario– deben combatirla, dondequiera que exista.

Lo que se debe hacer cuando una facultad de esa naturaleza se desarrolla espontáneamente en un individuo, es dejar que el fenómeno siga su curso natural: la naturaleza es más prudente que los hombres. Por otra parte, la Providencia tiene sus planes, y el más humilde de los seres puede servir de instrumento a los designios más importantes. No obstante, debemos convenir en que algunas veces ese fenómeno asume proporciones agobiantes e inoportunas para todo el mundo.� Veamos el modo como hay que proceder en todos los casos. En el capítulo V, “Manifestaciones Físicas Espontáneas”, ya dimos algunos consejos al respecto, y hemos manifestado la necesidad de entrar en comunicación con el Espíritu, para saber lo que desea. El siguiente método también se basa en la observación.

Ítem #162
Los Seres invisibles que revelan su presencia por medio de efectos sensibles son, por lo general, Espíritus de orden inferior, que pueden ser dominados mediante el ascendiente moral. Ese ascendiente es el que debemos tratar de adquirir. 
Para lograrlo, es necesario hacer que el sujeto pase del estado de médium natural al de médium facultativo. Se produce, entonces, un efecto análogo al que se observa en el sonambulismo. 
Como se sabe, el sonambulismo natural cesa generalmente cuando es sustituido por el sonambulismo magnético. No se interrumpe la facultad que permite al alma emanciparse, sino que se le da otro curso. Lo mismo sucede con la facultad Mediúmnica. Con ese fin, en vez de obstaculizar los fenómenos –lo que raramente se consigue y que no siempre está exento de peligro–, es preciso estimular al médium a que los produzca según su voluntad, imponiéndose al Espíritu. De ese modo, el médium llega a someterlo, haciendo de ese dominador, a veces tiránico, un ser subordinado y a menudo muy dócil. Un hecho digno de nota, confirmado por la experiencia, es que en ese caso un niño tiene tanta autoridad como un adulto, y a veces más que este. Esa es otra prueba a favor de un punto fundamental de la doctrina espírita: el Espíritu sólo es niño a causa de su cuerpo, y posee un desarrollo necesariamente anterior a su encarnación actual, desarrollo que le puede dar ascendiente sobre los Espíritus que son inferiores a él.

Ítem #162 al final
“La moralización del Espíritu a través de los consejos de una tercera persona influyente y experimentada, en caso de que el médium no se encuentre en condiciones de hacerlo, constituye a menudo un recurso muy eficaz. Más adelante volveremos a tratar este asunto.”

6. Médiums sonámbulos
172. El sonambulismo puede ser considerado una variedad de la facultad Mediúmnica; o mejor dicho, ambos órdenes de fenómenos se encuentran juntos con mucha frecuencia. El sonámbulo actúa bajo la influencia de su propio Espíritu. Su alma, en los momentos de emancipación, ve, oye y percibe más allá de los límites de los sentidos. El sonámbulo extrae de sí mismo lo que expresa.
249. Los medios de combatir la obsesión varían de acuerdo con el carácter que esta adopte. En realidad, no existe peligro para el médium que está persuadido de que se halla en relación con un Espíritu mentiroso, como ocurre en la obsesión simple, que no es más que un hecho desagradable para el médium. No obstante, precisamente porque le resulta desagradable, el Espíritu tiene un motivo más para obstinarse en molestarlo. En ese caso, debemos
hacer dos cosas esenciales: primero, mostrar al Espíritu que no nos engaña y que le será imposible seducirnos; segundo, agotar su paciencia, mostrándonos más pacientes que él. Cuando el Espíritu se haya convencido de que pierde el tiempo, acabará por retirarse, como hacen los entrometidos a quienes no se les presta atención. Sin embargo, esto no siempre es suficiente, y puede tomar largo tiempo liberarse, pues hay Espíritus obstinados, para los cuales meses y años poco significan. Además, el médium debe hacer un llamado fervoroso a su ángel bueno, así como a los Espíritus buenos por los que siente simpatía, a fin de rogarles que lo asistan. En cuanto al Espíritu obsesor, por malo que sea, hay que tratarlo con severidad, pero al mismo tiempo con benevolencia, y derrotarlo mediante un buen comportamiento, orando por él. Si es realmente
perverso, al principio se burlará, pero al moralizarlo con perseverancia concluirá por enmendarse. Se trata de emprender una conversión: tarea muchas veces penosa, ingrata, incluso desagradable, pero cuyo mérito radica en la dificultad que ofrece. Con todo, si se lleva a cabo de manera correcta, siempre brindará la satisfacción de haber cumplido con un deber de caridad y, con frecuencia, la de haber hecho que un alma descarriada vuelva al camino del bien.

Asimismo, conviene interrumpir toda comunicación escrita tan pronto como se compruebe que procede de un Espíritu malo que no quiere entrar en razón, a fin de no darle el placer de que lo escuchen. En ciertos casos, puede incluso ser conveniente que
el médium deje de escribir durante algún tiempo, lo que se determinará de acuerdo con las circunstancias. No obstante, si bien el médium escribiente puede evitar esas conversaciones absteniéndose de escribir, no sucede lo mismo con el médium auditivo, a quien el Espíritu obsesor persigue, a veces, a cada instante, con sus expresiones groseras y obscenas, y que ni siquiera dispone del recurso de taparse los oídos. Por lo demás, es preciso reconocer que algunas personas se divierten con el lenguaje vulgar de esa clase de
Espíritus, a los que alientan y provocan al celebrar sus tonterías, en vez de imponerles silencio y moralizarlos. Nuestros consejos no pueden aplicarse a los que quieren ahogarse.

250. Por consiguiente, sólo habrá disgustos, pero no peligro, para los médiums que no se dejen seducir, porque no podrán ser engañados. Muy diferente es lo que ocurre con la fascinación, porque en ese caso el dominio que adquiere el Espíritu sobre aquel de quien se ha apoderado no tiene límites. Lo único que se puede hacer con la víctima es tratar de convencerla de que está siendo engañada, para reducir su obsesión al nivel de la obsesión simple. No obstante, eso no siempre es fácil, y en algunas ocasiones resulta imposible. El ascendiente del Espíritu puede ser de tal intensidad, que este logra que el fascinado se vuelva reacio a todo tipo de razonamiento. Y si incurre en alguna burda herejía científica, puede
incluso hacer que la víctima dude de la verdadera ciencia. Como ya hemos dicho, el médium fascinado suele recibir con desagrado los consejos que se le brindan. La crítica lo molesta, lo irrita y le hace tomar aversión a las personas que no comparten su admiración por el Espíritu que lo asiste. Sospechar
de ese Espíritu le resulta poco menos que una profanación, y esa reacción es la que el obsesor incita, pues desea que todos se inclinen ante su palabra. Uno de ellos ejercía sobre una persona
de nuestro conocimiento una fascinación extraordinaria. Lo evocamos, y después de algunas fanfarronadas, al comprender que no conseguía engañarnos en cuanto a su identidad, acabó confesando que no era aquel cuyo nombre usurpaba. Se le preguntó por qué seducía de tal modo a esa persona, y respondió con estas palabras, que revelan claramente el carácter de esta clase de Espíritus: Yo buscaba un hombre al que pudiera manejar. Lo encontré y con él me quedaré. Le dijimos que, si
lográbamos que esa persona viera claro, ella lo expulsaría. A lo que respondió: ¡Ya lo veremos! Como no hay peor ciego que aquel que no quiere ver, cuando se reconoce la inutilidad de todas las tentativas para abrir los ojos al fascinado, lo mejor que se puede hacer es dejarlo con sus ilusiones. No es posible curar a un enfermo que se obstina en conservar su enfermedad, y en ella se complace.

