miércoles, 19 de julio de 2017

¿Qué es la Elaboración en el Espiritismo? No debe confundirse con ACTUALIZAR o Modificar ninguno de los contenidos de los Libro Codificados, ni las Revistas Espíritas (1858 hasta abril de 1869), ni tampoco ninguno de los Libros de Allan Kardec.



Debemos preservar la integridad doctrinaria del Espiritismo, en esos contenidos mencionados.

    La universalidad de la enseñanza de los Espíritus constituye el poder del espiritismo. Ahí reside también la causa de su rápida propagación. Mientras que la palabra de un sólo hombre, aunque este contara con el concurso de la prensa, tardaría siglos para llegar a los oídos de todos, ocurre que millares de voces se hacen oír simultáneamente en todos los lugares de la Tierra, para proclamar los mismos principios y trasmitirlos tanto a los más ignorantes como a los más sabios, a fin de que nadie sea desheredado. Se trata de una ventaja de la que no ha gozado ninguna de las doctrinas que aparecieron hasta ahora. Por consiguiente, dado que el espiritismo es una verdad, no le teme al desprecio de los hombres, ni a las revoluciones morales, ni a los cataclismos físicos del globo, porque nada de eso puede afectar a los Espíritus.Libro de Génesis Espiritual
Carácteres de la Revelación Espírita, Capítulo I,
Ítem # 13. Por su naturaleza, la Revelación Espírita tiene un carácter doble: es a la vez una revelación divina y una revelación científica. Es divina, porque su llegada es providencial y no es el resultado de la iniciativa humana. Porque los puntos fundamentales de la Doctrina son el producto de la enseñanza impartida por los espíritus, encargados de Dios de revelar a los hombres cosas que éstos ignoraban y que no podían saber sin ayuda, y porque es importante revelar estas cosas hoy, pues los hombres están maduros para comprenderlas. Es científica, porque la enseñanza no es privilegio de ningún individuo en especial, sino que es impartida a todos, por la misma vía, y porque quienes la trasmiten y quienes la reciben no son de ninguna manera seres pasivos, liberados del trabajo de la búsqueda y la observación, así como no pierden su juicio y libre albedrío ni les está prohibido el control. Por el contrario, se les recomienda ejercerlo para que la Doctrina no sea dictada ni impuesta ciegamente, y para que ella sea el producto del trabajo del hombre, de la observación de hechos que los espíritus les muestran y de la instrucciones que les dan, instrucciones que el hombre estudia, comenta y compara, y de las cuales él mismo saca las conclusiones. En una palabra, lo que caracteriza a la Revelación Espírita es que su origen pertenece a Dios, la iniciativa a los espíritus y su elaboración es obra del hombre. 
Ítem #14. Como método de elaboración, el Espiritismo utiliza exactamente el mismo que las ciencias positivas, es decir, aplica el método experimental. Se presentan hechos de un orden nuevo que no pueden explicarse mediante las leyes conocidas: el Espiritismo los observa, compara y analiza, y del efecto se remontan a la causa y de ésta a la ley que los gobierna, luego deduce las consecuencias y busca aplicaciones útiles. No establece ninguna teoría preconcebida, motivo por el cual no ha formulado hipótesis sobre la existencia e intervención de los espíritus, como tampoco sobre el periespíritu, la reencarnación ni ningún otro de los principios de la Doctrina. Ha terminado por aceptar la existencia de los espíritus cuando esa existencia se mostró evidente a través de la observación de los hechos, y de igual manera se ha manejado con los demás principios. No son los hechos los que han venido a confirmar la teoría, sino ésta es la que ha llegado posteriormente para explicar y resumir los hechos. Es rigurosamente exacto decir pues, que el Espiritismo es una ciencia de observación y no producto de la imaginación. Las ciencias no progresaron seriamente hasta que basaron sus estudios en el método experimental. Hasta hoy se pensaba que ese método sólo era aplicable a la materia, mientras que lo es igualmente para las cosas metafísicas.

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Dejemos el contenido de las obras de Allan Kardec intactas. Entiéndase que la ELABORACIÓN, es una responsabilidad del hombre no tiene nada que ver con la actualización y menos la Modificación de los contenidos que conforman la Tercera Revelación Espirita.

El Espiritismo nos motiva a descubrir a los Mentirosos e hipócritas del Espiritismo, que con Opiniones Personales, con actualizaciones, modificaciones y Misticismos como lo es "Nosso Lar, UMBRAL, Colonias Espirituales, Caída del Espíritu, Redención, Cartas de Posicionamientos apócrifas", y que se diga que el Espiritismo es una Religión, a esos, hay que descubrirlos públicamente. Así no dañan, ni engañan a nadie de los nuevos adeptos del Espiritismo. [Vea las Indulgencias en el Espiritismo: Libro del Evangelio Según el Espiritismo, Capitulo X, Ítem #21].

Ahora bien, ya sabemos lo que significa la "Elaboración en lo que es la Eterna Verdad", es la informacion ya dada. Ya sabemos cómo es desarrollado el tema a fin de que estemos muy conscientes, de que los Espíritus que por su iniciativa dictaron a Allan Kardec lo especifico en el Espiritismo basado en la Revelación divina, y que se constituyó en una Eterna Verdad, se enfatiza de ahora en adelante, la participación del hombre para elaborar los conceptos específicos de la información revelada, tomándose en cuenta que los Espíritus ya dieron la "Eterna Verdad" que no se puede cambiar. Veamos el Libro de Génesis los artículos #50 al #62.

   50.—La tercera revelación, venida en una época de emancipación y de madurez intelectual, en que la inteligencia desarrollada no puede reducirse a un papel pasivo, en que el hombre no acepta nada a ciegas y sin examen, si no que quiere ver a donde se le lleva, saber el cómo y porqué de cada cosa; debía ser el producto de una enseñanza, y al mismo tiempo el fruto del trabajo de la investigación y del libre examen: los Espíritus no enseñan sino lo preciso para ponernos en el camino de la verdad , y se abstienen de revelar lo que el hombre puede encontrar por sí mismo, dejándole el cuidado de discutir, de comprobar y de someterlo todo al crisol de la razón, y aún dejándole a veces adquirir la experiencia a su costa. Le dan el principio, la base y los materiales, y le dejan el cuidado de aprovecharlos y ponerlos en obra (n.° 15).
   51.— Habiéndose dado los elementos de la revelación espírita en una porción de puntos a un mismo tiempo y a hombros de todas las condiciones sociales y de muy diferentes grados de instrucción; es evidente que las observaciones no podían hacerse por todos y en todas partes con el mismo fruto. Lo es también que las deducciones que sacan de los hechos, la inducción de las leyes que rigen a esta clase de fenómenos, en una palabra, que la conclusión que debía sentar y resumir las ideas, no podían salir sino del conjunto y de la correlación de los hechos. Más cada centro aislado, reducido a un círculo estrecho, no observando las más veces si no un orden particular de hechos a menudo contradictorios en la apariencia; no teniendo generalmente relación sino con una categoría de espíritus, y preocupado además por las influencias locales y el espíritu de partido, se encontraba en la imposibilidad material de abrazar el conjunto, y por lo mismo, de referir a un principio común los hechos y observaciones aisladas. Apreciando cada cual los hechos bajo el punto de vista de sus conocimientos y creencias anteriores o de la opinión particular de los Espíritus que se manifiestan, habría pronto tantas teorías y sistemas como centros, ninguno de los cuales hubiera podido ser completo, por falta de elementos de comparación y de comprobación. Todos se hubieran inmovilizado en su revelación parcial, por no saber que en otros cientos de lugares se obtenía más y mejor.
   52.—Es de notar, además , que en ninguna parte se ha dado la enseñanza espírita de una manera completa: toca a tan gran número de observaciones, en asuntos tan diversos, que exigen tantos y tan variados conocimientos y aptitudes medianímicas especiales, que hubiera sido imposible hallar reunidos en un mismo punto todas las condiciones necesarias. Debiendo ser, además, la enseñanza colectiva y no individual, los espíritus han dividido el trabajo, diseminando los asuntos o materias de estudio y de observación, como en ciertas fábricas se reparte entre muchos obreros la confección de cada parte de un mismo objeto.
   De este modo la revelación resulta hecha parcialmente en diversos lugares y por diferentes conductos, y así se prosigue en estos momentos , porque todavía no está todo revelado. Cada centro encuentra en los otros el complemento de lo que obtiene, y el conjunto, la coordinación de todas las enseñanzas parciales, es lo que constituye la Doctrina Espírita.
   Era necesario, pues, agrupar los hechos esparcidos para ver su correlación, recoger los documentos diversos, las instrucciones dadas por los Espíritus sobre todos los puntos y todos los asuntos, para compararlos, analizarlos, y estudiar las analogías y las diferencias. Dadas las comunicaciones por Espíritus de todas categorías, más y menos ilustrados, había que apreciar el grado de confianza que la razón permitía concederles; distinguir las ideas sistemáticas individuales y aisladas, de las que tenían la sanción de la enseñanza general de los Espíritus, las elucubraciones y las utopías, de las ideas racionales y prácticas: había que entresacar las que eran notoriamente desmentidas por los datos de la ciencia positiva y la sana lógica, utilizar los errores mismos y las reseñas suministradas por los Espíritus aún de inferior jerarquía, para deducir de ello el estado y modo de ser del mundo invisible, y formar con los diferentes materiales un todo homogéneo. Se necesitaba, por decirlo de una vez, un centro de elaboración, independiente de toda idea preconcebida, de todo prejuicio de secta, resuelto a aceptar la verdad hecha evidente, aún cuando fuera contraria a sus opiniones personales. Este centro se ha formado por sí mismo, por la fuerza misma de las cosas y sin designio premeditado (1).

