Los Ángeles según la Iglesia, libro del Cielo y el Infierno, Capítulo VIII...
1. —Todas las religiones han tenido ángeles, bajo diversos nombres, ésto es, seres superiores a la humanidad, intermediarios entre Dios y los hombres. El materialismo, negando toda existencia espiritual fuera de la vida orgánica, ha colocado naturalmente a los ángeles entre las ficciones y las alegorías. La creencia en los ángeles forma parte esencial de los dogmas de la Iglesia; hé aquí como los define.
CAPÍTULO VIII.
Los ángeles según la Iglesia —Refutación. —Los Ángeles según el Espiritismo.
Los Ángeles según la iglesia ⛪ ,
1. —Todas las religiones han tenido ángeles, bajo
diversos nombres, ésto es, seres superiores a la humanidad, intermediarios entre Dios y los hombres. El materialismo, negando toda existencia espiritual fuera de
la vida orgánica, ha colocado naturalmente a los ángeles entre las ficciones y las alegorías. La creencia en
los ángeles forma parte esencial de los dogmas de la
Iglesia; hé aquí como los define. (1)
2. —«Nosotros creemos firmemente, dice un Concilio general y ecuménico, (2) que no hay más que un sólo Dios verdadero, eterno e infinito, el cuál al principio del tiempo, formó toda criatura de la nada, la espiritual y la corporal, la angélica y la mundana, y en seguida formó, como medio entre las dos, la naturaleza humana, compuesta de cuerpo y de espíritu.
(1) Tomamos éste resumen de la pastoral de Monseñor Gousset, cardenal arzobispo de Reims, para la cuaresma de 1864. Se la puede pues, considerar así como la referente a los demonios, procedente del mismo origen y citada en el capítulo siguiente, como la última expresión del dogma de la Iglesia sobre éste punto.
(2) Concilio de Letran.
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Tal es, segun la fé, el plan divino en la obra de la creación; plan majestuoso y completo, como convenía a la sabiduría eterna. Así concebido, presenta el ser a nuestros pensamientos en todos los grados y en todas las condiciones. En la esfera más elevada, aparecen la existencia y la vida puramente espiritual, en la más baja, la puramente material; y en el medio, separándolas, una maravillosa unión de las dos sustancias, una vida común a la vez al espíritu inteligente y al cuerpo orgánico.
Nuestra alma es de una naturaleza símple e indivisible; pero es limitada en sus facultades. La idea que tenemois de la Perfección, nos hace comprender que puede haber otros seres simples como ella y superiores por sus cualidades y privilegios. Ella es grande y noble; pero está asociada a la materia, servida por frágiles órganos, limitada en su acción y en su ponencia. ¿Por qué no ha de haber otras naturalezas más nobles aún, libres de ésta esclavitud y de éstas trabas, dotadas de una fuerza más grande y de una actividad incomparable? ¿Antes que Dios colocara al hombre en la tierra para conocerle, amarle y servirle, ¿no pudo llamar a otras criaturas para componer su córte celeste, y para adorarle en la morada de su gloria? Dios, en fin, recibe de las manos del hombre el tributo de honor y el homenage de éste universo. ¿es extraño que reciba de las manos del ángel el incienso y la Oración del hombre? Sí pues los ángeles no existiesen, la grande obra del Creador no tendría el coronamiento y la perfección de que era susceptible; éste mundo que atestigua su omnipotencia, no sería
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la obra maestra de su sabiduría; nuestra misma razón aunque frágil y débil, podría fácilmente concebirle más completo y más acabado.