251. La subyugación corporal consume en muchos casos la energía que el obseso necesita para dominar al Espíritu malo. Por eso hace falta la intervención de otra persona, que actúe mediante el magnetismo, o bien con la fuerza de su propia voluntad. Si el
obseso no colabora, esa persona deberá tener ascendiente sobre el Espíritu. No obstante, como ese ascendiente sólo puede ser moral, no podrá ser ejercido más que por un ser moralmente superior al
Espíritu, y su poder será tanto mayor cuanto mayor sea su superioridad moral, en cuyo caso se impondrá al Espíritu, que se verá forzado a rendirse ante él. Por esa razón Jesús tenía tan extraordinario poder para expulsar a los que en aquella época recibían el nombre de demonios, es decir, a los Espíritus malos obsesores. Aquí sólo podemos ofrecer consejos de carácter general, ya que no existe ningún procedimiento material y, sobre todo, ninguna
fórmula o palabra sacramental que tenga poder para expul sar a los Espíritus obsesores. Algunas veces, lo que falta al obseso es suficiente fuerza fluídica. En ese caso, la acción magnética de un buen magnetizador puede ser de gran ayuda. Por lo demás, siempre es conveniente que el obseso busque, a través de un médium seguro 30, los consejos de un Espíritu superior o de su ángel de la guarda.

252. Las imperfecciones morales del obseso constituyen, en muchas ocasiones, un obstáculo para su liberación. Veamos a continuación un ejemplo notable que puede resultar instructivo para todos: Hacía varios años que unas hermanas eran víctimas de vejaciones muy desagradables. Sus vestidos eran habitualmente dispersados por todos los rincones de la casa e incluso en los techos.
Aparecían cortados, rasgados y perforados, por más cuidado que pusieran en guardarlos bajo llave. Esas damas, confinadas en una pequeña localidad alejada de la capital, nunca habían oído hablar del espiritismo. La primera idea que se les ocurrió fue, naturalmente, que eran objeto de bromas de mal gusto. No obstante, la persistencia de esos actos, además de las precauciones que adoptaban para evitarlos, alejó de ellas esa suposición. Mucho tiempo después, a raíz de algunas sugerencias recibidas, pensaron que debían dirigirse a nosotros para averiguar la causa de aquellos perjuicios y, en lo posible, la manera de remediarlos. Sobre la causa no había dudas; en cuanto al remedio, era más difícil. El Espíritu que se ponía de manifiesto por medio de esos actos era, evidentemente, malévolo. Al evocarlo, se mostró de gran perversidad e inaccesible
a los buenos sentimientos, aunque dio la impresión de que la oración ejercía sobre él una influencia saludable. Con todo, al cabo de un período de tregua, se reanudaron las vejaciones. Veamos el consejo que al respecto nos dio un Espíritu superior:“Lo mejor que esas señoras pueden hacer es rogar a sus Espíritus protectores que no las abandonen. No puedo darles un consejo más apropiado que proponerles que desciendan hasta el fondo de sus conciencias para confesarse a sí mismas, mediante un examen, si siempre han practicado el amor al prójimo y la caridad. No me refiero a la caridad que consiste en dar y distribuir, sino a la caridad de la lengua, porque lamentablemente esas señoras no
saben frenar las suyas, ni demuestran mediante actos piadosos el deseo de liberarse de aquel que las atormenta. Son demasiado afectas a hablar mal del prójimo, y el Espíritu que las obsesiona busca
su resarcimiento, pues en vida fue el blanco de las burlas a que ellas lo sometieron. Sólo deben buscar en sus recuerdos, y pronto descubrirán de quién se trata. “No obstante, si consiguen mejorarse, sus ángeles de la guarda se les acercarán, y su sola presencia bastará para expulsar al Espíritu malévolo. Él se ha apegado a una de ellas en particular, pues a consecuencia de sus actos reprensibles y malos pensamientos, su ángel de la guarda debió alejarse. Lo que ellas necesitan es hacer fervientes
oraciones por los que sufren y, en especial, ejercitar las virtudes que Dios impone a cada persona, de acuerdo con su condición.” Como alegamos que esas palabras nos parecían un tanto severas, y que tal vez conviniera suavizarlas al transmitirlas, el Espíritu
agregó:
“Debo decir lo que digo, y del modo en que lo digo, porque las personas en cuestión tienen el hábito de suponer que no hacen daño alguno con la lengua, cuando en realidad lo hacen, y mucho. Por esa razón debemos impresionarlas, a fin de que sea para ellas
una seria advertencia.” De esto se desprende una enseñanza muy importante: las imperfecciones morales dan motivo a los Espíritus obsesores, y
el medio más seguro de liberarnos de ellos consiste en atraer a los Espíritus buenos mediante la práctica del bien. Sin duda, los Espíritus buenos tienen más poder que los malos, y basta con su voluntad para alejar a estos últimos. No obstante, los buenos sólo
asisten a quienes los ayudan mediante los esfuerzos que hacen para mejorar. De lo contrario, se apartan y dejan el terreno libre a los Espíritus malos, que de ese modo se convierten, en ocasiones,
en instrumentos de castigo, dado que los buenos les permiten actuar con ese propósito.

253. Por otra parte, no debemos atribuir a la acción directa de los Espíritus todas las contrariedades que experimentamos, pues estas son a menudo la consecuencia de la desidia o de la imprevisión.
Cierto día un labrador nos escribió una carta diciendo que en los últimos doce años le habían ocurrido todo tipo de desgracias con sus animales: a veces se morían las vacas, o dejaban de producir leche; otras veces se morían los caballos, los carneros o los cerdos. Había rezado muchas novenas que no remediaron sus problemas, y tampoco obtuvo nada con las misas que hizo celebrar, ni con los
exorcismos que ordenó practicar. Entonces, conforme a la creencia supersticiosa que era común en el campo, quedó convencido de que habían hechizado a sus animales. Supuso, sin duda, que estábamos
dotados de algún poder para exorcizar, y que ese poder era mayor que el del cura de su aldea, razón por la cual pidió nuestra opinión. Veamos la respuesta que nos dieron los Espíritus:
“La mortalidad o las enfermedades de los animales de ese hombre se deben a que sus corrales están infectados, y él no resuelve ese problema porque cuesta dinero”.