   (1) Un testimonio significativo, tan notable como conmovedor, de esta comunión de pensamientos que se establece entre los espiritistas por la conformidad de creencias, son las peticiones que se nos dirigen de países muy lejanos, del Perú y de las extremidades del Asia, por personas de religiones y nacionalidades diversas, a quienes jamás hemos visto ni con ellas tenido relación de ninguna clase. Pídansenos plegarias y formulas de evocación de los Espíritus. ¿No es ese un indicio de la grande unificación que se elabora, y la prueba de las raíces que por todos partes va echando el Espiritismo?  Es cosa también de notar que de todos los grupos que se han formado con la intención premeditada de provocar una escisión, proclamando principios divergentes, lo mismo que los que por razones de amor propio u otras, queriendo sustraerse a la ley común, se han creído bastante fuertes para marchar solos, y con bastantes luces para poderse pasar sin consejos; ninguno ha llegado a constituir una idea preponderante y viable. Todos se han extinguido o han vegetado la sombra. ¿Cómo podía ser de otro modo, cuando para distinguirse, en vez de esforzarse por dar mayor suma de satisfacciones, desechaban de los principios de la doctrina lo que tienen de más consolador, más atractivo y racional?  Si hubiesen comprendido el poder de los elementos morales que han constituido la unidad. no se habrían forjado una ilusión quimérica; pero tomando su pequeño círculo por el universo, no han visto en sus adeptos sino un bando que fácilmente podía ser reemplazado por otro. Se equivocaron lastimosamente en la apreciación de los caracteres esenciales de la doctrina, y este error no podía acarrearles sino decepciones: en lugar de romper la unidad, han roto el vínculo que les daba fuerza y vida. (Véase la Revista espírita. Abril 1866, página. 106 y 111. El Espiritismo sin los Espíritus: el Espiritismo independiente.
Verificar del original de Bruno #53 al #62 - Ojo brinca pagina 35 al 40 falta ítem #54 en la Barcelonesa.