En cada página de los libros sagrados del antiguo y del nuevo Testamento, se hace mención de éstas sublimes inteligencias, en invocaciones piadosas, o en rasgos históricos. Su intervención aparece manifiestamente en la vida de los patriarcas y de los profetas. Dios se sirve de su ministerio, unas veces para intimar su voluntad, otras para anunciar los acontecimientos futuros; hace de ellas casi siempre los organos de su justicia o de su misericordia. Su presencia se halla mezclada en las diversas circunstancias del nacimiento, de la vida y de la pasión del Salvador; su recuerdo es inseparable del de los grandes hombres y de los hechos más importantes de la antigüedad religiosa. Se encuentra también en el seno del politéismo y bajo las fábulas de la mitología; porque la creencia de que se trata, es tan antigua y tan universal como el mundo; el culto que rendian los paganos a los buenos y a los malos genios, no era más que una falsa aplicación de la verdad, un resto degenerado del dogma primitivo. Las palabras del Santo Concilio de Letran, contienen una distinción fundamental entre los ángeles y los hombres. Ellas nos enseñan que los primeros son puros Espíritus, mientras que los últimos están compuestos de un cuerpo y un alma; ésto es que la naturaleza angélica se sostiene por sí misma, no solamente sin mezcla, sino también sin asociación real posible con la materia, por ligera y sutil que se la
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suponga; mientras que nuestra alma, igualmente espiritual está asociada a un cuerpo de manera que no forma con él más que una sola y misma persona, y tal es esencialmente su destino. Mientras dure ésta unión tan íntima del alma con el cuerpo, éstas dos sustancias tienen una vida común, y ejercen la una sobre la otra una influencia recíproca: el alma no puede librarse enteramente de la condicion imperfecta que de ésto resulta para ella; sus ideas le llegan por los sentidos, por la comparación de los objetos exteriores, y siempre bajo imágenes más o menos aparentes. De ahí se sigue que no puede contemplarse a sí misma, y que no puede representarse a Dios y los ángeles sin suponerles alguna forma visible y palpable. Por ésto los ángeles, para hacerse ver de los santos y de los profetas, han debido recurrir a figuras corporales; pero estas figuras no son más que cuerpos aéreos, o atributos- simbólicos en relación con la misión de que estaban encargados. Su ser y sus movimientos no están localizados y circunscritos en un punto fijo y limitado del espacio. No estando adheridos a ningún cuerpo, no pueden ser detenidos y limitados, cómo lo somos nosotros, por otros cuerpos; no ocupan ningún sitio, y no llenan ningún vacío; pero del mismo modo que nuestra alma está completa, en nuestro cuerpo y en cada una de sus partes, del mismo modo lo están ellos en todos los puntos y en todas las partes del mundo; más rápidos que el pensamiento, pueden en un abrir y cerrar de ojos, estár en todas partes y obrar por sí mismos,
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»sin otros obstáculos a sus intentos que la voluntad de Dios y la resistencia de la libertad humana. Miéntras nosotros estamos reducidos a ver poco a poco, y hasta cierto punto nada más, las cosas que están fuera de nosotros, y las verdades del orden sobrenatural nos aparecen como un enigma y en un espejo, siguiendo la expresión del apóstol, ellos ven sin esfuerzo lo que les conviene saber, y están en relación inmediata con el objeto de su pensamiento. Sus conocimientos no son resultado de la inducción y del raciocinio, sino de esa intuición clara y profunda que abraza todo el género y las especies que derivan de éste, los principios y las con secuencias que de ellos dimanan. La distancia de los tiempos, la diferencia de los lugares, la multiplicación de los objetos no pueden producir ninguna confusión en su espíritu. La esencia divina siendo infinita, es incomprensible; tiene misterios y arcanos que no pueden penetrarse. Los designios particulares de la Providencia les están ocultos; pero les revela el secreto cuándo les encarga, en ciertas circunstancias, anunciarlos a los hombres. Las comunicaciones de Dios con los ángeles , y de los ángeles entre sí, no se hacen como entre nosotros por medio de sonidos articulados y otros signos sensibles. Las puras inteligencias no tienen necesidad de los ojos para ver, ni de los oidos para oir; tampoco tienen el órgano de la voz para manifestar sus pensamientos; éste intermediario habitual de nuestras conversaciones no les es necesario; pero comunican
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sus sentimientos de una manera que les es propia, y enteramente espiritual. Para ser comprendidos les basta quererlo. Dios sólo conoce el número de los ángeles. Éste número, sin duda, no puede ser infinito, y no lo es; pero según los autores sagrados y los santos doctores, es muy considerable y verdaderamente prodigioso. Sí es natural proporcionar el número de habitantes del cielo y del espacio, es mucho más grande que el de los hombres. Puesto que la magestad de los reyes consiste en el esplendor del número de sus subditos, de sus oficiales y de sus servidores, ¿Qué hay más propio, para darnos una idea del Rey de los Reyes, que ésta multitud innumerable de ángeles que pueblan el cielo y la tierra, el mar y los abismos, y la dignidad de los que permanecen sin cesar prosternados o de pié ante su
trono?. Los Padres de la Iglesia y los teólogos enseñan generalmente, que los ángeles están distribuidos en tres grandes jerarquías o principados, y cada jerarquía en tres compañías o coros. Los de la primera y más alta jerarquía, se designan en relación con las funciones que desempeñan en el cielo. Los unos se llaman Serafines. porque están ante Dios abrasados en el fuego de la caridad; otros Querubines, porque son un reflejo luminoso de su sabiduría; y otros Tronos o coros, porque proclaman su grandeza y la hacen resplandecer. Los de la segunda jerarquía reciben sus nombres de las operaciones que se les atribuyen en el gobier
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no general del universo; éstos son: las Bominaciones, que señalan a los ángeles de las órdenes inferiores, sus misiones y sus cargos; los Virtudes, que cumplen los prodigios, reclamados por los grandes intereses de la Iglesia y del género humano; las Potencias, que protejen con su fuerza y su vigilancia las leyes que rigen el mundo físico y moral. Los de la tercera categoría, están encargados de la dirección de las sociedades y de las personas; son: los Principados, que se ocupan de los reinos, provincias y diócesis; los Arcángeles, que trasmiten los mensages de alta importancia; los Ángeles guardianes, que nos acompañan, velando por nuestra
»seguridad, y nuestra santificacion.