254. Concluiremos este capítulo con las respuestas que los Espíritus dieron a nuestras preguntas, y que vienen a corroborar lo
que hemos expresado:
1. ¿Por qué algunos médiums no consiguen liberarse de los Espíritus malos que se apegan a ellos? Por otra parte, ¿a qué se debe que los Espíritus buenos, a quienes esos médiums llaman, no sean lo bastante poderosos para alejar a los otros y comunicarse
directamente?
“No se trata de que al Espíritu bueno le falte poder. Sucede que, por lo general, el médium no tiene suficiente fuerza para ayudarlo. La naturaleza del médium se presta mejor a ciertas relaciones, y su
fluido se identifica más con un Espíritu que con otro. Eso es lo que confiere tan amplio dominio a los Espíritus que quieren engañarlo.”

2. Sin embargo, nos parece que hay personas muy meritorias, de una moralidad irreprochable, que a pesar de eso se ven impedidas de comunicarse con los Espíritus buenos.

“Se trata de una prueba. Además, ¿quién podría garantizaros que su corazón no está manchado con algo de mal, o que su orgullo no se oculta tras una apariencia de bondad? Esas pruebas, al mostrar al obseso su debilidad, deben hacer que se encamine hacia la humildad.”

“¿Acaso hay alguien, en la Tierra, que pueda considerarse perfecto? El que tiene todas las apariencias de la virtud puede tener también muchos defectos ocultos, un antiguo fermento de imperfección. Así, por ejemplo, vosotros decís que aquel que no hace daño y es leal en sus relaciones sociales es un hombre bueno y digno. Pero ¿sabéis si sus cualidades buenas no están empañadas por
el orgullo? ¿Sabéis si no hay en él un trasfondo de egoísmo? ¿Sabéis si no es avaro, celoso, rencoroso, malediciente y otras mil cosas que no percibís, porque vuestras relaciones con él no os han permitido descubrirlas? El medio más efectivo para combatir la influencia de los Espíritus malos consiste en acercarse todo lo posible a la naturaleza
de los buenos.”

3. La obsesión que impide a un médium obtener las comunicaciones que desea, ¿es siempre un signo de indignidad de su parte?
“No he dicho que se trate de un signo de indignidad, sino que puede haber algún obstáculo que se oponga a determinadas comunicaciones. El médium debe, pues, remover el obstáculo que se encuentra en sí mismo. Si no lo hace, sus plegarias y sus súplicas
de nada le valdrán. No basta con que un enfermo le diga a su médico: ‘Devuélvame la salud, pues quiero estar sano’. El médico no podrá hacer nada si el enfermo no hace lo que le corresponde.”

4. Así pues, la imposibilidad de comunicarse con determinados Espíritus, ¿constituiría una especie de castigo?
“En determinados casos puede constituir un verdadero castigo, así como la posibilidad de comunicarse con ellos es una recompensa que debéis esforzaros por merecer.” (Véase “Pérdida y
suspensión de la mediumnidad”, § 220.)

5. ¿No se puede también combatir la influencia de los Espíritus malos mediante su moralización?
“Sí, pero eso nunca se hace, a pesar de que no hay que dejar de hacerlo, porque en muchas ocasiones constituye una tarea que se os ha confiado, y que debéis cumplir de manera caritativa y con
religiosidad. Por medio de sabios consejos se puede inducir a los Espíritus malos al arrepentimiento, a fin de acelerar su progreso.”

[5a] – En ese caso, ¿cómo puede un hombre ejercer más influencia que los propios Espíritus?
“Los Espíritus perversos se acercan a los hombres, a quienes tratan de atormentar, antes que a los otros Espíritus, de los cuales se alejan todo lo posible. En esa aproximación a los humanos, cuando
encuentran a alguien que los moraliza, al principio no lo escuchan, e incluso se burlan de él. Posteriormente, si este sabe interesarlos, terminan por dejarse impresionar. Los Espíritus elevados sólo pueden hablarles en nombre de Dios, y eso los espanta. Es evidente que el hombre no tiene más poder que los Espíritus superiores, pero su lenguaje se identifica mejor con la naturaleza de los Espíritus inferiores, y cuando él comprueba el influjo que puede ejercer sobre ellos, comprende mejor la solidaridad que existe entre el Cielo y la Tierra.
“Además, el influjo que el hombre puede ejercer sobre los Espíritus guarda relación con su superioridad moral. Él no domina a los Espíritus superiores, ni siquiera a los que, sin ser superiores,
son buenos y benévolos, pero sí puede dominar a los Espíritus que son inferiores a él en moralidad.” (Véase el § 279.)

6. La subyugación corporal, llevada a cierto grado, ¿puede causar la locura?
“Sí, una especie de locura cuya causa el mundo no conoce, pero que no tiene relación con la locura común. Entre aquellos a quienes se considera locos, muchos son apenas subyugados. Les haría falta un tratamiento moral, porque con los tratamientos corporales se los vuelve realmente locos. Cuando los médicos conozcan bien el espiritismo, sabrán hacer esa distinción y curarán más enfermos que con las duchas.” (Véase el § 221.)

7. ¿Qué debemos pensar de los que, viendo algún peligro en el espiritismo, creen que el medio de evitarlo sería prohibir las comunicaciones espíritas?
“Si bien pueden prohibir a ciertas personas que se comuniquen con los Espíritus, no pueden impedir que esas mismas personas reciban manifestaciones espontáneas, dado que no les resultar posible suprimir a los Espíritus, ni impedir que ejerzan su influencia oculta. Actúan como esos niños que cierran los ojos y por eso creen que nadie los ve. Sería una locura pretender suprimir un fenómeno que ofrece grandes ventajas, sólo porque algunos imprudentes
pueden abusar de él. El medio de prevenir esos inconvenientes consiste, por el contrario, en hacer que ese fenómeno se conozca en profundidad.”

Capítulo XIV

Acerca de los médiums
• Médiums de efectos físicos. • Personas eléctricas. • Médiums sensitivos o impresionables. • Médiums auditivos. • Médiums parlantes. • Médiums videntes. • Médiums sonámbulos. • Médiums curativos. • Médiums pneumatógrafos.

159. Toda persona que siente, con mayor o menor intensidad, la influencia de los Espíritus es médium. Esa facultad es inherente al hombre, de modo que no constituye un privilegio exclusivo, y son pocos los que no poseen algunos rudimentos de ella. Por consiguiente, se puede decir que todas las personas, poco más o menos, son médiums. Sin embargo, en la práctica, esa calificación sólo se aplica a aquellos en quienes la facultad mediúmnica está netamente caracterizada y se pone de manifiesto mediante efectos patentes, cuya intensidad es indudable, lo que depende de una organizaciónmás o menos sensitiva. Hay que señalar, además, que esta facultad no se revela en todos de la misma manera.

Por lo general, cada médium tiene una aptitud especial para tal o cual orden de fenómenos, de modo que existen tantas variedades de médiums como especies de manifestaciones. Los principales son: médiums de efectos físicos, médiums sensitivos o impresionables, médiums auditivos, médiums parlantes, médiums videntes, médiums sonámbulos, médiums curativos, médiums pneumatógrafos, médiums escribientes o psicógrafos.