   53.— De este estado de cosas ha resultado una doble corriente de ideas: la una que viene de las extremidades al centro; la otra que va del centro a la circunferencia. Así es como la doctrina ha marchado prontamente hacia la unidad a pesar de la diversidad de las fuentes de que procede; como los sistemas divergentes se han desvanecido a consecuencia del aislamiento y ante el ascendiente de las opiniones de la mayoría, por no haber encontrado ecos simpáticos. Desde entonces se ha establecido una comunión de pensamientos entre los diferentes centros parciales, que hablando el mismo lenguaje espiritual se comprenden y simpatizan desde un extremo del mundo al otro.
   Los adeptos se han encontrado más fuertes; han luchado con más valor; han marchado con paso más seguro, cuando no se han visto aislados, cuando han
contado con un punto de apoyo y un vínculo que los unía a la gran familia; Los fenómenos de que eran testigos, no les parecían ya extraños, anormales, contradictorios, pudiéndolos referir a leyes generales de armonía y abrazar de un golpe de vista el edificio viendo en todo este conjunto un gran objeto esencialmente humanitario. (1)
   (1) .El libro de los Espíritus, la primera obra que ha producido el Espiritismo en la vía filosófica, por la deducción de las consecuencias morales resultante de los hechos, que ha abordado todas las partes de la doctrina, toe ndo las cuestiones más importantes que ella suscita, ha sido desde su aparición el punto de unión hacia que espontáneamente se han hecho convergentes los trabajos individuales. Es notorio que de 1 1 publicación de este libro data la era del Espiritismo filosófico, reducido hasta entonces» al dominio de los experimentos de pura curiosidad. i>i este libro ha conquistado la» simpatías de la mayoría, consiste en que era la expresión do los sentimientos de esa mejoría y que respondía á sus aspiraciones: es tam
Sin embargo, ¿cómo podemos saber si un principio se enseña en todas partes o si sólo es el resultado de una opinión individual? Dado que los grupos aislados no estaban en condiciones de saber lo que se sostenía fuera de ellos, era necesario que un centro reuniese todas las instrucciones, para proceder a una especie de depuración de las voces y transmitir a todos la opinión de la mayoría (1).
   (1) Ese es el objetivo de nuestras publicaciones, que pueden ser consideradas como el resultado de dicha depuración. En ellas todas las opiniones son discutidas, pero las cuestiones solamente son presentadas en forma de principios después de que han recibido la consagración de todos los exámenes, pues sólo ellos pueden otorgar a esos principios fuerza de ley y dar lugar a afirmaciones categóricas. Por esa razón no preconizamos apresuradamente ninguna teoría, y es precisamente por eso que la doctrina, al ser consecuencia de la enseñanza general, no representa el producto de un sistema preconcebido. También es eso lo que la hace fuerte y garantiza su porvenir.
   54. -- No existe ninguna ciencia que haya salido concluida del cerebro de un hombre. Todas, sin excepción, son el fruto de observaciones sucesivas, apoyadas en observaciones precedentes, como en un punto conocido para llegar a lo desconocido. Así han procedido los Espíritus con respecto al espiritismo, razón por la cual la enseñanza que impartieron es gradual. Ellos no abordan las cuestiones sino a medida que los principios en que se apoyan estén suficientemente elaborados, y la opinión haya alcanzado la madurez necesaria para asimilarlos. También debemos tomar en cuenta que todas las veces que los centros particulares han intentado tratar de modo prematuro algunas cuestiones, no han obtenido más que respuestas contradictorias, nada concluyentes. En cambio, cuando llega el momento oportuno, la enseñanza se generaliza y se unifica en casi todos los centros.
   Con todo, existe una diferencia sustancial entre el avance del espiritismo y el de las ciencias: la de que estas no han alcanzado el punto al que llegaron sino después de largos intervalos, mientras que al espiritismo le bastaron unos pocos años, si no para subir hasta el punto culminante, al menos para recoger una cantidad importante de observaciones para constituir una doctrina. Ese hecho resulta de la inmensa multitud de Espíritus que, por voluntad de Dios, se manifestaron simultáneamente, aportando cada uno el caudal de sus conocimientos. De ahí resultó que todas las partes de la doctrina, en vez de que fueran elaboradas sucesivamente a lo largo de muchos siglos, lo han sido casi al mismo tiempo, en unos pocos años, y bastó con reunirlas para que conformaran un todo. Dios quiso que fuese así, en primer término, para que el edificio llegase más rápidamente a su culminación; y luego, para que se pudiera, por medio de la comparación, tener un control de alguna manera inmediato y permanente de la universalidad de la enseñanza. Dado que ninguna de sus partes tiene valor ni autoridad más que por su conexión con el conjunto, todas deben armonizarse, luego de que cada una llegue en su momento y se ubique en el lugar que le corresponde.
   Como Dios no confió a un solo Espíritu el encargo de promulgar la doctrina espírita, quiso asimismo que tanto el pequeño como el grande, fuera entre los Espíritus como entre los hombres, aportase su piedra al edificio, a fin de que se estableciera entre ellos un lazo de solidaridad cooperativa que le faltó a todas las doctrinas provenientes de una fuente única. Por otro lado, dado que los Espíritus, al igual que los hombres, sólo disponen de una limitada porción de conocimientos, individualmente no tenían aptitudes para tratar ex profeso las numerosas cuestiones inherentes al espiritismo. A eso se debe también que la doctrina, en cumplimiento de los designios del Creador, no podía ser obra ni de un solo Espíritu ni de un solo médium. Debía salir del conjunto de los trabajos, corroborados los unos con los otros (1).
   (1)- Véase, en El Evangelio según el Espiritismo, “Introducción”, pág. 27 y la Revista Espiritista, abril 1S64,' pág.;. 90. Autoridad de la doctrina espirita! comprobación universal de' la enseñanza los Espíritus.
   55.—Otro carácter de la revelación espirita que resulta de las condiciones mismas en que se hace, es que apoyándose en hechos, no puede menos de ser esencialmente progresiva, como todas las ciencias de observación. Por su esencia es aliada de la ciencia , que siendo la exposición de las leyes de la naturaleza en un cierto orden de fenómenos, no puede ser contraria a la voluntad de Dios, autor de esas leyes. Los descubrimientos de las ciencias glorifican a Dios en vez de rebajarle: no destruyen sino la que los hombres han imaginado y las falsas ideas que fundado de Dios.
   El Espiritismo no sienta como principio absoluto si no lo que está demostrado con evidencia, o lo que resulta lógicamente de la observación. En lo concerniente a los diferentes ramos de la economía social a que presta el apoyo de sus propios descubrimientos, se asimilará siempre todas las doctrinas progresivas, sean del orden que quieran , llegado que hayan a la categoría de verdades prácticas y salido del dominio de la especulación científica; de otro modo se suicidaría: Dejando de ser lo que es, se pondría en contradicción con su origen, y faltaría a su objeto providencial.
   El Espiritismo, marchando con el progreso, nunca se verá arrollado ni quedará rezagado; porque si nuevos descubrimientos le demostraran que está en el error en un punto dado, se modificaría en ese punto , y si una nueva verdad se revelara, la aceptaría. (1)
   (1) Ante declaraciones tan precisas y categóricas como las contenidas en este capítulo, se desvanecen todas las acusaciones de tendencia al absolutismo y a la autocracia de los principios, así como todas las falsas asimilaciones que gentes prevenidas o mal informadas atribuyen a la doctrina. Estas declaraciones, por lo demás, no son de ahora: las hemos hecho reiteradas veces en nuestros escritos para alejar y desvanecer toda duda en este punto. Nos asignan, además, nuestro verdadero papel en la escena del mundo, único que ambicionamos, y es el de simple trabajador.
   56. —¿Cual es la utilidad de la doctrina moral de los Espíritus, puesto que no es otra cosa que la del Cristo? ¿Tiene el hombre necesidad de una nueva revelación, pudiendo encontrar en las anteriores y en sí mismo lo que necesita para conducirse honestamente?  Bajo el punto de vista moral no hay duda en que Dios ha dado al hombre en su conciencia un guía que le dice:
«lo que no quieras para tí no lo hagas a otro.» «La moral natural está realmente inscrita en el corazón de los hombres; pero no todos saben leer en él. ¿No se han desconocido nunca sus sabios preceptos? ¿Qué han hecho de la moral de Cristo? ¿Cómo la practican los mismos que la enseñan ? ¿No ha llegado A ser letra muerta, una bella teoría para los otros, y no para sí? No se puede inculpar a un padre después de repetir diez y cien veces A sus hijos las mismas instrucciones, si ve que no las aprovechan. ¿Porqué Dios ha de hacer menos que un padre de familia? ¿Porqué no ha de enviar de tiempo en tiempo a los hombres mensajeros especiales encargados de recordarles sus deberes, y de traerlos a buen camino cuando se extravíen; y de abrir los ojos del entendimiento a los que los tienen cerrados, del mismo modo que los hombres más adelantados envían misioneros a las regiones salvajes y bárbaras?
   Los Espíritus no enseñan otra moral que la de Cristo por la excelente razón de que no la hay mejor ni más propia para hacer la felicidad humana. Más entonces, ¿á qué su enseñanza, puesto que no dicen si no lo que ya sabemos?  Lo mismo podría haberse dicho de la moral de Cristo que enseñaron antes Sócrates y Platón en términos casi idénticos, y de todos los moralistas que después de él repiten la misma cosa en todos los tonos y bajo todas formas. Pues bien, los Espíritus vienen simplemente a aumentar el número de los moralistas, con la diferencia de que, manifestándose por todas partes, se hacen oír en la choza lo mismo que en el palacio, y por los ignorantes, lo mismo que por las personas instruidas. Lo que la enseñanza de los Espíritus añade a la moral del Cristo, es el conocimiento de los principios que unen a los vivos y a los muertos , que completan las nociones vagas que se tenían del alma, de su pasado y de su porvenir, y que dan por sanción a su doctrina las leyes mismas de la naturaleza. Con auxilio de las nuevas luces aportadas por el Espiritismo y los Espíritus, comprende el hombre la solidaridad que une a todos los seres: la caridad y la fraternidad se hacen una necesidad social, y ejecuta por convicción, lo que no hacía sino por temor y lo hace mejor.
   Cuando los hombres practiquen la moral de Cristo, podrá decirse con razón que no tienen necesidad de moralistas encarnados ni desencarnados; más entonces, tampoco Dios los enviará.
   57.—Una de las cuestiones más importantes entre las que se han propuesto al frente de este capítulo es la siguiente: ¿cuál es la autoridad de la revelación espírita, puesto que emana de seres cuyos conocimientos son limitados y que no son infalibles?
   La objeción sería grave, si la revelación no consistiera sino en la enseñanza de los Espíritus; si debiéramos tenerla de ellos exclusivamente, y aceptarla a ojos cerrados. Más no tiene valor alguno desde que el hombre aporta el concurso de su inteligencia y de su juicio, y que los Espíritus se limitan a ponerle en el camino de las deducciones que puede sacar de la observación de los hechos. Las manifestaciones, en sus innumerables variedades, son hechos: el hombre los estudia y busca su ley: los Espíritus le auxilian en este trabajo y son Espíritus de todas clases, más bien colaboradores que reveladores en el sentido usual de la palabra: somete lo que dicen al crisol de la lógica y del buen sentido, da cuyo modo beneficia los conocimientos especiales que los Espíritus deben a su posición sin abdicar el uso de su propia razón. No siendo los Espíritus otra cosa que las almas de los hombres, al comunicar con ellos no nos salimos de la humanidad, circunstancia de sumo interés que nunca debe perderse de vista. Los hombres de genio que han sido las lumbreras de la humanidad, han salido del mundo de los Espíritus y a él han vuelto al dejar la tierra. Puesto que los Espíritus pueden ponerse en comunicación con los hombres, esos mismos genios pueden darles instrucciones bajo la forma espiritual, como lo hicieron bajo la forma corporal; pueden instruirnos después de su muerte como lo hicieron mientras Vivian, no habiendo otra diferencia que la de ser invisibles en lugar de ser visibles. A eso se reduce todo. Su ciencia y su experiencia no deben ser menores, y si su palabra como hombres tenía autoridad, no debe tenerla menos ahora por hallarse en el mundo de los Espíritus.
   58. —Pero no son los Espíritus superiores los únicos que se comunican; si no que lo hacen también los de todas las órdenes , y así debe ser para iniciarnos en el verdadero carácter del mundo espiritual, mostrándonoslo bajo todas sus fases. De este modo las relaciones del mundo visible e invisible son más íntimas, y la conexidad entre ellos, más evidente; vemos así más claramente a donde vamos y de dónde venimos. Tal es el objeto esencial de estas manifestaciones. Todos los Espíritus, pues , sea el que quiera el orden a que pertenecen, nos enseñan algo; pero como son más o menos ilustrados, queda reservado para nosotros el discernir lo que tienen de bueno o de malo, y sacar el provecho de que sea susceptible su enseñanza. Todos, por lo demás, pueden enseñarnos o revelarnos algo que ignoramos y que sin ellos no podríamos saber.
   59.—Los grandes Espíritus encarnados son individualidades poderosas sin duda alguna; más su acción es por necesidad muy limitada y tardía su propaganda. Si uno solo de entre ellos, Moisés, Elías, Sócrates o Platón, hubiese venido en estos últimos tiempos a revelar a los hombres el estado del mundo espiritual ¿qué habría logrado la verdad de sus aserciones en esta época de escepticismo? ¿No se le habría tenido por un soñador o un utopista?  Suponiendo que estuviesen sus instrucciones en la verdad absoluta, hubieran pasado aún algunos siglos antes que sus ideas hubiesen sido aceptadas por las masas. Dios, en su sabiduría, no ha querido que fuera así, sino que la enseñanza se diese por los Espíritus mismos, y no por encarnados, a fin de convencer de su existencia, y que tuviese lugar en toda la tierra, ya para propagarla más rápidamente, ya para que se encontrase en la coincidencia de la enseñanza una prueba de la verdad, teniendo al mismo tiempo cada uno los medios de convencerse por sí mismo.
   60.—Los Espíritus no vienen a emancipar al hombre del trabajo, del estudio y de las investigaciones: no le comunican ninguna ciencia ya formada : sobre lo que el hombre puede procurarse por sí mismo , le dejan abandonado a sus propias fuerzas: lo cual es bien sabido ya por todos los espiritistas. Hace mucho tiempo que la experiencia ha demostrado el error de la opinión que atribuía a los Espíritus todo saber y toda ciencia, y que bastaba preguntar al primero que se presentase para aprenderlo todo. Salidos los Espíritus de la humanidad son una de las fases de la misma: como en la tierra, los hay superiores y vulgares, y por consecuencia los hay que , científica y filosóficamente, saben menos que ciertos hombres: dicen lo que saben, ni más ni menos; y como entre los hombres, los más adelantados pueden instruirnos sobre más cosas, y darnos mejores consejos, que los más atrasados. Pedir consejos a los Espíritus, no es, por lo tanto, dirigirse a inteligencias superiores o sobrenaturales, sino a sus iguales, a los mismos a quienes se habría dirigido si viviesen; a sus padres, a sus amigos o a individuos más ilustrados que nosotros. He aquí lo que conviene no olvidar, y lo que ignoran los que, no habiendo estudiado el Espiritismo, se forman una idea completamente errónea acerca de la naturaleza del mundo de los Espíritus y de las relaciones de ultra-tumba.
   61. —¿Cuál es, entonces, la utilidad de estas manifestaciones o si se quiere, de esta revelación, si los Espíritus no saben más que nosotros, o si no nos dicen todo lo que saben?
   En primer lugar, como ya lo hemos indicado, se abstienen de darnos lo que podemos adquirir por nosotros mismos con el estudio o el trabajo; y en segundo lugar, hay cosas que no les es permitido revelar porque nuestro grado de adelanto no lo consiente. Pero fuera de esto, las condiciones de su nueva existencia, extienden el círculo de sus percepciones: ven lo que no veían en la tierra. Libres de las trabas de la materia y de los cuidados de la vida corporal, juzgan de las cosas bajo un punto de vista más elevado y por consecuencia más juiciosamente: su perspicacia abraza un horizonte más extenso; comprenden sus errores, rectifican sus ideas y se desembarazan de los prejuicios humanos.
   En esto consiste la superioridad de los Espíritus en la humanidad corporal, y sus consejos puedan ser, atendido su grado de adelanto, más juiciosos y desinteresados que los de los encarnados. La posición en que se hallan, les permite además iniciarnos en las cosas de la vida futura que nosotros ignoramos, y que no podemos aprender por nosotros mismos en la presente. Hasta ese día el hombre no había podido crear sino hipótesis acerca de su porvenir; y he aquí porque sus creencias en esta materia estaban divididas en sistemas tan numerosos y tan opuestos, desde el nihilismo o aniquilamiento, hasta las fantásticas descripciones del paraíso y del infierno. Hoy son testigos presenciales, los actores mismos de la vida de ultratumba, los que vienen a decirnos lo que en eso hay, lo cual solo ellos podrán hacerlo. Esas manifestaciones han servido, pues, para darnos a conocer el mundo invisible que nos rodea y que ni siquiera sospechábamos ; cuyo conocimiento, por sí sólo, es de una importancia capital, aun suponiendo que los Espíritus no pudieran enseñarnos otra cosa. ¿Quién, si se encontrara en un país desconocido, despreciaría las señas que pudiera darle el campesino más humilde que al paso encontrará? ¿Rehusaría preguntarle, siquiera acerca del estado del camino, porque fuera un pobre labriego? En verdad que no habría que esperar de él profundas instrucciones; más en su esfera y por ser lo que es, podría en ciertos puntos guiaros mejor que un sabio muy distinguido que no conociera el país.
   Se sacarían de sus indicaciones consecuencias que quizás él mismo no podría sacar, sin que por eso hubiese dejado de ser un medio muy útil para hacer ciertas observaciones, siquiera no hubiese servido sino para darnos a conocer las costumbres de los habitantes del país. Lo mismo puede decirse de las relaciones de los Espíritus, de los cuales el más humilde, puede darnos muy útiles instrucciones.
   62. —Una comparación vulgar hará comprender mejor todavía la situación.
Un navío cargado de emigrantes parte para un país lejano: lleva gentes de todas condiciones, que dejan parientes y amigos numerosos. Corre la voz de que el navío ha naufragado: no queda de él rastro, ni llega noticia alguna de su suerte, por lo que se cree que todos los pasajeros han perecido, y se esparcen el luto y la consternación en todas las familias. Sin embargo, todos sin exceptuar uno solo, han arribado a una tierra desconocida, pero abundante y fértil, donde viven bajo un hermoso cielo, alegres y felices. Pero esto se ignora. Más un día otro navío llega a dicha tierra y encuentra a los náufragos sanos y salvos: la noticia circula con la rapidez del rayo, y cada cual felicita a los demás diciendo : « nuestros amigos viven» y dan gracias a Dios. No pueden verse, más están en correspondencia regular, se cruzan los testimonios de afecto, y la alegría sucede a la tristeza. Tal es la imagen de la vida terrestre y de la vida de ultratumba antes y después de la revelación moderna; esta, semejante al segundo navío nos trae la buena noticia de la supervivencia de los que nos son queridos, y la certidumbre de irnos a reunir con ellos algún día: la duda acerca de su suerte y de la nuestra ya no existe; y la tristeza y el desaliento ceden supuesto a una risueña esperanza. Pero otros resultados vienen a fecundar esta revelación. Juzgando Dios a la humanidad dispuesta para penetrar los misterios de su doctrina y contemplar a sangre fría nuevas maravillas ha permitido que se descorriese el velo que separaba el mundo visible del invisible. El hecho de las manifestaciones no tiene nada de extrahumano: es la humanidad espiritual que viene a conversar con la humanidad corporal y a decirle: «Nosotros existimos, luego la nada no existe; mirar ahora lo que somos y lo que vas a ser; este es tu porvenir, así como el nuestro. Ustedes marchaban en las tinieblas, venimos a ilustrarte y a mostrarte el camino; marchabas sin rumbo y a la ventura, y te enseñamos el puerto. La vida terrestre lo era todo para ustedes, porque nada veían después de ella, y nosotros les decimos, manifestando la vida espiritual que gozamos: la vida terrestre es nada. Tu vista se detenía en los bordes de la tumba, y del lado de allá existen horizontes espléndidos e interminables. No se daban cuenta de la causa de tus sufrimientos, y ahora verás en ellos la justicia de Dios; el bien, existía sin frutos aparentes para lo futuro, más en lo sucesivo tendrá un gran objeto presente y será una necesidad; la fraternidad es una utopía generosa, mira ahora como es una realidad espléndida fundada en las leyes de la naturaleza. Bajo el influjo de la creencia de que todo acaba con la vida del cuerpo, la inmensidad es el vacío, el egoísmo impera entre ustedes y el mote de tu escudo y la última palabra de tu moral es «cada uno para sí»; con la certidumbre del porvenir, los espacios infinitos se pueblan al infinito, el vacío y la soledad no existen en ninguna parte: la solidaridad une a todos los seres del lado de allá de la tumba; y existe el reinado de la caridad con el mote en su escudo «cada uno para todos y todos para cada uno.» En fin, al terminar la vida, darás un eterno adiós de despedida a los que amas, y en lo sucesivo les dirás: «hasta la vista.»
Tales son, en resumen, los resultados de la nueva revelación. Ha venido a cegar el vacío formado por la incredulidad; a reanimar los espíritus abatidos por la duda o por la perspectiva de la nada, y dar a todo su razón de ser. ¿Dejará de ser importante este resultado, porque los Espíritus no vengan a resolver estos o los otros problemas de la ciencia y a regalar el saber a los ignorantes , y a los perezosos el medio de enriquecerse sin trabajar?  Sin embargo, los frutos que el hombre debe reportar de ella, no solo se refieren a la vida futura: él los recogerá en la tierra misma por la transformación que estas nuevas creencias deben realizar en su carácter, en sus gustos, sus tendencias e inclinaciones, y por consecuencia, en las costumbres y en las relaciones sociales. Poniendo fin al reinado del egoísmo, del orgullo y de la incredulidad, preparan el del bien, que es el reinado de Dios. La revelación tiene, pues, por objeto poner al hombre en posesión de ciertas verdades que no habría podido adquirir por sí mismo y esto con el objeto de activar el progreso. Estas verdades se limitan en general a principios fundamentales destinados a ponerlo en la vía de las investigaciones, y no a llevarle como con andadores: son los jalones que determinan la extensión de su tarea y le muestran su objeto. Queda a su cargo estudiarlos, sacar las consecuencias y hacer sus aplicaciones: En vez de emanciparle del trabajo, son nuevos elementos y medios que se proporcionan a su actividad.