Refutación.
3.—El principio general que descuella en esta doc
trina, es que los ángeles son séres puramente espiri
tuales, anteriores y superiores á la humanidad, cria
turas privilegiadas destinadas á la dicha supe
rna y eterna, desde su formacion, adornadas por
su misma naturaleza de todas las virtudes y de todos
los conocimientos, sin haber hecho nada para adqui
rirlos. Están en el primer rango en la obra de la crea
cion; en el último, está la vida puramente material,
y entre las dos la humanidad formada de las almas,
séres espirituales, inferiores á los ángeles, unidos á
cuerpos materiales.
Muchas dificultades capitales surgen de este siste
ma. ¿Cuál es desde luego esa vida puramente mate
rial? ¿Se trata de la materia bruta? Pero la materia
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bruta es inanimada y no tiene vida por sí misma. ¿Se
quiere hablar de las plantas y de los animales? Este
seria entonces un cuarto orden en la creacion, por
que no se puede negar que hay más inteligencia en el
animal que en la planta, y en ésta que en una piedra.
En cuanto al alma humana que es la transicion, está
unida directamente á un cuerpo que sólo es materia
bruta, porque sin alma, no hay vida, como sucede en
un pedazo de tierra.
En esta division falta evidentemente la claridad, y
no concuerda con la observacion ; se parece á la teoría
de los cuatro elementos, destruida por los progresos
de la ciencia. Admitamos sin embargo, estos tres tér
minos: la criatura espiritual, la criatura humana y la
criatura corporal; tal es, se dice, el plan divino, plan
magestuoso y completo, como convenia á la sabiduría
eterna. Observemos, desde luego, que entre estos tres
términos no hay ninguna trabazon necesaria; son tres
creaciones distintas, formadas sucesivamente ; de la
una á la otra hay solucion de continuidad ; miéntras
que en la naturaleza todo se encadena , todo nos de
muestra una admirable ley de unidad, en la cual todos
los elementos, que sólo son trasformaciones unos
de otros, tienen su lazo de union. Esta teoría es ver
dadera , en el sentido de que estos tres términos exis
ten evidentemente; sólo que es incompleta: faltan en
ella los puntos de contacto, como es fácil demostrar.
4. —Estos tres puntos culminantes de la creacion
son, dice la Iglesia, necesarios á la armonía del con
junto; si hay uno solo de ménos, la obra es incompleta,
v LOS ÁNGELES. 123
y no está conforme con la sabiduría eterna. Sin embar
go, uno de los dogmas fundamentales de la religion
dice que la tierra, los animales, las plantas, el sol,
las estrellas, la misma luz, han sido creados y sacados
de la nada, hace seis mil años. Antes de esta época, no
habia pues ni criatura humana, ni criatura corporal;
durante la pasada eternidad , la obra divina era, pues,
imperfecta. La fijacion de la edad del universo en seis
mil años, es un artículo de fé tan capital, como que
hace pocos años que la ciencia era anatematizada,
porque destruia la cronología bíblica, que probabala
alta antigüedad de la tierra y de sus habitantes.