1. Médiums de efectos físicos
160. Los médiums de efectos físicos son más especialmente aptos para producir fenómenos materiales, como los movimientos de cuerpos inertes, los ruidos, etc. Pueden ser divididos en médiums facultativos y médiums involuntarios. (Véase la Segunda Parte, Capítulos II y IV.)
Los médiums facultativos son los que tienen conciencia de su poder y producen fenómenos espíritas mediante un acto de su voluntad. Aunque inherente a la especie humana, conforme ya hemos dicho, esta facultad está lejos de existir en todos con la misma intensidad. No obstante, si bien son pocas las personas en las que es absolutamente nula, más raras aún son las que tienen aptitud para producir los grandes efectos, como la suspensión de cuerpos pesados en el espacio, la traslación aérea y, sobre todo, las apariciones.

Los efectos más simples son la rotación de un objeto, los golpes producidos mediante el levantamiento de ese objeto, o en su propia sustancia. A pesar de que no atribuimos una gran importancia a esos fenómenos, recomendamos que no se los descuide, porque pueden dar lugar a observaciones interesantes y contribuir al convencimiento de quienes los presencien. De todos modos, conviene notar que la facultad de producir efectos materiales raramente existe en los que disponen de medios de comunicación más perfectos, como la escritura y la palabra. En general, la facultad disminuye en un sentido a medida que se desarrolla en otro.

161. Los médiums involuntarios o naturales son aquellos cuya influencia se ejerce sin que ellos lo sepan. No tienen conciencia de su poder y, a menudo, lo que sucede de anormal alrededor suyo no les parece en modo alguno extraordinario, pues forma parte de ellos mismos, como en el caso de las personas dotadas de doble vista, que ni siquiera lo sospechan. Esos sujetos son muy dignos de observación, y no debemos dejar de reunir y estudiar los hechos de esa clase que lleguen a nuestro conocimiento. Se manifiestan a cualquier edad, y muchas veces en niños pequeños. (Véase el capítulo V, “Manifestaciones físicas espontáneas”.)

Esta facultad no constituye, de por sí, el indicio de un estado patológico, ya que no es incompatible con una salud perfecta. Si aquel que la posee está enfermo, eso se debe a una causa ajena a la Mediúmnidad. Por eso los recursos terapéuticos empleados son impotentes para hacerla desaparecer. En algunos casos, puede surgir después de una cierta debilidad orgánica, pero esta nunca es su causa eficiente. No existe, por lo tanto, desde el punto de vista de la salud, ninguna razón para inquietarnos.

La Mediúmnidad sólo podría causar algún problema si el sujeto que la posee abusara de ella después de haberse convertido en médium facultativo, porque en ese caso podría haber una emisión demasiado abundante de fluido vital, con el consecuente debilitamiento del organismo.

162. La razón se revela ante la imagen de las torturas morales y corporales a que la ciencia ha sometido a veces a personas débiles y delicadas, con el fin de asegurarse de que no existía engaño de parte de ellas. Esas experimentaciones, hechas con mala intención la mayoría de las veces, son siempre perjudiciales para las organizaciones sensitivas, e incluso pueden ocasionar graves desordenes en la economía orgánica. Realizar semejantes pruebas es jugar con la vida. El observador de buena fe no necesita emplear esos medios. Aquel que está familiarizado con fenómenos de esa especie sabe, además, que corresponden al orden moral más que al físico, y que sería inútil buscar su solución en nuestras ciencias exactas.

Precisamente porque esos fenómenos son de orden moral, se debe evitar con un cuidado no menos escrupuloso todo lo que pueda sobrexcitar la imaginación. Como se sabe, el miedo puede ocasionar muchos accidentes, de modo que se cometerían menos imprudencias si se conocieran todos los casos de locura y epilepsia cuyo origen se encuentra en las leyendas de lobisones y de cucos. ¿Qué sucedería, pues, si las personas fueran convencidas de que detrás de esos fenómenos está el diablo? Quienes propagan semejantes ideas no saben la responsabilidad que asumen, pues pueden matar. Ahora bien, el peligro no existe sólo para el sujeto, sino también para los que lo rodean, que pueden quedar aterrorizadosal pensar que la casa donde viven se ha convertido en una guarida de demonios. Esta creencia funesta fue la que causó tantos actos de atrocidad en los tiempos de ignorancia. Con todo, si los responsables de esos actos hubiesen tenido un poco más de discernimiento, deberían haber pensado que, por más que quemaran los cuerpos supuestamente poseídos por el diablo, no podrían quemar al propio diablo. Si lo que querían era librarse de él, a él debían dar muerte. La doctrina espírita, al ilustrarnos acerca de la verdadera causa de los fenómenos mediúmnico, le dio al diablo el golpe de gracia. Así pues, lejos de estimular aquella creencia, todas las personas –y este es un deber moral y humanitario– deben combatirla, dondequiera que exista.

Lo que se debe hacer cuando una facultad de esa naturaleza se desarrolla espontáneamente en un individuo, es dejar que el fenómeno siga su curso natural: la naturaleza es más prudente que los hombres. Por otra parte, la Providencia tiene sus planes, y el más humilde de los seres puede servir de instrumento a los designios más importantes. No obstante, debemos convenir en que algunas veces ese fenómeno asume proporciones agobiantes e inoportunas para todo el mundo.Veamos el modo como hay que proceder en todos los casos. En el capítulo V, “Manifestaciones Físicas Espontáneas”, ya dimos algunos consejos al respecto, y hemos manifestado la necesidad de entrar en comunicación con el Espíritu, para saber lo que desea. El siguiente método también se basa en la observación.

Ítem #162
Los Seres invisibles que revelan su presencia por medio de efectos sensibles son, por lo general, Espíritus de orden inferior, que pueden ser dominados mediante el ascendiente moral. Ese ascendiente es el que debemos tratar de adquirir. 
Para lograrlo, es necesario hacer que el sujeto pase del estado de médium natural al de médium facultativo. Se produce, entonces, un efecto análogo al que se observa en el sonambulismo. 
Como se sabe, el sonambulismo natural cesa generalmente cuando es sustituido por el sonambulismo magnético. No se interrumpe la facultad que permite al alma emanciparse, sino que se le da otro curso. Lo mismo sucede con la facultad Mediúmnica. Con ese fin, en vez de obstaculizar los fenómenos –lo que raramente se consigue y que no siempre está exento de peligro–, es preciso estimular al médium a que los produzca según su voluntad, imponiéndose al Espíritu. De ese modo, el médium llega a someterlo, haciendo de ese dominador, a veces tiránico, un ser subordinado y a menudo muy dócil. Un hecho digno de nota, confirmado por la experiencia, es que en ese caso un niño tiene tanta autoridad como un adulto, y a veces más que este. Esa es otra prueba a favor de un punto fundamental de la doctrina espírita: el Espíritu sólo es niño a causa de su cuerpo, y posee un desarrollo necesariamente anterior a su encarnación actual, desarrollo que le puede dar ascendiente sobre los Espíritus que son inferiores a él.

Item #162 al final
“La moralización del Espíritu a través de los consejos de una tercera persona influyente y experimentada, en caso de que el médium no se encuentre en condiciones de hacerlo, constituye a menudo un recurso muy eficaz. Más adelante volveremos a tratar este asunto.”