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Nadie es dueño del Espiritismo. A continuación lo dijeron los Espíritus en el Libro El Evangelio Según el Espiritismo. Más claro, imposible


Si la doctrina espírita fuese una concepción meramente humana no tendría otra garantía que las luces de quien la hubiera concebido. Ahora bien, nadie en este mundo podría abrigar la pretensión fundada de poseer sólo para sí la verdad absoluta. Si los Espíritus que la han revelado se hubiesen manifestado a un hombre solamente, nada garantizaría su origen, pues sería preciso creer en la palabra del que dijera haber recibido de ellos su enseñanza.

En caso de que se admitiera una absoluta sinceridad de su parte, a lo sumo podría convencer a las personas con quienes estuviera relacionado; conseguiría adeptos, pero nunca llegaría a congregar a todo el mundo.

Dios ha querido que la nueva revelación llegase a los hombres por un camino más rápido y de mayor autenticidad. Por eso encargó a los Espíritus que la transportaran desde uno a otro polo, y que se manifestaran en todas partes, sin conceder a nadie el privilegio exclusivo de oír su palabra. Es posible engañar a un hombre, incluso este puede engañarse a sí mismo, pero no hay lugar a dudas cuando millones de personas ven y oyen lo mismo: eso es una garantía para cada uno y para todos. Por otra parte, es posible hacer que un hombre desaparezca, pero no se puede hacer que desaparezcan las masas; es posible quemar los libros, pero no se puede quemar a los Espíritus. Aun así, aunque se quemaran todos los libros, no por ello la fuente de la doctrina dejaría de ser inagotable, puesto que no se encuentra en la Tierra, sino que brota en todas partes y todos pueden apagar su sed en ella. A falta de hombres para difundirla, siempre habrá Espíritus, que llegan a todos sin que nadie pueda llegar hasta ellos.