Sin embargo, el concilio deLetran, concilio ecumé
nico que hace ley en materia de ortodoxia, dice:
«Nosotros creemos firmemente que no hay más
que un solo Dios verdadero, eterno é infinito, el cual
al principio del tiempo sacó á la vez de la nada, una
y otra criatura, la espiritual y la corporal.» El prin
cipio del tiempo no puede entenderse sino de la eter
nidad trascurrida, porque el tiempo es infinito como
el espacio; no tiene principio ni fin. Esta expresion:
el principio del tiempo, es una figura que implica
la idea de una anterioridad ilimitada. El concilio de
Letran crée. pues, firmemente que las criaturas es
pirituales y las criaturas corporales han sido forma
das simultáneamente y sacadas juntamente de la
nada en una época indeterminada en lo pasado. ¿Qué
viene á ser, pues, el texto bíblico que fija esta creacion
en seis mil años de nuestros dias? Admitiendo que sea
este el principio del universo visible, no es segura
mente el del tiempo. ¿A quién hemos de creer, al con
cilio ó á la Biblia?
124 CAPÍTULO VIII.
5.—El mismo concilio formula además una extraña
proposicion: «Nuestra alma, dice, igualmente espiri
tual, está asociada al cuerpo de manera que no for
ma con él, mas que una sola y misma persona, y tal
es esencialmente .su destino. » Si el destino esencial
del alma es el estar unida al cuerpo, esta union cons
tituye su estado normal, es su objeto, su fin, pues
que tal es su destino. Sin embargo, el alma es inmor
tal y el cuerpo es mortal, su union con el cuerpo no
tiene lugar más que una sola vez, segun la Iglesia, y
aunque tal union fuese de un siglo, ¿qué seria esto
en comparacion de la eternidad? Pero para un gran
número, es apenas de algunas horas; ¿de qué utilidad
puede ser para el alma, esta union efímera? Cuando
en la eternidad, su más larga duracion es un tiempo
imperceptible ¿será exacto decir que su destino es el
estar esencialmente ligada al cuerpo? Esta union
no es an realidad más que un incidente, un punto en
la vida del alma, y no su estado esencial.
Si el destino esencial del alma es estar unida á un
cuerpo material; si, por su naturaleza y segun el ob
jeto providencial de su creacion, esta union es necesa
ria á las manifestaciones de sus facultades, es preciso
concluir que sin el cuerpo, el alma humana es un
ser incompleto; pero, para quedar como es, por su
destino, despues de haber dejado un cuerpo, es nece
sario que vuelva á tomar otro, lo que nos conduce á la
pluralidad forzosa de las existencias, ó dicho de otra
manera: a la reencarnacion perpétua. Es verdadera
mente extraño que un concilio que se tiene como una
de las lumbreras de la Iglesia, haya confundido hasta
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éste punto el ser espiritual y el ser material, que no
pueden de ningun modo existir el uno sin el otro,
pues que la condicion esencial de su creación es el estar unidos.
6. E1 cuadro jerárquico de los Ángeles nos enseña
que muchas categorías tienen, en sus atribuciones, el
gobierno del mundo físico y de la humanidad, y que
fueron creadas con éste fin. Pero, según el Génesis,
el mundo físico y la humanidad sólo hace séis mil años
que existen; ¿qué hacian, pues, estos ángeles ántes
de ése tiempo, durante la eternidad, puesto que el ob- -jeto de sus ocupaciones no existia? ¿Los ángeles fueron creados de toda eternidad? Así debe ser, puesto
que sirven para la glorificacion del Altísimo. Sí Dios
los hubiera creado en una época determinada cualquiera, hasta entonces, ésto es, durante una eternidad
no hubiera tenido quién le adorase.
7. —Se dice más arriba: Mientras dura ésta union
tan íntima del alma con el cuerpo; ¿puede llegar un
momento en que ésta unión no exista? Ésta proposicion contradice a la que hace de ésta unión el destino
esencial del alma.
Se ha dicho tambien: «Las ideas le llegan por los
sentidos, por la comparación de los objetos exteriores. Ésta es una doctrina filosófica en parte verdadera,
pero no en el sentido absoluto. Es, según el eminente
teólogo, una condición inherente a la naturaleza del
alma, el no recibir las ideas sino por los sentidos; la vida las ideas innatas, las facultades a veces tan tras
126 capítulo XII.
cendentales, la intuición de las cosas que el niño trae
al nacer y que no debe a ninguna instrucción. ¿Por
qué sentido ésos jóvenes pastores, calculadores naturales que han admirado a los sabios, han adquirido las
ideas necesarias para la solución, casi instantánea, de
los problemas más complicados? Se puede decir otro
tanto de ciertos músicos, pintores y lingüistas pre
coces.