6. Médiums sonámbulos
172. El sonambulismo puede ser considerado una variedad de la facultad Mediúmnica; o mejor dicho, ambos órdenes de fenómenos se encuentran juntos con mucha frecuencia. El sonámbulo actúa bajo la influencia de su propio Espíritu. Su alma, en los momentos de emancipación, ve, oye y percibe más allá de los límites de los sentidos. El sonámbulo extrae de sí mismo lo que expresa.

En general, sus ideas son más precisas que cuando se halla en estado normal, y también son más amplios sus conocimientos, porque su alma está libre. En una palabra, vive por anticipado la vida de los Espíritus. El médium, por el contrario, es el instrumento de una inteligencia extraña. Es pasivo, y lo que dice no proviene de él. En resumen, el sonámbulo expresa su propio pensamiento, en tanto que el médium expresa el pensamiento de otro. No obstante, el Espíritu que se comunica a través de un médium común, también puede hacerlo a través de un sonámbulo. Muchas veces, incluso, el estado de emancipación del alma que se produce durante el sonambulismo facilita esa comunicación. Muchos sonámbulos ven perfectamente a los Espíritus y los describen con tanta precisión como los médiums videntes. Pueden conversar con ellos y trasmitirnos su pensamiento. Lo que dicen, fuera del ámbito de sus conocimientos personales, casi siempre les es sugerido por otros Espíritus. Veamos un ejemplo notable, en el que la doble acción –del Espíritu del sonámbulo y del otro Espíritu– se revela de modo inequívoco.

173. Uno de nuestros amigos utilizaba como sonámbulo a un joven de entre 14 y 15 años, de inteligencia muy vulgar y de instrucción en extremo precaria. No obstante, en el estado de sonambulismo, dio pruebas de una lucidez extraordinaria y de gran perspicacia. Se distinguía principalmente en el tratamiento de las enfermedades, e hizo un gran número de curas que se consideraban imposibles. Cierto día, en que atendía a un enfermo, describió la enfermedad con absoluta exactitud. “No es suficiente –le dijeron–, ahora es necesario que indiques el remedio.” “No puedo –respondió–, mi ángel doctor no está aquí.” “¿A qué te refieres cuando hablas de tu ángel doctor?” “Es el que dicta los remedios.”
“Entonces, ¿no eres tú quien ve los remedios?” “¡Oh, no! Os he dicho que es mi ángel doctor quien me los dicta.”
De ese modo, en el caso de este sonámbulo, la acción de ver la enfermedad correspondía a su propio Espíritu, que para eso no precisaba de asistencia alguna. En cambio, la indicación de los remedios se la daba otro Espíritu. Si ese otro Espíritu no estaba presente, el joven no podía decir nada. Cuando estaba solo, era apenas un sonámbulo; pero asistido por aquel a quien denominaba su ángel doctor, era un sonámbulo médium.

174. La lucidez sonambúlica es una facultad que depende del organismo, y es completamente independiente de la elevación, el adelanto e incluso el estado moral del sujeto. Así pues, un sonámbulo puede ser muy lúcido, pero incapaz de resolver ciertas cuestiones si su Espíritu es poco adelantado. De modo que el sonámbulo que habla por sí mismo puede decir cosas buenas o malas, exactas o falsas, ser más o menos delicado y escrupuloso en su proceder, conforme al grado de elevación o de inferioridad de su propio Espíritu. Por eso la asistencia de otro Espíritu puede suplir sus deficiencias. No obstante, un sonámbulo también puede ser asistido por un Espíritu mentiroso, frívolo e incluso malo, como sucede con los médiums. En este caso, sobre todo, las cualidades morales ejercen una gran influencia para atraer a los Espíritus buenos.
(Véase El Libro de los Espíritus, “Sonambulismo”, § 425; y, en este libro, el capítulo sobre la “Influencia moral del médium”.)


Capítulo XV

Médiums escribientes o psicógrafos
• Médiums mecánicos. • Médiums intuitivos. •
Médiums semimecánicos. • Médiums inspirados o involuntarios. • Médiums de presentimientos.

178. De todos los medios de comunicación, la escritura manual es el más simple, el más cómodo y, sobre todo, el más completo. Hacia él deben tender todos los esfuerzos, porque permite que se establezcan con los Espíritus relaciones tan continuadas y regulares como las que existen entre nosotros. Debemos dedicarnos a ese tipo de escritura tanto más cuanto que, por su intermedio, los Espíritus revelan mejor su naturaleza y el grado de perfección o de inferioridad que los caracteriza. Debido a la facilidad con que pueden expresarse, nos revelan sus más íntimos pensamientos y nos ponen así en condiciones de apreciarlos en su justo valor. Además, para el médium, la facultad de escribir es la más susceptible de ser desarrollada con el ejercicio.

Médiums mecánicos

179. Si examinamos ciertos efectos que se producen en los movimientos de la mesa, de la cesta o de la tablilla que escriben, no podemos dudar de que exista una acción ejercida directamente por el Espíritu sobre esos objetos. Algunas veces la cesta se agita con tanta violencia que escapa de las manos del médium, y no es raro que se dirija hacia ciertas personas de la concurrencia para golpearlas. En otras ocasiones, sus movimientos revelan un sentimiento afectuoso.

Lo mismo sucede cuando el lápiz está colocado en la mano del médium. A menudo es arrojado lejos con fuerza, o bien la mano, como lo hacía la cesta, se agita convulsivamente y golpea en la mesa de modo colérico, incluso a pesar de que el médium se encuentre muy tranquilo y se sorprenda de no poder controlarse. Digamos, de paso, que esos efectos denotan siempre la presencia de Espíritus imperfectos. Los Espíritus realmente superiores son tranquilos, dignos y benévolos en todo tiempo. Si no son escuchados de manera conveniente, se retiran y otros toman su lugar. Así pues, el Espíritu puede expresar directamente su pensamiento, ya sea mediante el movimiento de un objeto, al que la mano del médium sirve apenas de punto de apoyo, o ejerciendo su acción sobre la mano misma.

Cuando el Espíritu actúa directamente sobre la mano, le da un impulso por completo independiente de la voluntad del médium. Mientras el Espíritu tenga algo para decir, la mano se moverá sin interrupción y a pesar del médium, y se detendrá cuando el Espíritu haya concluido.

En esta circunstancia, lo que caracteriza al fenómeno es que el médium no tiene la menor conciencia de lo que escribe. En ese caso, el desconocimiento absoluto determina que se lo llame médium pasivo o mecánico. Se trata de una facultad valiosa, porque no da lugar a dudas acerca de la independencia del pensamiento del Espíritu que escribe.

Médiums intuitivos
180. La transmisión del pensamiento también se produce por intermedio del Espíritu del médium, o mejor dicho, de su alma, ya que designamos con ese nombre al Espíritu encarnado.