En realidad son los propios Espíritus quienes hacen la propaganda, con la ayuda de innumerables médiums a los que ellos estimulan en todas partes. Si sólo hubiera habido un único intérprete, por más favorecido que estuviese, el espiritismo apenas se conocería. Incluso, ese intérprete, sea cual fuere la clase a la que perteneciera, habría sido objeto de prevenciones por parte de muchas personas, y no todas las naciones lo habrían aceptado. En cambio, como los Espíritus se comunican en todas partes, en todos los pueblos, así como en la totalidad de las sectas y de los partidos, todo el mundo los acepta. El espiritismo no tiene nacionalidad, no forma parte de ningún culto en particular, ni es impuesto por ninguna clase social, porque cualquier persona se halla en condiciones de recibir instrucciones de sus parientes y de sus amigos de ultratumba. Era preciso que así fuera, para que pudiese convocar a todos los hombres a la fraternidad.

La universalidad de la enseñanza de los Espíritus constituye el poder del espiritismo. Ahí reside también la causa de su rápida propagación. Mientras que la palabra de un solo hombre, aunque este contara con el concurso de la prensa, tardaría siglos para llegar a los oídos de todos, ocurre que millares de voces se hacen oír simultáneamente en todos los lugares de la Tierra, para proclamar los mismos principios y trasmitirlos tanto a los más ignorantes como a los más sabios, a fin de que nadie sea desheredado. Se trata de una ventaja de la que no ha gozado ninguna de las doctrinas que aparecieron hasta ahora. Por consiguiente, dado que el espiritismo es una verdad, no le teme al desprecio de los hombres, ni a las revoluciones morales, ni a los cataclismos físicos del globo, porque nada de eso puede afectar a los Espíritus.

Sin embargo, esa no es la única ventaja que deriva de su excepcional posición. El espiritismo encuentra en ella una garantía todopoderosa contra los cismas que podrían suscitarse, tanto por la ambición de algunos como por las contradicciones de determinados Espíritus. Sin duda, esas contradicciones constituyen un escollo, pero un escollo que lleva consigo el remedio para su propio mal.

Es sabido que los Espíritus, a causa de la diferencia que existe entre sus capacidades, lejos están en lo individual de poseer la verdad absoluta; que no a todos les está dado el penetrar ciertos misterios; que el saber de cada uno es proporcional a su purificación; que los Espíritus vulgares no saben más que los hombres, e incluso saben menos que ciertos hombres; que entre ellos, tanto como entre los hombres, los hay presuntuosos y seudocientíficos que pretenden saber lo que ignoran; sistemáticos que adoptan sus propias ideas como verdades; por último, que sólo los Espíritus de la categoría más elevada, los que ya están absolutamente des materializados, son los que se han despojado de las ideas y de los prejuicios terrenales. No obstante, también se sabe que los Espíritus engañadores no tienen reparo en adoptar nombres que no les pertenecen, a fin de que se acepten sus utopías. De ahí resulta que, en lo atinente a todo lo que esté fuera del ámbito de la enseñanza exclusivamente moral, las revelaciones que cada uno pueda recibir tendrán un carácter individual, sin la certeza acerca de su autenticidad; y deben ser consideradas como opiniones personales de tal o cual Espíritu, de modo que sería imprudente admitirlas y propagarlas a la ligera como verdades absolutas.

El primero de los controles es, con toda seguridad, el de la razón, a la que es necesario someter sin excepciones todo lo que proviene de los Espíritus. Una teoría en evidente contradicción con el buen sentido, con una lógica rigurosa y con los datos positivos que se poseen, debe ser rechazada, por más respetable que sea el nombre con que esté firmada. Sin embargo, en muchos casos ese control resultará incompleto debido a los deficientes conocimientos de ciertas personas, como también a la tendencia de muchos a considerar su propia opinión como juez exclusivo de la verdad. En semejante caso, ¿qué hacen los hombres que no depositan una confianza absoluta en sí mismos? Buscan el veredicto de la mayoría y adoptan como guía la opinión de esta. Así se
debe proceder respecto a la enseñanza de los Espíritus, pues ellos mismos nos proporcionan los medios para hacerlo.

La concordancia en la enseñanza de los Espíritus es, pues, el mejor control. Con todo, es necesario realizarlo conforme a determinadas condiciones. La menos segura de todas es que el propio médium interrogue a Espíritus diferentes acerca de un punto dudoso. Evidentemente, si él estuviera bajo el dominio de una obsesión o tratara con un Espíritu engañador, ese Espíritu podría manifestarle la misma cosa con nombres diferentes. Tampoco hay una garantía suficiente en la conformidad que haya en lo que se puede obtener a través de varios médiums en un mismo centro, porque es posible que todos estén bajo la misma influencia.

La única garantía seria en relación con la enseñanza de los Espíritus está en la concordancia que debe existir entre las revelaciones hechas espontáneamente, a través de un número importante de médiums de lugares diferentes, que no se conozcan entre sí. Se entiende que no se trata aquí de comunicaciones relativas a intereses secundarios, sino de las referidas precisamente a los principios de la doctrina. La experiencia demuestra que cuando se debe revelar un principio nuevo, este es enseñado espontáneamente en diferentes puntos, al mismo tiempo y de una manera idéntica, si no en cuanto a la forma, al menos en lo relativo al fondo. Por consiguiente, si satisface a un Espíritu formular un sistema excéntrico, basado exclusivamente en sus ideas y ajeno a la verdad, téngase por seguro que ese sistema quedará circunscrito y caerá ante la unanimidad de las instrucciones que se proporcionen en todas partes, como ha quedado demostrado en abundantes ejemplos. Precisamente, a la unanimidad se debió el fracaso de los sistemas parciales que surgieron en los orígenes del espiritismo, cuando cada cual explicaba los fenómenos a su modo, antes de que se conociesen las leyes que rigen las relaciones entre el mundo visible y el mundo invisible.

Esa es la base en que nos apoyamos cuando enunciamos un principio de la doctrina. No se debe a que por estar conforme con nuestras ideas lo tomamos por verdadero. No nos colocamos, en absoluto, como juez supremo de la dad, ni tampoco decimos a nadie: “Creed en tal cosa porque nosotros lo decimos”. Desde nuestro punto de vista, nuestra opinión sólo es una opinión personal, que puede ser verdadera o falsa, puesto que no nos consideramos más infalibles que otros. Tampoco consideramos que un principio sea verdadero por el hecho de que nos lo hayan enseñado, sino porque ha recibido la sanción de la concordancia.

En la posición en que nos encontramos, dado que recogemos comunicaciones de cerca de mil centros espíritas serios, diseminados por los más diversos puntos del globo, estamos en condiciones de analizar los principios en que se basa la concordancia. Ese análisis nos ha guiado hasta hoy, y habrá de guiarnos en los nuevos campos que el espiritismo está llamado a explorar. Así, mediante el estudio atento de las comunicaciones provenientes de diferentes lugares, tanto de Francia como del extranjero, reconocemos, por la naturaleza absolutamente especial de las revelaciones, que el espiritismo tiende a ingresar en un nuevo camino, y que le ha llegado el momento de dar un paso hacia adelante. 

Esas revelaciones, formuladas a veces con palabras veladas, a menudo han pasado desapercibidas a muchos de los que las han obtenido. Muchos otros creen que son los únicos que las poseen. Tomadas en forma aislada, no tendrían ningún valor para nosotros; sólo la coincidencia les confiere autoridad. Más adelante, cuando llegue el momento de darlas a publicidad, cada uno recordará haber obtenido instrucciones en el mismo sentido. Ese movimiento general, que analizamos y estudiamos con la asistencia de nuestros guías espirituales, es el que nos ayuda a determinar la oportunidad para que realicemos o no alguna cosa.

Ese control universal constituye una garantía para la unidad futura del espiritismo, y anulará todas las teorías contradictorias. De ese modo se buscará en el porvenir el criterio de la verdad. Lo que determinó el éxito de la doctrina formulada en El Libro de los Espíritus y en El Libro de los Médiums, fue que en todas partes todos pudieran recibir, directamente de los Espíritus, la confirmación acerca del contenido de esos libros. Si de todas partes los Espíritus hubieran venido a contradecirlo, haría mucho tiempo que esos libros habrían sufrido la suerte de las concepciones fantasiosas. Ni con el apoyo de la prensa se hubieran salvado del naufragio, mientras que, privados incluso de ese apoyo, no han dejado de abrirse camino y de avanzar rápidamente. Esto se debe a que han recibido el apoyo de los Espíritus, cuya buena voluntad no sólo compensó sino superó la mala disposición de los hombres. Del mismo modo sucederá con todas las ideas que, emanadas de los Espíritus o de los hombres, no puedan superar la prueba de dicho control, cuyo poder nadie puede discutir.