«Los conocimientos de los ángeles no son resul
tado de la induccion y del raciocinio;» saben, porque
son ángeles, sin tener necesidad de aprender; Dios los
ha creado tales: el alma, al contrario, debe aprender.
Si el alma no recibe las ideas sino por los "órganos
corporales ¿cuales son las que puede tener el alma del
niño muerto al cabo de algunos dias, admitiendo con
la Iglesia que no renazca?
8. —Aquí se presenta una cuestion vital: ¿El alma
adquiere ideas y conocimientos despues de la muerte
del cuerpo? Sí una vez separada del cuerpo, no puede
adquirir nada, la del niño, la del salvaje, la del imbécil, la del idiota, la del ignorante, permanecerá
siempre lo que era a la hora de la muerte; está destinada a una perpetua nulidad.
Sí adquiere nuevos conocimientos después de la vida
actual, puede progresar. Sin el progreso ulterior
del alma, iremos a parar a consecuencias absurdas; con el progreso, llegaremos a la negación de
todos los dogmas fundados en su estado estaciona
rio: la suerte irrevocable, las penas eternas, etc. Sí
progresa, ¿dónde se detiene el progreso? No hay nin
LOS ÁNGELES. 127
guna razón para que no alcance el grado de los ángeles o Puros Espíritus. Sí puede llegar a él, no había
ninguna necesidad de crear séres especiales y privilegiados, exentos de todo trabajo, y gozando de la dicha
eterna, sin haber hecho nada para conquistarla, mientras que otros séres menos favorecidos no obtienen la
suprema felicidad, sino al precio de largos y crueles
sufrimientos y de las más rudas pruebas. Dios lo puede hacer, sin duda, pero sí se admite lo infinito de sus
perfecciones, sin las cuáles no hay Dios, es preciso admitir tambien que no hace nada inútil, ni nada que des
mienta la soberana justicia y la soberana bondad.
9.—Puesto que la majestad de los reyes toma su
esplendor del número de sus súbditos, de sus oficiales
y de sus servidores, ¿qué hay más propio para darnos
una idea de la magestad del Rey de los Reyes que ésta
multitud innumerable de los Ángeles, que pueblan el
cielo y la tierra, el mar y los abismos, y la dignidad de los que permanecen sin cesar prosternados de pie ante su trono? ¿No es rebajar la divinidad, asimilar su gloria al
fausto de los soberanos de la tierra? Ésta idea inculca
da en el espíritu de las masas ignorantes, falsea la opinion que se forma de su verdadera grandeza; es reducir siempre a Dios a las mezquinas proporciones de la
humanidad, suponerle la necesidad de tener millones de
adoradores sin cesar prosternados o de pié ante él;
es atribuirle las debilidades de los monarcas déspotas y
orgullosos del Oriente. ¿Qué es lo que hace a los soberanos verdaderamente grandes? ¿El número y explen
CAPÍTULO VII .
dor de sus cortesanos? Nó; es su bondad y su justicia,
es el merecido título de padres de sus subditos. Se nos
pregunta si hay alguna cosa más propia para darnos
una idea de la magestad de Dios, que la multitud de
ángeles que componen su corte. Sí, ciertamente, hay
algo mejor que eso; y es concebirle todas sus criaturas
soberanamente bueno, justo y misericordioso, y nó
como un Dios colérico, celoso, vengativo, inexorable,
exterminador, parcial, creando para su propia gloria
seres privilegiados, favorecidos de todos los dones,
nacidos parala eterna felicidad, mientras que á los
otros les hace pagar cara la dicha castigando un mo
mento de error con una eternidad de suplicios.
10. —El Espiritismo profesa, respecto de la union
del alma y del cuerpo, una doctrina infinitamente más
espiritualista por no decir ménos materialista, que
además tiene la ventaja de estar más conforme con la
observacion y con el destino del alma. Segun lo que
nos enseña, el alma es independiente del cuerpo,
que no es más que una envoltura corporal; su esen
cia es la espiritualidad; su vida normal es la vida
espiritual. El cuerpo es sólo un instrumento para el
ejercicio de sus facultades en sus relaciones con el
mundo material; pero separada de este cuerpo, goza
de sus facultades con más libertad y expansion.