En este caso, el Espíritu comunicante no actúa sobre la mano del médium para hacer que escriba; no la toma ni la guía. Actúa sobre el alma, con la cual se identifica. Bajo ese impulso, el alma del médium dirige la mano, y esta dirige el lápiz. Señalemos ahora algo que es importante saber: el Espíritu que se comunica no sustituye al alma del médium, visto que no podría desplazarla, sino que la domina sin que esta lo sepa, y le imprime su propia voluntad. En el tipo de Mediúmnidad que nos ocupa, el rol del alma no es enteramente pasivo, pues recibe el pensamiento del Espíritu comunicante y lo transmite. En esa situación, el médium tiene conocimiento de lo que escribe, aunque no se trate de su propio pensamiento. Es lo que se denomina médium intuitivo.

En este caso –se dirá–, nada prueba que sea otro Espíritu el que escribe, en vez del alma del médium. De hecho, algunas veces es bastante difícil hacer la distinción, aunque es probable que eso no importe demasiado. Con todo, el pensamiento sugerido por el Espíritu se puede reconocer por el hecho de que nunca es preconcebido. Surge a medida que el médium escribe, y muchas veces es contrario a la idea que este tenía previamente acerca del tema.

Incluso, ese pensamiento puede ser ajeno a los conocimientos y a la capacidad del médium.
El rol del médium mecánico es el de una máquina. El médium intuitivo actúa como lo haría un intérprete. De hecho, para transmitir el pensamiento, el médium intuitivo necesita comprenderlo y, en cierto modo, apropiarse de él para traducirlo fielmente. Sin embargo, ese pensamiento no es suyo, sino que sólo atraviesa su cerebro. Ese es exactamente el rol del médium intuitivo.

Médiums semimecánicos
181. En el médium puramente mecánico, el movimiento de la mano es independiente de la voluntad. En el médium intuitivo, el movimiento es voluntario y facultativo. El médium semimecánico participa de ambas características: siente que su mano recibe un impulso a pesar suyo, pero al mismo tiempo tiene conocimiento de lo que escribe, a medida que las palabras se forman. En el primero, el pensamiento es posterior al acto de la escritura. En el segundo, lo precede. En el tercero, pensamiento y escritura son simultáneos. Los médiums de esta última clase son los más numerosos.

Médiums inspirados
182. Toda persona que recibe, a través del pensamiento, tanto en el estado normal como en el de éxtasis, comunicaciones ajenas a sus ideas preconcebidas, puede ser incluido en la categoría de los médiums inspirados. Se trata, como se ve, de una variedad de la Mediúmnidad intuitiva, con la diferencia de que la intervención de un poder oculto es mucho menos perceptible, porque en el médium inspirado es todavía más difícil distinguir el pensamiento propio de aquel que le es sugerido. Lo que caracteriza a esta variedad es, sobre todo, la espontaneidad. La inspiración procede de los Espíritus que ejercen una influencia sobre nosotros, para el bien o para el mal; pero se debe principalmente a los que quieren nuestro bien, en cuyo caso cometemos el error de rechazar sus consejos con mucha frecuencia. La inspiración se aplica a todas las circunstancias de la vida, en las resoluciones que debemos tomar.

En ese aspecto, se puede decir que todos somos médiums, porque no hay quien no tenga sus Espíritus protectores y familiares, que se esfuerzan al máximo para sugerir ideas saludables a sus protegidos. Si todos estuvieran plenamente convencidos de esta verdad, recurrirían con mucha más frecuencia a la inspiración de su ángel de la guarda, en los momentos en que no saben qué decir o qué hacer. Así pues, que cada uno invoque a su Espíritu protector con fervor y confianza, en caso de que sea necesario, y muy a menudo se sorprenderá de las ideas que le surgen como por encanto, ya sea para tomar una resolución o para llevar algo a cabo. Si no surge ninguna idea, significa que hay que esperar. La prueba de que la idea que se presenta es ajena a nosotros reside en el hecho de que, si nos perteneciera, estaría siempre a nuestra disposición, y no habría razón para que no surgiera conforme a nuestra voluntad. El que no es ciego, no tiene más que abrir los ojos para ver, cuando así lo desee. Del mismo modo, el que posee ideas propias las tiene siempre a su disposición. Si no se le presentan cuando quiere, es porque está obligado a buscarlas en otra parte, y no en sí mismo.

También se puede incluir en esta categoría a las personas que, sin hallarse dotadas de una inteligencia fuera de lo común, y sin salir del estado normal, tienen relámpagos de una lucidez intelectual que les proporciona, momentáneamente, una facilidad inusitada de concepción y de elocución, así como, en ciertos casos, el presentimiento de las cosas futuras. En esos momentos, justamente considerados de inspiración, las ideas son abundantes, surgen una tras otra y, por así decirlo, se concatenan por sí mismas, mediante un impulso involuntario y casi febril. Nos parece que una inteligencia superior viene a ayudarnos y que nuestro espíritu se ha desembarazado de un fardo.

183. Los hombres de genio, de todas las especies: artistas, científicos, literatos, son sin duda Espíritus adelantados, capaces de comprender y de concebir grandes cosas por sí mismos. Ahora bien, precisamente porque los juzgan capaces, los Espíritus que quieren concretar ciertos trabajos les sugieren las ideas necesarias, de modo que la mayoría de las veces esos hombres de genio son médiums sin saberlo. No obstante, tienen una vaga intuición de una asistencia extraña, visto que todo el que apela a la inspiración no hace otra cosa que una evocación. Si no esperase ser escuchado, ¿por qué exclamaría tan a menudo: “Mi buen genio, ven en mi ayuda”?
Las respuestas siguientes confirman esta certeza: 
1. ¿Cuál es la causa principal de la inspiración?“Un Espíritu que se comunica mediante el pensamiento.”
2. La inspiración, ¿no tiene otro objeto más que revelar cosas importantes?“No. Muchas veces está relacionada con las más triviales circunstancias de la vida. Por ejemplo, quieres ir a alguna parte, pero una voz secreta te dice que no lo hagas, porque correrás peligro; o te dice que hagas algo en lo que no pensabas. Se trata de la inspiración.Hay muy pocas personas que no hayan sido más o menos inspiradas en ciertos momentos.”
3. Un escritor, un pintor o un músico, por ejemplo, en los momentos de inspiración, ¿podría ser considerado médium?“Sí, porque en esos momentos su alma es más libre y se encuentra como desprendida de la materia. Recobra una parte de sus facultades de Espíritu, y recibe más fácilmente las comunicaciones de los otros Espíritus, que la inspiran.”

Médiums de presentimientos
184. El presentimiento es una vaga intuición de las cosas futuras. Algunas personas tienen esa facultad más o menos desarrollada. Su causa puede ser una especie de doble vista, que les permite entrever las consecuencias de las cosas del presente, así como la conexión que existe entre los acontecimientos. No obstante, muchas veces también es el resultado de comunicaciones ocultas. En este caso, principalmente, quienes están dotados de ella pueden recibir el nombre de médiums de presentimientos, que constituyen una variedad de los médiums inspirados.

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¿Cómo reconocer un “Espiritista Verdadero”, en el Espiritismo?