Supongamos, por lo tanto, que ciertos Espíritus quieran dictar, bajo cualquier denominación, un libro en sentido contrario; supongamos además que con una intención hostil y con el propósito de desacreditar la doctrina, la malevolencia suscitase comunicaciones apócrifas; ¿cuál sería la influencia que podrían ejercer esos escritos, si en todas partes fueran desmentidos por los Espíritus?

Necesitamos como garantía la adhesión de estos últimos, antes de lanzar algún sistema en su nombre. Del sistema de uno solo, al sistema de todos, existe la misma distancia que va desde la unidad al infinito. ¿Qué podrán conseguir los argumentos de los detractores, por encima de la opinión de las masas, cuando millones de voces amigas provenientes del espacio llegan de todas partes del universo, para combatir tenazmente tales argumentos en el seno de cada familia? Al respecto, ¿la teoría no ha sido confirmada ya por la experiencia? ¿Qué ha sido de todas esas publicaciones que, según decían, pretendían aniquilar al espiritismo? ¿Cuál es la que siquiera ha frenado su marcha? Hasta el presente no se había enfocado esta cuestión desde ese punto de vista: uno de los más importantes, sin duda. Cada uno contó consigo mismo, pero no contó con los Espíritus.

El principio de la concordancia es también una garantía contra las alteraciones que, para su propio provecho, podrían introducir en el espiritismo las sectas que quisieran apoderarse de él y adaptarlo a su voluntad. Quien intentara desviarlo de su objetivo providencial fracasaría, por la sencilla razón de que los Espíritus, en virtud de la universalidad de su enseñanza, echarían por tierra cualquier modificación que se apartara de la verdad. De todo esto se desprende una verdad fundamental: cualquiera que intentara oponer trabas al curso de las ideas, ya establecido y sancionado, podría por cierto provocar una pequeña perturbación local y momentánea, pero nunca dominaría al conjunto, ni siquiera en el presente, pero menos todavía en el futuro.

También se desprende de esto que las instrucciones que han suministrado los Espíritus, acerca de los puntos de la doctrina que aún no se han dilucidado, no se convertirán en ley mientras esas instrucciones permanezcan aisladas, de modo que no deben ser aceptadas sino con todas las reservas y exclusivamente a título informativo.

De ahí la necesidad de tener la mayor prudencia al darlas a publicidad; y en caso de que se considerase conveniente publicarlas, sólo deben ser presentadas como opiniones individuales más o menos probables, pero que en todos los casos necesitan ser confirmadas. Esa confirmación es la que se debe aguardar antes de presentar algún principio como verdad absoluta, a menos que se exponga a recibir la acusación de liviandad o de credulidad irreflexiva.

Los Espíritus superiores proceden en sus comunicaciones con suma sabiduría. Sólo abordan las cuestiones principales de la doctrina en forma gradual, a medida que la inteligencia es apta para comprender verdades de un orden más elevado, y cuando las circunstancias son propicias para la emisión de una idea nueva. A eso se debe que no hayan dicho todo desde el comienzo, ni que lo hayan hecho hasta el día hoy, pues jamás ceden a la impaciencia de las personas demasiado apresuradas que pretenden cosechar los frutos antes de que hayan madurado. Sería, pues, superfluo querer precipitar el tiempo que la Providencia asignó a cada cosa, porque entonces los Espíritus realmente serios negarían decididamente su colaboración, y los espíritus frívolos, a quienes poco les preocupa la verdad, responderían a todo. Esa es la razón por la que las preguntas prematuras siempre reciben respuestas contradictorias.

Los principios precedentes no son el resultado de una teoría personal, sino la consecuencia forzosa de las condiciones en que se manifiestan los Espíritus. Es evidente que si un Espíritu dice una cosa en un lugar, mientras millones de Espíritus dicen lo contrario en otro, la presunción de verdad no puede hallarse de parte de aquel que es el único, o poco menos que el único, que sostiene esa opinión. Ahora bien, que alguien pretendiera tener razón contra todos sería tan ilógico de parte de un Espíritu como de parte de los hombres. Los Espíritus que en verdad son sabios, si no se consideran debidamente ilustrados sobre una cuestión, jamás la resuelven en forma terminante; declaran que sólo la tratan desde su punto de vista y aconsejan que se aguarde la confirmación.

Por grande, bella y justa que sea una idea, resulta imposible que desde un principio congregue a la totalidad de las opiniones. Los conflictos que de ella derivan son la consecuencia inevitable de la conmoción que se produce; son necesarios incluso para hacer que la verdad resalte mejor, y es conveniente que tengan lugar al comienzo, a fin de que las ideas falsas sean pronto dejadas de lado. Los Espíritas que alimenten algún temor al respecto pueden, pues, permanecer absolutamente tranquilos. Las pretensiones aisladas fracasarán, por la fuerza de las circunstancias, ante el importante y poderoso criterio del control universal.

No será a la opinión de un hombre que se aliarán los demás, sino a la voz unánime de los Espíritus. No será un hombre, ni nosotros ni cualquier otro, quien implantará la ortodoxia espírita. Tampoco será un Espíritu quien venga a imponerse a quienquiera que sea: será la universalidad de los Espíritus que se comunican en toda la Tierra por orden de Dios. Ese es el carácter esencial de la doctrina espírita; esa es su fuerza, su autoridad. Dios ha querido que su ley se apoyara en una base inconmovible, por eso no le dio como fundamento la frágil cabeza de uno solo.

Ante tan poderoso areópago, que no conoce bandos ni rivalidades celosas, ni sectas, ni naciones, caerán todas las oposiciones, todas las ambiciones, todas las pretensiones de supremacía individual, pues nos destruiríamos a nosotros mismos si quisiéramos sustituir sus decretos soberanos por nuestras propias ideas. Sólo él resolverá los litigios, acallará las disidencias y dará la razón a quien le corresponda. Ante ese imponente acuerdo de todas las voces del Cielo, ¿cuánto puede la opinión de un hombre o de un Espíritu? Menos que una gota de agua que se pierde en el océano, menos que la voz de un niño sofocada por la tempestad.

La opinión universal: ese es el juez supremo, que se pronuncia en última instancia. Esa opinión está constituida por las opiniones individuales. Si alguna de ellas es verdadera, sólo tiene en la balanza un peso relativo. Si es falsa, no puede prevalecer sobre las demás. En ese inmenso conjunto las individualidades se extinguen, lo que representa un nuevo fracaso para el orgullo humano.

Ese conjunto armonioso ya se esboza. No pasará este siglo sin que brille en todo su esplendor, a fin de disipar las incertidumbres; porque desde ahora hasta entonces, voces poderosas habrán recibido la misión de hacerse oír, de modo de reunir a los hombres bajo el mismo estandarte, tan pronto como el campo esté suficientemente labrado.


Mientras tanto, aquel que fluctúe entre dos sistemas opuestos podrá observar en qué sentido se ordena la opinión general: ese será el indicio cierto del sentido en que se pronuncia la mayoría de los Espíritus en los diferentes sitios en que se comunican, y una señal no menos segura de cuál de los dos sistemas prevalecerá.

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Contestación oficial sobre la Carta de la Federación Espirita de Brasil FEB

Esta es mi contestación oficial sobre la Carta de la Federación Espirita de Brasil FEB, que publique el 6 de abril del 2018. Y consta en el siguiente articulo que contiene el siguiente Video.

Contestación oficial de mi parte a la Federación Espirita de Brasil FEB


Carta de la Federacion Espirita de Brasil FEB del 29 de enero del 2018

Carta de la Federación Espirita de Brasil FEB, 29 de de enero del 2018.

Esta carta de la FEB expresa excusas, como justificación para no hacer nada por 134 años desde que Henri Sausse hizo la denuncia de la Infamia el 1 de diciembre de 1884, en el Periodico "Le Espiritisme".

Todas las excusas son sólo válidas para los que nunca tuvieron compromiso con el Espiritismo, y que creyeron que el Espiritualismo moderno suplantaría las enseñanzas del Espiritismo unido a las enseñanzas apócrifas de Jean Baptiste Roustaing. Pero el Espiritismo, que no es Espiritualismo, no se puede sostener en la mentira. Es por eso que esta defensa por la integridad de la filosofía es muy válida.


Hoy, la Federación Espirita de Brasil FEB, sólo tiene dos (2) opciones.

  • Opción #1 - Corregir las alteraciones a los libros codificados y restaurar la integridad doctrinaria del Espiritismo, en próximas ediciones de traducciones. 
  • Opción #2 - NO HACER NADA, que automáticamente se convierte en la primera y única Opción.
Par saber que va a pasar, se debe evaluar el espíritu o las intenciones, que al menos las tenemos por escrito.