11. —Su union con el cuerpo, necesaria en sus pri
meros desarrollos, no tiene lugar sino en el período
que puede llamarse de su infancia y adolescencia;
cuando alcanza cierto grado de perfeccion y de des
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materializacion , esta union no - es necesaria , y el
alma sólo progresa por la vida del espíritu. Además,
por numerosas que sean las existencias corporales, son
necesariamente limitadas para la vida del cuerpo, y su
suma total no comprende, en todo caso, sino una im
perceptible parte de la vida espiritual, que es indefi
nida.
Los ángeles secan el Espiritismo.
12.—No puede dudarse de que hay seres dotados de
todas las cualidades atribuidas á los ángeles. La reve
lacion espiritista confirma sobre este punto la creen
cia de todos los pueblos; pero además nos hace cono
cer la naturaleza y origen de esos séres.
Las almas ó Espíritus son creados sencillos é ignoran
tes, esto es, sin conocimiento y sin conciencia del bien
y del mal, pero aptos para adquirir todo lo que les falta
y lo adquieren por el trabajo: el fin, que es la per
feccion, es el mismo para todos; llegan á él más ó me
nos pronto en virtud de su libre alvedrio y en razon
de sus esfuerzos; todos tienen los mismos grados que
recorrer; elmismo trabajo que realizar; Dios no señala
una parte, ni mayor ni más fácil á los unos que
álos otros, porque todos son sus hijos, y siendo justo,
no tiene preferencia por ninguno. El les dice: «Hé
aquí la ley que debe ser vuestra regla de conducta;
ella sola puede conduciros al fin; todo lo que está con-
forme'á esta ley es el bien, todo lo que es contrario á
«lia es el mal. Sois libres de observarla ó de infringir
la, y así sereis los árbitros de vuestra propia suerte.»
Dios no ha creado pues el mal; todas sus leyes son
130 CAPÍTULO TIII.
para el bien; el mismo hombre es quien crea el mal,
infringiendo las leyes de Dios; si las observase escru
pulosamente, no se apartaría jamás del buen camino.
13.—Pero el alma, en las primeras fases de su exis
tencia, lo mismo que el niño, tiene falta de expe
riencia; por esto es falible. Dios ñola dá, pero le dálos
medios de adquirirla; cada paso en falso en el camino
del mal, es un atraso; sufre las consecuencias; y apren
de á sus costas lo que debe evitar. Así es como poco
á poco se desenvuelve, se perfecciona y adelanta en la
gerarquía espiritual, hasta que haya llegado al estado
de puro espíritu ó de ángel. Los ángeles, son, pues,
las almas de los hombres que han alcanzado el grado
de perfeccion concedida á la criatura, y gozan de la
plenitud de la felicidad prometida. Antes de haber
conseguido el grado supremo, gozan de una dicha re
lativa á su adelantamiento; pero esta dicha no consis
te en la ociosidad, sino en las funciones que Dios tiene
á bien confiarles, y que se tienen por dichosos en cum
plir, porque sus ocupaciones son un medio de pro
greso. (Véase cap. III. El Cielo.)
-
14.—La humanidad no está limitada á la tierra;
ocupa los innumerables mundos que circulan en el es
pacio; ha ocupado los que han desaparecido, y ocupa
rá los que se formen. Dios ha creado desde la eter
nidad, y crea sin cesar. Mucho tiempo, pues, ántes
que la tierra existiese, por antigua que se la suponga,
hubo en otros mundos Espíritus encarnados que recor
rieron las mismas etapas que nosotros, Espíritus de for
LOS ÁNGELES. 131
macion más reciente, recorremos en este momen
to, y que llegaron al fin , áun ántes de que nos
otros hubiésemos salido de las manos del Criador.
Desde la eternidad ha habido, pues, ángeles ó puros
Espíritus; pero su existencia humanitaria se pierde en
lo infinito del pasado, y es para nosotros como si
siempre hubiesen sido ángeles.
15.—Así se encuentra realizada la grande ley de
unidad de la creacion; Dios no ha estado jamás inac
tivo; siempre ha tenido Espíritus puros experimenta
dos é iluminados, para transmitirles sus órdenes y
para la direccion de todas las partes del universo,
desde el gobierno de los mundos hasta los más ínfimos
detalles. No ha tenido, pues, necesidad de crear séres
privilegiados exentos de cargas; todos, antiguos 6
nuevos, han conquistado sus grados en la lucha y por
su propio mérito ; todos en fin son hijos de sus
obras. Así se cumple igualmente la soberana justicia
de Dios.
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