¿Cómo reconocer un “Espiritista Verdadero”, en el Espiritismo? 
Un Espiritista Verdadero es aquel que según el Libro de Obras Póstumas, de Allan Kardec lo describe así:

Breve Contestación a los Detractores del Espiritismo

“Solo reconoce por adeptos suyos a los que practican su enseñanza, es decir, a los que trabajan en su propio mejoramiento moral, esforzándose en vencer sus malas inclinaciones, en ser menos egoístas y orgullosos, más afables, más humildes, pacientes, benévolos, caritativos para con el prójimo y moderados en todas las cosa, pues este es el signo característico del espiritista verdadero…”

Un Espiritista Verdadero, no es el que cobra menos dinero. Esos son “Charlatanes”, infiltrados en el Espiritismo. Los “Charlatanes”, son los que cobran dinero en el Espiritismo.


Evaluar a un Espiritista, y saber si es uno Verdadero, se necesita tener conocimiento adquirido, mediante la lectura de los Libros Codificados de Allan Kardec, Así se puede verificar la autenticidad.

Mensajes en Fotos


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1/15/16

Un RESUMEN sobre los recursos del Espiritismo para sanar las Obsesiones Espirituales seria:









  • Moralización del Obsesado obteniendo su ascendencia Moral y luego al Obsesor moralizarlo.



  • Fortalecimiento de la "Voluntad" del Obsesado para que pueda Rechazar al Obsesor.



  • Oración Magnética Mental. (Grupales),



  • Magnetización del Obsesado, mediante Pases Magnéticos.



  • Educación Espirita.


Los postulados y la definición de la Filosofía Espirita antes expresada es nuestra razón de ser en esta red social. Por la naturaleza de este medio, muchas personas con diferentes corrientes de pensamiento y de diferente postura con relación al Espiritismo, pueden hacer comentarios a nuestras reflexiones. Esto nos llena de mucha satisfacción, porque ilustra claramente que el propósito de la existencia de esta página ha cometido su propósito al lograr cruzar barreras de idiomas y de pensamientos. Estamos muy claros en que nuestra filosofía es una de carácter Kardeciana y es la que promulga el deseo genuino de Dios en cuanto al comportamiento Moral de nuestra sociedad y de toda la raza humana, pero no tenemos ninguna conexión con otras corrientes de pensamiento sincretistas como lo son: Práctica de africanismo, indigenismos o ritualismos étnicos, Religiosos, folclóricos o sincréticos ni se hacen rezos, baños de plantas, consume de aguardiente o tabacos, inhalaciones toxicas, curaciones mágicas, maleficios o encantamientos y Santería.



Las obsesiones se Curan según el Espiritismo.






Excelente recurso de información según El Espiritismo, en el siguiente Libro Gratuito:








Todos están bienvenidos a comentar nuestras reflexiones, pero en nada esto significa que patrocinemos estas corrientes diferentes de pensamientos.











Queremos ser un faro, donde aquellos que desean encontrar el puerto seguro, puedan libremente acercarse al dialogo y a la comprensión. Jesús nos enseño a no hacer acepción de persona alguna, somos llamados a la comprensión y a la tolerancia con todos aquellos que aunque tengan pensamientos diferentes, siguen siendo seres humanos en el proceso de encontrar el sendero de la verdad en su camino evolutivo.












REFERENCIAS PARA ESCRIBIR ESTA REFLEXIÓN



  • El Evangelio Según El Espiritismo, Allan Kardec

  • El Libro de Los Espíritus, Allan Kardec

  • Obras Póstumas, Allan Kardec

  • Genesis

  • El Cielo Y el Infierno – Allan Kardec

  • El Libro de Los Médiums – Allan Kardec











Frank Montañez

“Soy Espírita”

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Si me mencionas o no, no es importante para mí, pero sí; es una falta el atribuirte que la información publicada es de tu autoría al no hacer mención alguna del autor original, si no das el crédito al que originalmente lo creo, eso es propiedad intelectual y al no dar el crédito, constituye una falta de moralidad. Recomiendo que añadas al final de tu reflexión algo así:




Partes de esta reflexión ha sido tomada de un artículo publicado por Frank Montañez de “Soy Espírita” en su blog: www.soyespirita.blogspot.com




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Eso evitarás que actúes mal sin quererlo hacer, de eso se trata la Educación Espírita.






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NOTA ACLARATORIA:





Han notado que nuestras reflexiones se redactan para la Educación de nuestra filosofía, tal y como lo ilustran Los Espíritus de La Codificación Espirita dada a Allan Kardec. Muchas de estas enseñanzas lucen como que deben ser tratadas en la Casa Espírita y creo que sí; es esto correcto. Pero la mayoría de nuestros lectores no tienen acceso a Casa Espírita alguna, entonces no nos podemos quedar con las manos cruzadas esperando que Espíritus Impuros que sabiendo esta realidad se adelanten se introduzcan en los hogares de personas que con genuino interés se acercan a nuestra página buscando ayuda. Para ellos les sugiero considerar conformar un pequeño grupo de Estudios en su hogar. Así se deleitaran de las enseñanzas de los Espíritus. Estos dos enlaces te ayudaran a comenzar a conformar tu grupo de Estudio:





  • http://soyespirita.blogspot.com/2014/01/ley-de-sociedad-i-necesidad-de-la-vida.html

  • http://soyespirita.blogspot.com/2011/08/recomendaciones-para-los-nuevos-grupos.html













No demostramos compasión si no ayudamos a estas personas en estos lugares inaccesibles que no existe ninguna Casa Espírita cerca y tal vez nunca la habrá a no ser por nuestra educación por el Internet. Para muchos el desarrollo de la Mediúmnidad es tan serio que no han desarrollado aun Médiums en sus lugares de reunión. Pero eso no debe ser la norma, pues el mismo Allan Kardec nos apercibió de que esto era esencial en el desarrollo espiritual de las comunicaciones Mediúmnica.




Preferimos hacer accesible esta información para aquellos que genuinamente desean crecer espiritualmente, y yo soy el de pensar que si los deseos de estos nuevos allegados son encaminados al desarrollo de la Mediúmnidad, es preferible ayudarlos que dejarlos a expensas de Espíritus Impuros que aprovechándose del deseo más profundo de crecer espiritualmente intervengan para que esto no se logre.




Esta educación debe ser el detonador para el establecimiento de nuevos centros de reunión para nuevos allegados y esto cumple el propósito de la codificación y de la Ley de Progreso y Crecimiento espiritual a que todos tenemos derecho.









































Autenticidad de los libros Codificados por Allan Kardec según el Libro de Génesis, ¿Qué es una Opinión en el Espiritismo? y el propósito del Espiritismo con la Humanidad:





Ítem #10. Sólo los espíritus puros reciben la misión de transmitir la palabra de Dios, pues hoy sabemos que los espíritus están lejos de ser todo perfectos y que algunos intentan aparentar lo que no son, razón por la cual San Juan ha dicho: “Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios” (Primera Epístola Universal de San Juan Apóstol 4:1).



De modo que nadie tiene la autoridad Espiritual ni Moral de realizar cambios a los libros codificados que no sean los dueños y autores originales; "Los Espíritus".