Y es por eso importante evaluar el contenido de la Carta de la FEB del 29 de enero del 2018, a fin de determinar si esas son las intenciones. El hacer las correcciones correspondientes, y cumplir con traducciones correctas, implicaría que sí estaban falsificadas las traducciones realizadas en todos los idiomas, incluyendo el idioma portugués, desde hace 146 años. Esto es poco probable y si esta fuera la opción a seguir, deberíamos estar muy pendientes a que eso se logre. Digamos que quieren hacer creer que esa es la opción, pues es solo cuestión de esperar a que todo se olvide, como ocurrió en el pasado. Hoy la Federación Espirita de Brasil FEB, no ha demostrado ningún interés en preservar la integridad doctrinaria del espiritismo moralizador y consolador, porque el interés real es que el Espiritismo, siga siendo considerado una religión Espiritualista que este de acuerdo a los libros publicados de Chico Xavier y Divaldo Pereira Franco, que son considerados como base fundamental de sus creencias espiritualistas.


Las que nadie se las cree, ni ellos mismos, tergiversa la verdad, y lo peor para ellos los incriminan en esta maldad infame de falsificar el libro de Génesis publicado por Allan Kardec el día 6 de enero del 1868. 


Los cogimos con las manos en la masa.



Creen que ya no tendrán que preocuparse. Están lejos de la verdad. Es ahora que los tenemos con las manos en la masa. Quedarán en ridículo, y la credibilidad mundial los juzgará. No os daremos cuenta pronto que están derrumbado y sin un plan B, por haber sido, malos, mentirosos, hipócritas e Infames. Quedarán en el ridículo mundial. 
Carta de la FEB 1-5 en Portugués y en español


####### Traducción al Español #######
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LA GÉNESIS

MILAGROS Y LAS PREDICCIONES
SEGÚN EL ESPIRITISMO
EDICIÓN FINAL

El propósito de las preguntas formuladas últimamente acerca de lo que sería la edición definitiva de la Génesis, milagros y las predicciones según el Espiritismo, Federación Espírita de Allan Kardec Brasileña, a través de su Consejo de administración, llega oficialmente al movimiento espírita expresa su entendimiento nacional sobre el tema.

Como todos saben, la primera edición de la obra salió a la luz, en París, el 6 de enero en 1868, seguido ese mismo año, la publicación de las segunda y terceros ediciones, absolutamente idénticas, simplemente reimpresiones de la primera edición. La 4 ª edición, que contiene en la cubierta y la portada el año 1868, se publicó sólo en la primavera de 1869, ya desencarnado el codificador, aunque manteniendo las mismas características de las tres primeras ediciones, con el cual no distingue en cualquier momento.

La 5ª edición de la génesis, milagros y las predicciones según el Espiritismo, a diferencia de cuatro primeras ediciones, no contiene el año de su lanzamiento, ni en la portada o en la portada, por lo que hasta hace poco no era posible conocer con precisión la fecha publicada. Hoy en día y que el sitio electrónico de la Biblioteca Nacional de Francia, realizar un seguimiento de la fecha exacta de su fecha de lanzamiento: 23 de diciembre de 1872, en el revisado, corregido y ampliado.

Como es conocido por todos, la quinta edición francesa, o que ella siguió y que son idénticos en todos los puntos, es el que ha servido de espejo a las traducciones en las diversas lenguas nacionales de los países del mundo, por haber sido la última edición revisada. Si he usado los traductores febianos Portugués, incluyendo el Dr. Guillón Ribeiro, siendo pertinente tener en cuenta que la primera edición brasileña de la obra, publicados en los años 80 del siglo XIX y traducido por Joaquim Carlos Travassos, Fortúnio, basado en la edición revisada, corregida y ampliada.

No es nuevo en la controversia que el último libro de la codificación espírita habría sido "adulterado" .

Después de la muerte de Allan Kardec, visto que suprime, modifica o agrega palabras, frases y párrafos completos que, en opinión de algunos, no fueron escritos por el autor y que tu desde 1884, 

1 


http://soyespirita.blogspot.com/2018/03/carta-de-la-federacion-espirita-de.html

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¿Cómo reconocer un “Espiritista Verdadero”, en el Espiritismo?

¿Cómo reconocer un “Espiritista Verdadero”, en el Espiritismo? 
Un Espiritista Verdadero es aquel que según el Libro de Obras Póstumas, de Allan Kardec lo describe así:

Breve Contestación a los Detractores del Espiritismo

“Solo reconoce por adeptos suyos a los que practican su enseñanza, es decir, a los que trabajan en su propio mejoramiento moral, esforzándose en vencer sus malas inclinaciones, en ser menos egoístas y orgullosos, más afables, más humildes, pacientes, benévolos, caritativos para con el prójimo y moderados en todas las cosa, pues este es el signo característico del espiritista verdadero…”

Un Espiritista Verdadero, no es el que cobra menos dinero. Esos son “Charlatanes”, infiltrados en el Espiritismo. Los “Charlatanes”, son los que cobran dinero en el Espiritismo.


Evaluar a un Espiritista, y saber si es uno Verdadero, se necesita tener conocimiento adquirido, mediante la lectura de los Libros Codificados de Allan Kardec, Así se puede verificar la autenticidad.

Mensajes en Fotos


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1/15/16

Un RESUMEN sobre los recursos del Espiritismo para sanar las Obsesiones Espirituales seria:









  • Moralización del Obsesado obteniendo su ascendencia Moral y luego al Obsesor moralizarlo.



  • Fortalecimiento de la "Voluntad" del Obsesado para que pueda Rechazar al Obsesor.



  • Oración Magnética Mental. (Grupales),



  • Magnetización del Obsesado, mediante Pases Magnéticos.



  • Educación Espirita.


Los postulados y la definición de la Filosofía Espirita antes expresada es nuestra razón de ser en esta red social. Por la naturaleza de este medio, muchas personas con diferentes corrientes de pensamiento y de diferente postura con relación al Espiritismo, pueden hacer comentarios a nuestras reflexiones. Esto nos llena de mucha satisfacción, porque ilustra claramente que el propósito de la existencia de esta página ha cometido su propósito al lograr cruzar barreras de idiomas y de pensamientos. Estamos muy claros en que nuestra filosofía es una de carácter Kardeciana y es la que promulga el deseo genuino de Dios en cuanto al comportamiento Moral de nuestra sociedad y de toda la raza humana, pero no tenemos ninguna conexión con otras corrientes de pensamiento sincretistas como lo son: Práctica de africanismo, indigenismos o ritualismos étnicos, Religiosos, folclóricos o sincréticos ni se hacen rezos, baños de plantas, consume de aguardiente o tabacos, inhalaciones toxicas, curaciones mágicas, maleficios o encantamientos y Santería.



Las obsesiones se Curan según el Espiritismo.






Excelente recurso de información según El Espiritismo, en el siguiente Libro Gratuito:








Todos están bienvenidos a comentar nuestras reflexiones, pero en nada esto significa que patrocinemos estas corrientes diferentes de pensamientos.











Queremos ser un faro, donde aquellos que desean encontrar el puerto seguro, puedan libremente acercarse al dialogo y a la comprensión. Jesús nos enseño a no hacer acepción de persona alguna, somos llamados a la comprensión y a la tolerancia con todos aquellos que aunque tengan pensamientos diferentes, siguen siendo seres humanos en el proceso de encontrar el sendero de la verdad en su camino evolutivo.












REFERENCIAS PARA ESCRIBIR ESTA REFLEXIÓN



  • El Evangelio Según El Espiritismo, Allan Kardec

  • El Libro de Los Espíritus, Allan Kardec

  • Obras Póstumas, Allan Kardec

  • Genesis

  • El Cielo Y el Infierno – Allan Kardec

  • El Libro de Los Médiums – Allan Kardec











Frank Montañez

“Soy Espírita”

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Si me mencionas o no, no es importante para mí, pero sí; es una falta el atribuirte que la información publicada es de tu autoría al no hacer mención alguna del autor original, si no das el crédito al que originalmente lo creo, eso es propiedad intelectual y al no dar el crédito, constituye una falta de moralidad. Recomiendo que añadas al final de tu reflexión algo así:




Partes de esta reflexión ha sido tomada de un artículo publicado por Frank Montañez de “Soy Espírita” en su blog: www.soyespirita.blogspot.com




Nombre del Artículo:


Fecha Publicado:


Eso evitarás que actúes mal sin quererlo hacer, de eso se trata la Educación Espírita.






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NOTA ACLARATORIA:





Han notado que nuestras reflexiones se redactan para la Educación de nuestra filosofía, tal y como lo ilustran Los Espíritus de La Codificación Espirita dada a Allan Kardec. Muchas de estas enseñanzas lucen como que deben ser tratadas en la Casa Espírita y creo que sí; es esto correcto. Pero la mayoría de nuestros lectores no tienen acceso a Casa Espírita alguna, entonces no nos podemos quedar con las manos cruzadas esperando que Espíritus Impuros que sabiendo esta realidad se adelanten se introduzcan en los hogares de personas que con genuino interés se acercan a nuestra página buscando ayuda. Para ellos les sugiero considerar conformar un pequeño grupo de Estudios en su hogar. Así se deleitaran de las enseñanzas de los Espíritus. Estos dos enlaces te ayudaran a comenzar a conformar tu grupo de Estudio:





  • http://soyespirita.blogspot.com/2014/01/ley-de-sociedad-i-necesidad-de-la-vida.html

  • http://soyespirita.blogspot.com/2011/08/recomendaciones-para-los-nuevos-grupos.html













No demostramos compasión si no ayudamos a estas personas en estos lugares inaccesibles que no existe ninguna Casa Espírita cerca y tal vez nunca la habrá a no ser por nuestra educación por el Internet. Para muchos el desarrollo de la Mediúmnidad es tan serio que no han desarrollado aun Médiums en sus lugares de reunión. Pero eso no debe ser la norma, pues el mismo Allan Kardec nos apercibió de que esto era esencial en el desarrollo espiritual de las comunicaciones Mediúmnica.