Veamos lo que dice la introducción del Libro de Génesis, comentado y firmado por Allan Kardec y lee como sigue: Introducción, De la primera edición, publicada en enero de 1868.


“A pesar de la intervención humana en la elaboración de esta





Doctrina, la iniciativa pertenece a los espíritus, pero no a uno en especial, ya que es el resultado de la enseñanza colectiva y concordante de muchos espíritus, puesto que si se basara en la doctrina de un espíritu no tendría otro valor que el de una "opinión personal". El carácter esencial de la Doctrina y su existencia misma se basan en la uniformidad y la concordancia de la enseñanza. Por tanto, todo principio no general no puede considerarse parte integrante de la Doctrina, sino una simple opinión aislada de la cual el Espiritismo no se responsabiliza.


Es esa concordancia colectiva de opiniones, sometidas a la prueba de la lógica, la que otorga fuerza a la Doctrina Espírita y asegura su vigencia. Para que cambiase, sería necesario que la totalidad de los espíritus mudasen de opinión, es decir, que llegase el día en que negasen lo dicho anteriormente. Ya que la Doctrina emana de la enseñanza de los espíritus, para que desapareciese sería necesario que los espíritus dejasen de existir. Y es por eso que esta Doctrina prevalecerá siempre sobre los demás sistemas personales, que no poseen, como ella, raíces por doquier. El Libro de los Espíritus ha consolidado su prestigio porque es la expresión de un pensamiento colectivo y general.”

Firmado por Allan Kardec.






El Libro de Génesis, escrito por Allan Kardec nos indica lo siguiente tambien:


Ítem #40. El Espiritísmo presenta, como ha sido demostrado (cap. I, n.º 30), todos los caracteres del Consolador prometido por Jesús. No es, en absoluto, una doctrina individual, una concepción humana; nadie puede decirse su creador (Pues sus creadores fueron los Espíritus). Es el fruto de la enseñanza colectiva de los espíritus presididos por el Espíritu de Verdad. No suprime nada del Evangelio: lo completa y aclara. Con la ayuda de las nuevas leyes que revela, en unión con las de la ciencia, hace comprender lo que era ininteligible y admitir la posibilidad de aquello que la incredulidad tenía inadmisible. Hubo precursores y profetas que presintieron su llegada. Por su poder moralizador, prepara el reino del bien sobre la Tierra.


La doctrina de Moisés, incompleta, terminó circunscrita al pueblo judío; la de Jesús, más completa, se extendió a toda la Tierra mediante el cristianismo, pero no convirtió a todos; el Espiritismo, más completo aún, con raíces en todas las creencias, convertirá a la Humanidad.1


1. Todas las doctrinas filosóficas y religiosas llevan el nombre de la individualidad fundadora, por lo que se dice: el Mosaísmo, el Cristianismo, el Mahometismo, el Budismo, el Cartesianismo, el Furierismo, el Sansimonismo, etc. La palabra Espiritismo, por el contrario, no involucra a ninguna persona en especial; pero sí define a una idea general que indica, al mismo tiempo, el carácter y la fuente múltiple de la Doctrina. [N. de A. Kardec.]






Claramente Allan Kardec y El Espíritu de verdad que dictó los Libros Codificados que el Espiritísmo, más completo aún, es con raíces en TODAS LAS CREENCIAS y la fuente múltiple de la doctrina, refiriéndose a que con Moisés la Doctrina fue incompleta y la de Jesús se extendió mediante el Cristianismo, pero no convirtió a todos, por lo tanto es hoy que el Espiritísmo ha de ser de todos, todas las doctrinas religiosas, "Mosaísmo, Cristianismo, Mahometismo, el Budismo, el Cartesianismo, el Furierismo, el Sansimonismo, y yo ando los Musulmanes, los Hinduistas, los Ateos, los Laicos, los de Joaquín Trincado, los Santeros, Umbanda, en fin a "TODOS", es más incluyo, hasta los extraterrestres, Todos adelantaran sus Espíritus mediante las enseñanzas del Espiritísmo.



En el libro de Obras Póstumas, Allan Kardec, luego de haber dedicado 13 años a la Codificación Espírita, y haber codificado y publicado los 5 Libros Básicos, dijo lo siguiente refiriéndose al Espiritismo:



EL ESPIRITÍSMO NO ES UNA RELIGIÓN Constituida…



El espiritismo es una doctrina filosófica que tiene consecuencias religiosas como toda filosofía espiritualista y por esto mismo toca forzosamente las bases fundamentales de todas las religiones: Dios, el alma y la vida futura; pero no es una religión constituida, dado que no tiene culto, rito ni templo, y que entre sus adeptos ninguno ha tomado ni recibido titulo de sacerdote o sumo sacerdote. Estas calificaciones son pura invención de la crítica.


Obras Póstumas – Allan Kardec







TODOS SOMOS MÉDIUMS





Libro de Los Mediums - Sobre los Médiums - X




Todos los hombres son médiums, todos tienen un Espíritu que los orienta hacia el bien, en caso de que sepan escucharlo. Ahora bien, poco importa que algunos se comuniquen directamente con él a través de una mediumnidad especial, y que otros sólo lo escuchen a través de la voz del corazón y de la inteligencia, pues no deja de ser su Espíritu familiar quien los aconseja. Llamadlo espíritu, razón o inteligencia: en todos los casos es una voz que responde a vuestra alma y os dicta buenas palabras. Sin embargo, no siempre las comprendéis. No todos saben proceder de acuerdo con los consejos de la razón, no de esa razón que se arrastra y repta más de lo que camina, que se pierde en la maraña de los intereses materiales y groseros, sino de esa razón que eleva al hombre por encima de sí mismo y lo transporta a regiones desconocidas. Esa razón es la llama sagrada que inspira al artista y al poeta, el pensamiento divino que eleva al filósofo, el impulso que arrebata a los individuos y a los pueblos. Razón que el vulgo no puede comprender, pero que eleva al hombre y lo aproxima a Dios más que ninguna otra criatura; entendimiento que sabe conducirlo de lo conocido a lo desconocido, y le hace realizar las cosas más sublimes. Escuchad, pues, esa voz interior, ese genio bueno que os habla sin cesar, y llegaréis progresivamente a oír a vuestro ángel de la guarda, que desde lo alto del cielo os tiende la mano. Repito: la voz íntima que habla al corazón es la de los Espíritus buenos, y desde ese punto de vista todos los hombres son médiums.




Channing






Libro de Los Mediums - Capt. XVII


Amigos míos, permitidme que os dé un consejo, dado que avanzáispor un terreno nuevo, y si seguís la ruta que os indicamos no osextraviaréis. Se os ha dicho una gran verdad, que deseamos recordaros: el espiritismo es sólo una moral, y no debe salirse de los límites de la filosofía, ni más ni menos, salvo que quiera caer en el dominio de la curiosidad.


Dejad de lado las cuestiones científicas, pues la misión de los Espíritus no es resolverlas, ahorrándoos el esfuerzo de las investigaciones.


"Tratad antes de mejoraros, pues de ese modo progresaréis realmente".


San Luis






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