Preferimos hacer accesible esta información para aquellos que genuinamente desean crecer espiritualmente, y yo soy el de pensar que si los deseos de estos nuevos allegados son encaminados al desarrollo de la Mediúmnidad, es preferible ayudarlos que dejarlos a expensas de Espíritus Impuros que aprovechándose del deseo más profundo de crecer espiritualmente intervengan para que esto no se logre.




Esta educación debe ser el detonador para el establecimiento de nuevos centros de reunión para nuevos allegados y esto cumple el propósito de la codificación y de la Ley de Progreso y Crecimiento espiritual a que todos tenemos derecho.









































Autenticidad de los libros Codificados por Allan Kardec según el Libro de Génesis, ¿Qué es una Opinión en el Espiritismo? y el propósito del Espiritismo con la Humanidad:





Ítem #10. Sólo los espíritus puros reciben la misión de transmitir la palabra de Dios, pues hoy sabemos que los espíritus están lejos de ser todo perfectos y que algunos intentan aparentar lo que no son, razón por la cual San Juan ha dicho: “Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios” (Primera Epístola Universal de San Juan Apóstol 4:1).



De modo que nadie tiene la autoridad Espiritual ni Moral de realizar cambios a los libros codificados que no sean los dueños y autores originales; "Los Espíritus".




Veamos lo que dice la introducción del Libro de Génesis, comentado y firmado por Allan Kardec y lee como sigue: Introducción, De la primera edición, publicada en enero de 1868.


“A pesar de la intervención humana en la elaboración de esta





Doctrina, la iniciativa pertenece a los espíritus, pero no a uno en especial, ya que es el resultado de la enseñanza colectiva y concordante de muchos espíritus, puesto que si se basara en la doctrina de un espíritu no tendría otro valor que el de una "opinión personal". El carácter esencial de la Doctrina y su existencia misma se basan en la uniformidad y la concordancia de la enseñanza. Por tanto, todo principio no general no puede considerarse parte integrante de la Doctrina, sino una simple opinión aislada de la cual el Espiritismo no se responsabiliza.


Es esa concordancia colectiva de opiniones, sometidas a la prueba de la lógica, la que otorga fuerza a la Doctrina Espírita y asegura su vigencia. Para que cambiase, sería necesario que la totalidad de los espíritus mudasen de opinión, es decir, que llegase el día en que negasen lo dicho anteriormente. Ya que la Doctrina emana de la enseñanza de los espíritus, para que desapareciese sería necesario que los espíritus dejasen de existir. Y es por eso que esta Doctrina prevalecerá siempre sobre los demás sistemas personales, que no poseen, como ella, raíces por doquier. El Libro de los Espíritus ha consolidado su prestigio porque es la expresión de un pensamiento colectivo y general.”

Firmado por Allan Kardec.






El Libro de Génesis, escrito por Allan Kardec nos indica lo siguiente tambien:


Ítem #40. El Espiritísmo presenta, como ha sido demostrado (cap. I, n.º 30), todos los caracteres del Consolador prometido por Jesús. No es, en absoluto, una doctrina individual, una concepción humana; nadie puede decirse su creador (Pues sus creadores fueron los Espíritus). Es el fruto de la enseñanza colectiva de los espíritus presididos por el Espíritu de Verdad. No suprime nada del Evangelio: lo completa y aclara. Con la ayuda de las nuevas leyes que revela, en unión con las de la ciencia, hace comprender lo que era ininteligible y admitir la posibilidad de aquello que la incredulidad tenía inadmisible. Hubo precursores y profetas que presintieron su llegada. Por su poder moralizador, prepara el reino del bien sobre la Tierra.


La doctrina de Moisés, incompleta, terminó circunscrita al pueblo judío; la de Jesús, más completa, se extendió a toda la Tierra mediante el cristianismo, pero no convirtió a todos; el Espiritismo, más completo aún, con raíces en todas las creencias, convertirá a la Humanidad.1


1. Todas las doctrinas filosóficas y religiosas llevan el nombre de la individualidad fundadora, por lo que se dice: el Mosaísmo, el Cristianismo, el Mahometismo, el Budismo, el Cartesianismo, el Furierismo, el Sansimonismo, etc. La palabra Espiritismo, por el contrario, no involucra a ninguna persona en especial; pero sí define a una idea general que indica, al mismo tiempo, el carácter y la fuente múltiple de la Doctrina. [N. de A. Kardec.]






Claramente Allan Kardec y El Espíritu de verdad que dictó los Libros Codificados que el Espiritísmo, más completo aún, es con raíces en TODAS LAS CREENCIAS y la fuente múltiple de la doctrina, refiriéndose a que con Moisés la Doctrina fue incompleta y la de Jesús se extendió mediante el Cristianismo, pero no convirtió a todos, por lo tanto es hoy que el Espiritísmo ha de ser de todos, todas las doctrinas religiosas, "Mosaísmo, Cristianismo, Mahometismo, el Budismo, el Cartesianismo, el Furierismo, el Sansimonismo, y yo ando los Musulmanes, los Hinduistas, los Ateos, los Laicos, los de Joaquín Trincado, los Santeros, Umbanda, en fin a "TODOS", es más incluyo, hasta los extraterrestres, Todos adelantaran sus Espíritus mediante las enseñanzas del Espiritísmo.



En el libro de Obras Póstumas, Allan Kardec, luego de haber dedicado 13 años a la Codificación Espírita, y haber codificado y publicado los 5 Libros Básicos, dijo lo siguiente refiriéndose al Espiritismo:



EL ESPIRITÍSMO NO ES UNA RELIGIÓN Constituida…



El espiritismo es una doctrina filosófica que tiene consecuencias religiosas como toda filosofía espiritualista y por esto mismo toca forzosamente las bases fundamentales de todas las religiones: Dios, el alma y la vida futura; pero no es una religión constituida, dado que no tiene culto, rito ni templo, y que entre sus adeptos ninguno ha tomado ni recibido titulo de sacerdote o sumo sacerdote. Estas calificaciones son pura invención de la crítica.


Obras Póstumas – Allan Kardec







TODOS SOMOS MÉDIUMS





Libro de Los Mediums - Sobre los Médiums - X




Todos los hombres son médiums, todos tienen un Espíritu que los orienta hacia el bien, en caso de que sepan escucharlo. Ahora bien, poco importa que algunos se comuniquen directamente con él a través de una mediumnidad especial, y que otros sólo lo escuchen a través de la voz del corazón y de la inteligencia, pues no deja de ser su Espíritu familiar quien los aconseja. Llamadlo espíritu, razón o inteligencia: en todos los casos es una voz que responde a vuestra alma y os dicta buenas palabras. Sin embargo, no siempre las comprendéis. No todos saben proceder de acuerdo con los consejos de la razón, no de esa razón que se arrastra y repta más de lo que camina, que se pierde en la maraña de los intereses materiales y groseros, sino de esa razón que eleva al hombre por encima de sí mismo y lo transporta a regiones desconocidas. Esa razón es la llama sagrada que inspira al artista y al poeta, el pensamiento divino que eleva al filósofo, el impulso que arrebata a los individuos y a los pueblos. Razón que el vulgo no puede comprender, pero que eleva al hombre y lo aproxima a Dios más que ninguna otra criatura; entendimiento que sabe conducirlo de lo conocido a lo desconocido, y le hace realizar las cosas más sublimes. Escuchad, pues, esa voz interior, ese genio bueno que os habla sin cesar, y llegaréis progresivamente a oír a vuestro ángel de la guarda, que desde lo alto del cielo os tiende la mano. Repito: la voz íntima que habla al corazón es la de los Espíritus buenos, y desde ese punto de vista todos los hombres son médiums.




Channing






Libro de Los Mediums - Capt. XVII


Amigos míos, permitidme que os dé un consejo, dado que avanzáispor un terreno nuevo, y si seguís la ruta que os indicamos no osextraviaréis. Se os ha dicho una gran verdad, que deseamos recordaros: el espiritismo es sólo una moral, y no debe salirse de los límites de la filosofía, ni más ni menos, salvo que quiera caer en el dominio de la curiosidad.


Dejad de lado las cuestiones científicas, pues la misión de los Espíritus no es resolverlas, ahorrándoos el esfuerzo de las investigaciones.


"Tratad antes de mejoraros, pues de ese modo progresaréis realmente".


San Luis






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